domingo, 28 de septiembre de 2008

UNA MUJER VA AL MÉDICO

Me he leído un libro que me ha encantado. No he dormido casi, es que me lo tenía que acabar. Aunque sabes desde el principio que va a suceder. He pensado también más de lo debido. Me he vuelto a amordazar las ganas de saber. La ignorancia es la madre de las ciencias.

El libro se titula “Una mujer va al médico” y es de Ray Kluum. Es una historia verdadera. Es la historia del autor: “Sea lo que sea lo que penséis de mí, ésta es mi historia, un crudo relato sobre el amor”. De una manera desnuda y sin eufemismos habla del cáncer de mama, de las relaciones de pareja, de las monofobías y de la vida de los treintaañeros actuales.

No sé lo que soy, nunca lo he tenido muy claro, pero cierto es que soy una master hipocondrías. En mi mesita siempre duerme a mi lado el termómetro y alguno de mis acompañantes en más de una ocasión me ha gritado: “Cómo te vuelvas a tomar la temperatura te meto el termómetro por el culo”. De momento no ha llegado la sangre al río.

Mi miedo más atroz tiene todas las raíces en la enfermedad Me da igual morirme pero me muero de pena cuando estoy enferma. Si te mueres acaba todo, pero si no te encuentras bien no. La enfermedad es la única maldad del mundo que nos hace dependientes y vulnerables. Prefiero morir joven a eternizarme en dolor en una enfermedad sin remedio. Y ahí toco la eutanasia por todos los lados y siempre a favor. Todos tendríamos que tener la posibilidad de elección ante una muerte digna.

En “El País” hablan hoy de escritores suicidas. David Foster Wallace ha ennegrecido las letras del otoño. Quizá sea debido a que la relevancia de los escritores es más cierta que, por ejemplo, la de los fontaneros. Tendría que investigar sobre el tema pero tampoco me apetece mucho. Ayer también vi un reportaje en el que decían que uno de los porcentajes más altos de suicidios europeos lo tiene Hungría. No sé, a mi los mundos estadísticos me aburren bastante. Y es domingo, está nublado, se ha muerto Paul Newman y estoy oscura y para dentro de cualquiera de mis mundos.

Mi amiga Lola me contó el otro día que en un crucero de esos de amor y lujo Scott Fitgerald le preguntó a una mujer si tenía vida interior. Ella se pensó la pregunta un buen rato y de manera lacónica le contestó: Sí, cuando estuve embarazada.

Y entonces, ¿que hay dentro de vuestro mundo interior?