domingo, 21 de septiembre de 2008

MI PRIMER BOLSO


Tenía trece años y era el primer sábado de mi vida que salía con bolso. Creía firmemente que para ser feliz necesitaba mucha personalidad, unas botas de tacón que hicieran mucho ruido y un bolso hippie. Linea recta a la felicidad.




Iba en el Circular, de vuelta a casa como todos los sábados de mi vida pero de manera diferente. Llevaba un bolso vacio que me hacía sentir mayor. Entonces entraron todos mis amigos del club. Los que sabían que no hacía mucho me limpiaba los mocos a escondidas con la manga del jersey del uniforme, los de las guerras de apolos, los que siempre me decían que mis rodillas estaban llenas de costras y que hacía trampas jugando al baloncesto. Muerta de vergüenza, saqué el poco dinero que llevaba en el bolso y lo tiré al suelo para que no me vieran con él. Cuando me bajé lloré de la pena. Era un bolso bien bonito.




Este fin de semana he sentido esa misma sensación en dos ocasiones. La vergüenza tonta me ha golpeado fuerte. No pasa nada, ha pasado el mismo Circular para recordarme que tengo que recoger un bolso que está repleto con toda mi estupidez.