jueves, 11 de diciembre de 2008

CAMBIO DE REGISTRO

Ilustración: Carmen Montero


Caperucita y Cenicienta se dirigen, como todos los jueves que libran, al Café del Cuento de la calle Anacrónicos. Allí están los de siempre. La anulación del factor sorpresa, hace que nadie se fije en nadie. Se sientan en una mesa tan vieja como ellas y se disponen a contar su historia de plazo fijo. Total que más da. Se es o no se es. Ya no hay escapatoria.

─ ¿Sabes qué? ─ comenta Caperucita. Me estoy pensando cambiar de registro. Aceptar algo de publicidad: me han ofrecido anunciar un perfume. Además ha llegado a mis oídos que se está fraguando una versión erótica de mi historia. Sería algo así como el lobo, el leñador y yo en actitud comprometida, filmados por mi abuela. Necesito renovarme, ya no puedo más. Si vuelvo a hacer de subnormal saltarina por el bosque, creo que me volveré loca. Ya no tengo ni edad, ni inocencia para seguir con todo esto.

Mientras se lo cuenta a Ceta, mira resignada las mesas del fondo del local. En aquel extremo se encuentran los que hace años se salieron del circuito. Un día quisieron satisfacer sus realidades. La opción de renunciar al destino escrito cuando se les mira no parece muy apetecible. Ahí están los vagabundos de los vagabundos, perdidos entre la realidad y la ficción con sus cuerpos ambulantes sin origen. Una acumulación de desechos incapaces de encontrar hueco en ningún sitio. Almas errantes que un día creyeron en su condición y se escaparon del cuento establecido.
─ Por cierto, me ha llamado Blanca que no viene, dice que tiene mucho sueño después de la última actuación y que se queda durmiendo.

─ No sé de que te quejas ─ escupe Cenicienta, sacándola de sus reflexiones. Lo tuyo no está mal del todo. Si yo te contara. ¿Cuántas veces me he casado? Cientos, miles, millones. A estas alturas del cuento todavía virgen. Mis hermanastras están muertas de la risa. Con la cruz que llevo, ya ni me hacen las perrerías habituales. Bastante tienen con mofarse de mí. Y ¿sabes por qué? El único hombre que tengo permitido en esta vida estúpida que me tocó interpretar es Gay. ¿Qué te parece? Y aún encima, tú hablándome de versiones eróticas. ¿Sabes? Esta vez me voy a liar la manta a la cabeza.

Cenicienta abre el periódico de los días contados y señala un recuadro escrito con tinta invisible: “ PAYASO PIRATA PIRADO CON ANSIAS DE RECORRER MARES SIN OJO TAPADO BUSCA MENTE DISTRAIDA PARA COMPARTIR SONRISAS E IMPREVISTOS”.

─ Ya le he escrito ─ dice seria Ceta. Si me contesta lo dejo todo y me voy con él.

Caperucita no sale de su asombro. En todas sus reuniones juegan a salirse de las letras pero esta vez la mirada de Cenicienta es muy seria. No bromea.

─ Espera un poco mujer ─ ruega Caperucita. Cuando abrimos las grietas de lo escrito tenemos que ser silenciosos para que nadie lo sepa. Ya sabes lo peligroso que es. Los cuentos a veces sorprenden. ¿Quién sabe? ¿Empezamos otra vez nuestra historia desde el principio?