martes, 21 de octubre de 2008

MIS MUJERES PREFERIDAS I- CONSUELO SUNCÍN


CONSUELO SUNCÍN (SAINT EXUPERY)- LA MEMORIA DE UNA ROSA


Las lecciones de este poema en prosa son fáciles de resumir: “Lo esencial es invisible a los ojos”, dice el Principito. Y también: “Sólo los niños saben lo que buscan”.

Consuelo Suncín, hija de un país de volcanes (el planeta del Principito tiene dos) no sólo fue retratada en esta obra. Fue, también, la musa inspiradora de Saint-Exupéry: “Es la rosa, seguro, con su coquetería, su vanidad...sus espinas, su tos "(ella era asmática). Pero también es el alma del libro.



Saint Exúpery afirmó: ‘"viví sin nadie con quien hablar verdaderamente hasta la aparición de este pequeño ser misterioso que me pidió que le dibujara un cordero’”. Pero hay una clave que es, quizás, la más compleja. El zorro se lo hace ver y repetir al Principito: “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...”

La rosa no es un personaje fácil. Es bella, pero se cree única, sin saber que hay cientos y miles de flores como ella. “No es muy modesta”, descubre el Principito. Sufre por “su vanidad un poco recelosa”. Al poco tiempo, “a pesar de su buena disposición para amarla... había comenzado a sospechar de ella... ‘No debería haberla escuchado’”, reconoce. Huye entonces de su lado. Inicia su gran periplo por el universo y termina por darse cuenta de la verdad: “No supe comprender nada... ¡Nunca debí huir! ...Yo era demasiado joven para saber amarla”.

Ya no es el personaje imaginario el que habla. Es el propio Saint-Exupéry. Y no se refiere a una rosa cualquiera sino a la salvadoreña Consuelo Suncín, su esposa, quien esperará inútilmente su regreso de la guerra en 1944.


Para “Tonio”, como ella lo llamaba, la relación no fue fácil. Para ella, un infierno luminoso y axfisiante. El suyo fue un romance apasionado, iniciado en Buenos Aires, espoleado por la adrenalina de un vuelo loco sobre la ciudad y el Río de la Plata. En aquél vuelo sucedió lo siguiente:
-Deme un beso, dice el piloto.
-Está loco. En mi país, sólo se besa a la gente que uno quiere.
-Yo sé por qué no quiere usted besarme: soy demasiado feo. Silencio.
-Entonces, si no quiere besarme, voy a clavarme en el Río de la Plata y nos ahogaremos todos.
Lo miré antes de contestar. Vi dos lagrimas en sus ojos brillantes.Entonces, precipitadamente, entre atemorizada y conmovida, deposité un beso tímido en la mejilla de mi piloto. Y añadí suavemente: usted no es feo.
Lo que les costaba era convivir en tierra firme. Es el desesperado mensaje que surge del libro, escrito en un momento de reencuentro. Cuando el Principito les habla a las rosas, comparándolas con la suya, está en realidad pidiéndole a Consuelo que lo entienda:

-“Ustedes son bellas, pero están vacías... Nadie querría morir por ustedes. Por supuesto que cualquiera al pasar podría creer que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes juntas.... Porque es mi rosa”.

Aunque toda su vida afirmó que prefería a las mujeres altas y rubias, Saint-Exupéry se fascinó por esta mujer-colibrí que lo miraba como a un gigante que tuviera la cabeza en las nubes y, rara vez, los pies en la tierra. La sentó a su lado en la cabina del piloto para regalarle la noche oscura del mar a cambio de un beso eterno y complicado.

De Consuelo, Saint Exúpery afirmó: "Una conversación sobre ella, no acabaría nunca"