miércoles, 24 de septiembre de 2008

YO FUI PRESIDENTA


Pensar es un lujo, pero un lujo deseable. Eso iba pensando ayer en el coche cuando iba al dentista y pasé por Carabanchel. Una pintada:
ZAPATERO NO EXISTE, SON LOS PADRES
Durante una época de mi vida trabajé allí, en Carabanchel, en una calle de esas que se van quedando antiguas y se van cociendo marginales y taberneras. Nuestro portal...mejor lo describo:
La señora Isabel era la del quinto, una mujer bastante mayor y que hablaba un poco raro. Comenzaba como una metralleta pero se quedaba enseguida sin cartuchos y dejaba las conversaciones a medio gas. Era además la que limpiaba la escalera. Por las mañanas cuando yo llegaba, allí me la encontraba. Tenía la hija mayor soltera con el pelo más rubio falso que he visto en mi vida. Yo creo que ese pelo producía radiactividad, estoy segura. Era un poco plasta la señora Isabel y muchos días me decía que no me pusiera pantalones tan ajustados que luego me veía su marido y la que tenía que pagar era ella. Movía la fregona al limpiar poco, pero cuando hablaba la cogía como si fuera un micrófono.
En el cuarto estaba Pepita, que tenía un hijo que se llamaba Pepe. Los dos bebían. Más que madre e hijo parecían marido y mujer. Pepita cuando no bebía era absolutamente encantadora, cuando bebía también, lo que pasa es que beoda, me daba mucha pena. Era de esa mujeres que cuando las ves piensas: Qué guapa tuvo que haber sido. Pepe no, Pepe era feo, ya de joven. Un día a mediodia oí gritos, salí y encontré a Pepita espatarrada en la barandilla. Venía de comprar pis y se había meado en el pan. Por mucho que quiera no voy a poder olvidar esa imágen. Hay que contar bien las copas que compras.
Enfrente de Pepita y Pepe vivía el segurator-terminator. Con éste, mi compañero de curro y yo, flipábamos de manera espectacular. Al lado del bloque había un chino y estábamos convencidos de que se compraba allí los galones de plástico. El tipo éste andaba de puntillas, parecía que se había caído de una tarta de primera comunión y tenía una mala hostia increíble. Además cuando discutíamos con él por algo, decía gritando que cuidadito con él, que tenía armas de fuego en su casa. Todos pensábamos que maltrataba a su mujer, una chica que no levantaba nunca la mirada del suelo y que se limitaba a graznar cuando la saludabas.
Angelines era la del tercero. Se había casado con un hombre medio tullido con mirada turbia. La leyenda decía que había sido medio prosti- o prosti entera y que el tullido le había sacado de la barra americana. No sé si sería verdad pero el matrimonio había durado dos hijos y cada uno por su lado. Era muy triste Angelines y muy pintada por todas partes, también muy delgada. Sé que se murió de cancer. No sé por qué, me enteré. También me puso triste. Estoy segura de que nadie fue a su entierro.
Olga y sus niñas en el segundo. Olga era la característica verdulera de pro. Que guerrillera y que gritos pegaba de buena mañana. Yo con Olga me partía de la risa. Se pasó todo el tiempo que trabajé allí leyendo un libro de mujeres Cobra o algo así. Cada vez que me pillaba por banda me contaba todas sus reflexiones de mujeres animalas. Lástima no haberlas apuntado porque eran dignas de resaltar en negrita.

Y en el primero nosotros, los de la oficina, pegando la hebra con todos. Y nada que un día me nombraron presidenta. Y tuve que hacerles hasta un referendum, pero esa es otra historia y ya se me hace tarde...

Y ayer lo pensaba....y que la vida es puro espectáculo....