jueves, 20 de noviembre de 2008

LA NIÑA CLAVEL


Había una vez una niña Clavel. A ratos perdidos pretendía hacerse mayor. Los de su edad hacía tiempo que lo eran. Una mañana quiso poner su vida patas arriba. Lo dejó todo, es decir, sacó de su armario la ropa de invierno y la de verano. Al tiempo se inventó otra personalidad sin aplicarse ninguna crema hidratante. Tan sólo quería hacer las cosas bien. No volvería a meter el enchufe en el agujero equivocado. Acumulaba demasiado cortocircuito.
Le encantaba salir por la noche. Bebía bourbon de un solo trago sin taparse la nariz y fumaba a la misma velocidad que parpadeaba. A veces cantaba. Le dejaban cantar en un bar con poca luz y mucho humo. Es cierto que cantaba. Tenía voz de tumba abierta y elegía canciones bien tristes de las que nunca se sabía el final; le ayudaban a terminarlas los músicos. Uno de ellos siempre la quería besar. Afuera llovía. Mientras, removía recuerdos mal apagados.
Desde pequeña la niña Clavel no sabía por qué cosas debía enfadarse. La mayoría de las historias eran siempre tan relativas. Era tiempo de creer en las matemáticas. A veces poco suma más. Las matemáticas siempre daban la razón, al contrario que los recuerdos y la vida...