miércoles, 10 de septiembre de 2008

OTROS LUGARES

Anoche escuché esta noticia en la radio:

Mañana (hoy) comenzará a funcionar el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) o "Máquina de Dios", destinado a desentrañar los enigmas del origen del Universo, es decir, cómo fue que se creó la materia y qué pasó con la antimateria en el momento del Big Bang, hace 13.700 millones de años. El LHC es el mayor acelerador de partículas del mundo y está emplazado en la frontera franco-suiza. Este colosal instrumento, en el que han trabajado unos 5.000 físicos e ingenieros desde hace más de una década, es el mayor proyecto científico de los últimos años.
Hay algunos científicos que no están de acuerdo con este proyecto. Afirman que el acelerador de partículas representa una grave amenaza para la Humanidad. Según estos científicos este experimento podría desencadenar un agujero negro con consecuencias apocalípticas, ya que la Tierra acabaría literalmente engullida por este sumidero cósmico.
Luego llegó la tormenta. El caso es que me fui de sueños por otros mundos. Al Universo creado en los textos de Henri Michaux.

Os dejo un poema y un texto suyo para que cada uno se monte su peli antes de que nos alcance el agujero negro que probablemente será el imaginario de algunos iluminados.

MI PORVENIR
Acabaré de una vez por alcanzar un país de sonrisas.
Una brisa formada de caricias ya me lleva hacia él.
Se me invita, está ahí, me aguardan, se sabe que llego.
Porvenir, puesto que debes, puesto que vas a invadirme,
lleguemos a tiempo, escucha, más de prisa, acércate, atráeme,
porvenir, puesto que debes, puesto que vienes...

EN OTROS MUNDOS: LOS HIVINIZIKIS
Siempre tienen prisa, siempre van por delante de sí mismos, febriles, corriendo de un lado a otro, atareados, perderían hasta sus manos. Es imposible darles una satisfacción algo prolongada.
Entusiastas, impetuosos y "en punta", pero siempre por poco tiempo. Diplomáticos-mariposas, colocan por todas partes jalones que luego olvidan, tienen una policía y un estado mayor con decenas de códigos secretos extremadamente ingeniosos de los que nunca saben cuál hay que aplicar y que cambian y alteran constantemente....
Ni siquiera en la magistratura se ha llegado nunca a posser un estado de ánimo realmente equilibrado.
Si tienen que juzgar a un criminal, el presidente se pone nervioso, "No entiendo, nada, dice, supongamos que yo soy el criminal". Pide un cuchillo, simula el crimen, se agita, sale, vuelve a entrar, huye, se hace detener por los guardis y no es nada raro que el acusado aproveche para poner pies en polvoroso, a veces vestido de presidente.
Porque éste se toma su papel completamente en serio, se quita su toga de magistrado y exclama: "No soy más que un simple criminal", y la policía le muele a palos y se identifican tan bien unos con otros que no se sabe realmente de quién ni de qué se trata; el magistrado, tan celoso de su función, es lapidado por la multitud por ese espantoso crimen que ha confesado y que ha vuelto a cometer imprudentemente. Los testigos, como es lógico, contentos de que la cosa haya quedado tan clara, juran solemnemente que él era el que vieron entrar en la casa del crimen y exigen su ejecución inmediata.
Otras veces el acusado declara: "Señor presidente, casi no he apretado, mire así ". Mientras tanto, ya tiene las manos crispadas en torno al cuello del presidente, que se retira medio muerto e incapaz de pronunciar sentencia. Pero la multitud, enardecida, por ese espectáculo que no ha comprendido, exige que ambos, esos malditos pendencieros, sean encarcelados por varios años. Los abogados que lo han complicado todo, son expulsados y la sala se vacía tormentosasmente.
Mientras escribo me viene a la cabeza Rodríguez Menéndez, también Garzón. Se me instala la tormenta en la cabeza, se aceleran las neuronas. No hacen falta agujeros negros para parecernos demasiado a los Hivinizikis.