miércoles, 15 de octubre de 2008

TRILCE DE LA LATINA







Mañana cumplo cien entradas, en éste, mi lugar. Hoy cumpliré un sueño.



Os dejo un bonito regalo de alguién que me inventó a través de mis cuentos. Hoy estoy tan contenta que tengo que descansar.




Gracias siempre Itodei. Gracias a todos los que me vienen a visitar. Un beso tan grande como mis sueños.




En los últimos retazos del invierno, pertrechada tan solo con un canasto de mimbre, recorre las calles de La Latina al encuentro de las primeras notas que sazonarán exquisitas coreografías literarias. Bailoteos armónicos entre verbos, sujetos y predicados. Brotes tiernos, algunos de ellos amargos, que nos trasladan a diferentes decorados. Taxis, ascensores, alcobas, camerinos… cualquier escenario es perfecto para plantarse hábil de prosa y ligera de pluma.

En recónditos jardines urbanos encuentra refugio y en las terrazas de media tarde, el escaparate perfecto para regar sus relatos. Caleidoscopios con trocitos de fabulas, relatos y cuentos que giran repiqueteando cuando avanza el argumento. Su especialidad son los bocados de realidad. A sus lectores sirve una mesa de excelentes adjetivos, variada en palabras, puntual en metáforas y salpimentada en tiempos verbales.

TRILCE. Como el poema de César Vallejo. Triste y dulce en partes desiguales. Cocktail embriagador que a nadie deja indiferente. Deliciosa como la nata que abraza las fresas. Tristona… no lo creo. Quizás contigua a los acordes de un acordeón parisino entonando el vals de Amelie. En algunos eventos de postín, se hace llamar Reinalia Ninguna. En los hoteles se registra como Alma Tarimba. Diferentes matices de una niña que se viste traviesa. Onomatopeyas que imitan el sonido descarado de sus protagonistas.

Capaz de mordisquear nuestra curiosidad, al abordar personajes, cuida las distancias. De cualquier narración saca una templada serie de naturales. Con habilidad se balancea desde desenlaces evidentes hasta finales sorprendentes, chirriantes e incluso estridentes. Como el fresco sabor de una manzana cortada directamente del manzanal, su lectura es firme, jugosa y crujiente. Redacción primaveral, caricia para los oídos.

En ocasiones nos brinda la oportunidad de adentrarnos en su alcoba. Su almohada registra los sueños que cada fin de fiesta cabalgan por su habitación. Cine de sábanas blancas para adultos. Malabarista de las palabras con patente de corso para peinar diferentes cubiertas. Relatos sin dueño hacen cabriolas buscando llamar su atención. Descosidos intentos de ser adoptados por un estilo que encandila. Abierta la jaula, todos anhelan reposar en su cuaderno de notas.

Aprovechando la complicidad de las noches sin luna, discreta, se infiltra de blanco y negro entre mujeres largas de piernas altas. Ataviada con medias de lycra y tacones de aguja para hilar fino sin perder puntada. Yo siempre pensé que sería como las chicas de sus fotos. Sólo me equivoqué en el color...