miércoles, 8 de octubre de 2008

TODA HISTORIA ES SIMPLE Y SE ME OLVIDA

Toda historia es simple y se me olvida.

En aquel entonces todavía cercano; me fui a tomar café, aunque sólo tomé licor. Usted me esperaba como siempre con una historia prendida entre ambos, que servía de contexto y de excusa para no sentirnos tan culpables.

Inglaterra y las colonias americanas adoptaron el calendario Gregoriano el 14 de septiembre de 1752. En esta adaptación de un sistema a otro se perdieron once días que nunca existieron; pero nosotros existimos, me contabas a la vez que me quitabas un mechón rebelde que ocultaba mis ojos siempre alunizados por tu presencia.

El tiempo sumó siete horas y descontó una. La hora de la verdad, que se perdió, rellena de la normal tontería, que dándolo todo, nos daba la risa.. No me sorprendió que no me aburrieras ningún cigarro. Y las carcajadas sin banderas fueron y me encendieron otro, y como bobos, contemplamos como caía en la palabra la ceniza, el beso en la caricia, el silencio en el deseo ardiente. Y entonces, ya no pensé en todo lo que podría alcanzar y no alcanzo, en todo lo que podría entender y no entiendo, en todo lo que podría ser y no soy.

Y me dio por reír. Algunos dicen que me río demasiado. ¿Pero quién no reiría cuando se vive como se quiere y no como se puede?

Lo que cuesta mantenerse con los pies sobre la tierra y el cielo sobre la frente, y si hablamos de un nosotros lejano y siempre imposible, ni te cuento. Sin embargo quizá fue cierto, sonreímos antes de dormir, sin importarnos a que hora nos levantaríamos mañana.

Quizá nada de aquello ocurrió. Y aquel fin de semana como otros tantos, imposibilitada por la pesadez de mi tristeza, solamente anduve desordenada, tomándome un café solitario, que acompañaba mis horas vacías y me transportaba a los once días que nunca existieron, y que al igual que yo, no tenían hueco en su realidad familiar.

Aunque toda historia es simple y se me olvida.