jueves, 13 de noviembre de 2008

COMO EN TODOS LOS CUENTOS

Como en todos los cuentos era bello y prohibido, lo que hacía más deseable el hueso de su cadera, el arco de su pecho, sus gestos reservados, su forma traviesa de mirar, su miedo con silencios...porque como en todos los cuentos sabía jugar con maestría a las palabras.

Pasivo, inasible, como los antihéroes de todos los cuentos. Me tenía bajo una angustia risueña, en la penumbra de un deseo largamente incumplido y soñado.

Sabiéndome perdida descubrí que no habría precio, ni botín, ni tesoro: la victoria habría de ser su piel o nuestra vida. Bajo un cielo de neón y de luna muerta descubrimos nuestras armas. La retaguardia quedó olvidada.

Apostados en un rincón canalla, tras la espesura del último garito dispusimos el cerco tras la batalla, descubriendo que bien valía conquistar una caricia después de tanta guerra.

Era hermosa la noche. Consintieron los dioses que el combate se inclinara hacia mi estrella. Cuerpo a cuerpo, feroces, desnudos y silentes demoramos la huida.

Cuando se despedían erguidos los deseos, coloqué el último beso de un adiós abierto. Al contrario que en todos los cuentos no se deshizo el hechizo.