lunes, 27 de octubre de 2008

SUEÑO



La iglesia es extraña. Los invitados me repugnan. Detesto las bodas. Llego al centro del templo. Los bancos chirrían contra el suelo. Un círculo se cierra. Estoy rodeada de madera que gime. La mujer grita. No le puedo ver la cara. Grita. Los clavos de Cristo hay que meterlos en aguarrás. Lo grita de nuevo. No hay novios. El cura pedalea para calentar. Periodistas llegando desde la bóveda. Llegan los novios. Ambos son bizcos. Todos ríen. Mi hermana está junto a mi. Antes no la había visto. Nos miramos. Sabemos que si ves a un bizco hay que tocarse la teta izquierda. Asentimos. Tengo que cortarme el pelo. No recuerdo la última vez que me depilé el bigote. Mi vestido se abre por la espalda. No llevo ropa interior. Cámaras. La tela se rompe.

Pataleo para poder sacar el pie, pero las sábanas están enrolladas y agarro la almohada con más fuerza. Está húmeda por el sudor. Abro un sólo ojo y miro el móvil para descubrir los números que gritan la hora que es. Las sábanas me siguen molestando porque aprietan mi angustia. Me incorporo. Ya sé que día es hoy . Veo el vestido blanco. Recuerdo aquella frase:
- Voy a quedar con un idiota a tomar una copa. Quiero decirle que no me vuelva a llamar nunca más.

Es demasiado tarde...