lunes, 15 de septiembre de 2008

INSTRUCCIONES PARA SABER SI UN ANGEL DUERME




Capítulo primero

A las siete de la mañana Cecilia Mickleburgh y su grano de cocaína hirviendo entre sus cejas volvían a casa. Cecilia se había pasado la noche entera sacando la tripa grotescamente para revelarse contra el mundo y contra los ojos de su novio, que no se movían del ombligo tatuado de la pelirroja de vientre plano. Cecilia tiene madre chilena y padre irlandés. Y se cree mucho más inteligente que cualquiera de los siete novios que ha tenido. Cecilia se fue de la fiesta y dejó a su novio con un bonito eslogan ¨ Cara de queso gruyére, no tienes dos dedos de frente.¨
¨ Esta noche voy a cometer un asesinato.¨ Escribió esta frase en un papel de ¨ Vendo buhardilla en el centro ¨ que arrancó de un buzón. En el baño de un after hours Cecilia cambió el asesinato por un suicidio; salió a la calle, esperó que pasase el primer hombre y se lo subió a su casa.

Capítulo segundo

El chico que encontró tenía aspecto de homeless, con barba larga incluida. A la mañana siguiente el homeless corrió al cruce de la Castellana con la plaza de Neptuno y robó para Cecilia unos tulipanes. Se los dejó con una carta a los pies de su cama y un ejemplar de "Los subterráneos" de Kerouac. A los pocos días Cecilia le buscó por las calles, le encontró y le invitó a una lasaña. El homeless, que se comía por separado el relleno de las láminas de pasta, volvió a pasar la noche en su casa. Mientras Cecilia dormía, el homeless rellenó un cuaderno para ella. Lo tituló: Instrucciones para saber si un ángel duerme. Había ocho dibujos de Cecilia durmiendo. La dibujó desde las doce a las ocho de la mañana. Y volvió a irse.
Cecilia volvió a buscarle. Le encontró y le invitó a quedarse unos días con ella. Cecilia movía continuamente los muebles de su casa, se inventaba tareas para no parar quieta. El homeless le quitaba de la mano el spray de limpiar cristales para que no trabajara tanto y le acariciaba la tripa con movimientos circulares hasta que se quedaba dormida.

Capítulo tercero

El homeless llevaba un mes en la casa de Cecilia, era incontrolable pero la quería como un caballero, como los hombres de las películas. El homeless salía de casa y Cecilia siempre pensaba que no volvería. Pero él volvía con historias bonitas para ella. Ponían música y bailaban y hacían crepes con mermelada. Hasta que una camisa blanca lo cambió todo.
Cecilia le compró una camisa blanca muy elegante, y estaba empeñada en que él se la pusiera. Empezaron las peleas: ¨ Si te gustase de verdad harías eso por mí, te pondrías la camisa blanca ¨. El homeless entraba en pánico ante la idea.
Una noche Cecilia se sentó en la taza del váter, se acurrucó en una manta y se puso a llorar. El homeless empezó a silbar. Entró en el baño, se afeitó, se cortó el pelo y se puso la camisa blanca.


Capítulo cuarto

El homeless y Cecilia Mickleburg se casaron después de un año. Él tenía cinco camisas y comía lasaña con toda soltura. Se acabaron los tulipanes. Los Subterráneos, los dibujos de Cecilia durmiendo, las caricias circulares en la tripa. Ahora tenía el aspecto de un caballero, pero la quería como un homeless. Con un amor roto y sin raíces.
Una noche después de ver un documental de lagartijas, Cecilia se puso una chilaba que compró en Marrakech, firmó un documento donde le cedía su casa, y se marchó.

Coloma Fernández Armero.