miércoles, 1 de octubre de 2008

HERMINIA


“Pequeña, le dijo. Hacer el amor es labrar un cuerpo y cosechar las estrellas”
ANGELA BOTERO
A Herminia no se le conocía un escote generoso, ni un bikini, ni por supuesto una ducha comunal en el gimnasio del colegio, después de las tablas de gimnasia o el partido de baloncesto.
A Herminia, sus amigas le decía que debía haber nacido en el siglo XIX, para llevar vestidos con alzacuellos y bañadores hasta los tobillos.
Llamaban “La Sepia” a la Herminia, porque parecía sacada de una de esas viejas fotografías de los álbumes familiares donde aparecen bisabuelos y tatarabuelos en sus años mozos.
A Herminia no se le conocía ni un pretendiente, ni un roce furtivo con un chico, ni una mirada más allá de la siguiente baldosa que pisaba.
-Coño con la Herminia.
Herminia tenía unos padres sencillos, buena gente del campo. Personal de pan con aceite por la mañana, migas al mediodía y hogaza de pan y navaja a la hora de cenar.
A Herminia, su padre le llamaba Limoncito y su madre Hormiguita y le daban las buenas noches con un beso en la frente, única zona a la intemperie cuando se echaba a dormir.
- Joder con la Herminia.
Herminia quería ser ingeniera en genética agroalimentaria y su abuela se santiguaba cuando se lo oía decir. Hasta que Don Jesús, el cura dijo que no era pecado tras consultar con el señor obispo.
A Herminia le encantaba experimentar con un esqueje de manzano con semillas de melón junto a una cueva de grillos y regar y regar para ver si crecía un arbolito. Hacia progresos.
-Cosas de la Herminia.
A Herminia le emocionaba que sus padres le contaran historias de su juventud a la luz del hogar. Una vez al mes, antes de limpiarle el cerumen a la abuela, se vestía de blanco a los pies de padre y madre a escuchar. Podía estar horas y horas embelesada, sobre todo cuando ella era la protagonista: “Tu mi limoncito” decía papá; “tú mi hormiguita” explicaba mamá. Y así hasta el alba una vez al mes, que era el gallo quien la mandaba a la cama con su kikirikiiiii a lo Pavarotti.
-Caramba con el gallo.
El padre de Herminia había sido pastor cuando mozo. Cuando moza la madre de Herminia era campesina. Entre el prado que pastaban las vacas del padre de Herminia y el terruño en el que recolectaba coles la madre de Herminia, había un huerto. Y en el centro del huerto había un limonero y cerca de él un hormiguero. Un día cuando la madre de Herminia le llevaba unas coles al dueño del huerto, coincidieron en el camino, junto al limonero y al hormiguero. Sólo que en horizontal.
- ¡Vaya con el pastor y la campesina!
El dueño del huerto murió el mismo día que nació la Herminia, de un cólico de coles, claro.... ya que desde el primer encuentro, (sólo que en horizontal) el pastor y la campesina no dejaron de verse, junto al limonero que tenía al ladito, ladito...un hormiguero, sin faltar ni un día, que el pastor y la campesina eran muy constantes y mientras las vacas en el prado haciendo tolón, tolón.... pero en vertical, claro está.
- - ¡Las vacas siempre tan tontas!
“Y así vino mi limoncito al mundo” le decía el papá a la Herminia, y su mamá le susurraba “entre coles y vacas, el limonero y el hormiguero”.
- ¡Qué lindo!
A Herminia le había advertido su abuela que no hiciera apuestas, que ella una vez perdió una que le duró nueve meses. Las amigas de Herminia le dijeron que no era capaz de desnudarse en menos de un minuto y ella dijo que se apostaba lo que fuese a que sí.
- ¡Pero que tonta fue!
Todas las chicas rodearon a la Herminia y le dijeron que las apuestas hay que pagarlas. Herminia se resistió tanto que hasta al tonto del pueblo le dio tiempo a pasar por allí. Tenía tanta ropa encima Herminia que parecía una cleptómana en una boutique.
- ¡Anda Jessica! Busca eso de cleptómana y butik
Herminia no se había quedado nunca en sujetador y bragas, ni delante del espejo. El tonto del pueblo no daba crédito a lo que sus ojos veían.... y Herminia tuvo que quitarse el sujetador.
-¡Ohhhhhhhhhhhh!
-¡Ahhhhhhhhhh!
Al tonto del pueblo aquellas cosas le parecieron dos limones. A Herminia también. Es que eran dos limones.
- Eso
Del limonero al hormiguero del huerto que estaba más abajo, había unos cuatro metros que el tonto y la Herminia recorrieron de la mano para llegar allí, pero en horizontal, claro está. El tonto del pueblo se aplicó tanto que más tarde terminaría la carrera de Física aplicada.
- ¡Jolín, Herminia, Jolin!
Herminia les tuvo que decir a papá y mamá que tenía dentro una semillita. Sólo había ido a recolectar coles. El papá de Herminia preguntó que quién había llevado las vacas a pastar. Al limonero del huerto se lo llevó por delante tanto temblor: “Zona sísmica” le dijo la maestra a la Herminia. El esqueje de manzano con las semillas de melón ya se había convertido en un arbolito. Los grillos engulleron a las hormiguitas.
En la boda más sonada de aquel año todos comieron de postre manzanas con un dulce sabor a melón mientras el tonto del pueblo sacaba a bailar a la Herminia y un denso olor a limón se introducía de manera misteriosa entre los invitados, al mismo tiempo que las hormiguitas descubrían las sobras de pan, aceite y chacina.
- ¡Que color el de la Herminia!
- ¡Qué espabilaooo el tonto del pueblo!
FUE NIÑO