martes, 3 de junio de 2008

MARTES





NO SÉ DE QUIÉN ES ESTE CUENTO PERO ESTÁ EN MI ORDENADOR..PIDO DISCULPAS AL AUTOR POR NO ACORDARME DE SU NOMBRE.





Se conocieron por Internet. Ella escribió una nota confusa y él respondió con otra igualmente extraña. Se gustaron enseguida y acordaron ir juntos a pasear. Era martes y se besaron.
Al día siguiente volvieron a citarse, esta vez sin la excusa del paseo. Se rieron y besaron. Prometieron verse de nuevo a finales de verano. Reprodujeron aquellos encuentros repetidas veces con pequeñas variaciones. Siempre iban a los mismos lugares, siempre se reían, siempre se besaban y casi siempre era martes.
Ella empezó a fantasear con la idea de atravesar la frontera de los martes. Quería verse con él todos los días de la semana, así que se imaginaba el supuesto de que casi todas las jornadas podían caer en martes, y que como cada martes por la tarde, se encontraría con él. Se daban la mano y paseaban entre risas y besos por los lugares ya conocidos, burlándose de los lunes y de los domingos, a los que daban esquinazo descaradamente una semana sí y otra también. De vez en cuando era Sábado y tenía que conformarse con ver una peli por televisión. Otras mañanas amanecía en Lunes, pero entonces se contentaba pensando que el día siguiente sería su favorito. Afortunadamente, el calendario era generoso en martes y nunca pasaban más de dos días consecutivos sin serlo.
Cuando despertaba de aquellas ensoñaciones, el almanaque le devolvía a la realidad de, por ejemplo, un sábado, un islote de tiempo que avanzaba con desesperanzadora lentitud hacia el Martes, muy lejos todavía de donde estaban ya sus pensamientos. Aquellos días afectivamente devaluados los vivía como una espera impaciente, por lo que a veces probaba fortuna e intentaba disociar la compañía de él de los martes, inventándose una comida o un café que pudieran compartir cualquier día al azar. Sin embargo, aquellas estratagemas suyas siempre fracasaban, pues él se mantenía firme en dosificar sus encuentros como se dosifica una medicina.
Empezaba a pensar que era la chica de los martes, lo cual no se ajustaba de ninguna manera a sus pretensiones, por lo que cada vez estaba más decidida a romper la membrana envolvente del martes de una vez por todas. Un Jueves marcó su número, y cuando oyó descolgarse el auricular, preguntó:
-¿Hoy ya es Martes?
-No, hoy ya es jueves- respondió una voz heladoramente femenina.
-¿Quién eres tú?
-Soy la chica de los jueves.
La chica de los jueves le dijo que él estaba duchándose, pero que la llamaría luego. No llamó luego, así que al día siguiente volvió a telefonear.
-¿Sí?-era la voz de la chica de los jueves, otra vez.
-Hoy no es jueves, ¿cómo tú por ahí?-preguntó irritada la chica de los martes.
-También oficio de chica de los viernes.
-¿Ah, sí? ¿y qué más haces?-preguntó retadoramente.
-Acercarle sus zapatillas-respondió-y él me dá las gracias-añadió, dándose importancia.
Finalmente consiguió hablar con él. La chica de los jueves y los viernes debía ser una tía muy divertida, pues hablando con la chica de los martes no paraba de bostezar. Le dijo que no se montase películas y que luego la llamaba, que estaba muy cansado.
Luego no llamó. Y después tampoco. Para el martes siguiente ya no esperaba noticias suyas, así que se fue al cine y se montó otra película.