martes, 16 de septiembre de 2008

EL OTOÑO SIEMPRE HIERE


No es lo peor que esto suceda así,
sino que pudo suceder de otra manera"
J. Hierro, El libro de las alucinaciones.
Cuando escucho noticias de la bolsa en la radio me acuerdo de mi concepto de "bolsa" de niña. De las bolsas de Macro que tenían dibujadas familias, que a su vez imaginaba portando otras bolsas con familias y así sucesivamente hasta dibujar el mundo entero. No era muy descabellada la idea. Aunque las bolsas del capitalismo y el consumismo brutal comienzan a estar agujereadas.
Quizá no siempre como dice Raúl Guerra, pero sí a menudo el otoño hiere. "Y así, qué más que estarse con los brazos caídos, el corazón amontonado y ese sabor de polvo que fue rosa o camino-" escribía Cortázar, y tantos otros que describen la herida de esta estación.
Caen monederos hacia la nada, los mercados bursátiles ennegrecen los titulares, se pierden las hojas de la esperanza. Nos quedamos todos con esa otra cara, a veces mueca, que busca refugio en la soledad y el silencio, la que se esconde o desea el anonimato. ¿Qué es lo necesario? Y la nostalgia y la incertidumbre toma el mando...
La crisis financiera actual, que ha tenido su epicentro en los EE.UU., se ha expandido mundialmente provocando una crisis de confianza que ha originado una importante inestabilidad. Todo ello se debe a la existencia de negocios especulativos que proveyeron de una inmensa cantidad de beneficios pero que, al mismo tiempo, conllevaban elevados riesgos como era el caso de las hipotecas basura.
No voy a dar ninguna clase de economía, porque tampoco sabría hacerlo. El guión ya se sabe y está escrito en todas partes. Se acabó la época del dinero barato. Los efectos especiales de los banqueros sin escrúpulos y los especuladores han estallado. La sangre de los que viven por encima de sus posibilidades será el edredón del invierno. Mejor gastar sueños que cuentas bancarias adelgazadas por la liposucción de la realidad.
Me refugio estos dias en los últimos coletazos de las terrazas de verano que guardan entre las sillas su filosofía barata de botella y la frivolidad de los que son todavía jóvenes y quizá vean como todo puede cambiar. Tres muchachas, por ejemplo, ayer, haciendo una lista de los hombres con los que se habían acostado. Riéndose a carcajadas, al comprobar que con todos ellos casi podían formar una comunidad autónoma. Sonriendo al porvenir de la incertidumbre, sin ser todavía penetradas por este presente que se dibuja como futuro devastador. Escucho y al tiempo recuerdo a Oscar Wilde: " A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo".
Pues sí, este otoño parece que hiere, veremos como se adjetiva el invierno.