lunes, 22 de diciembre de 2008

LA NIÑA CLAVEL III

Ilustración: Marcos Ruiz(gracias golfo responsable)
La niña Clavel ya nunca se quejaba. Ni siquiera los domingos que eran los días imposibles para doblar tristezas y esquinas. Pasara lo que pasara, siempre podía venir algo peor. No obstante su inmoralidad no se terminaba de desarrollar.
Había conocido a muchos hombres mientras bebía y esperaba su turno para ser moderadamente feliz. Casi todos le contaban historia descatalogadas. Había un hombre guapointerminable que hablaba de sus romances con mujeres del montón. No quería a ninguna, pero todas le valían porque pertenecían a un montón que era el suyo. Eran historias bien feas de amores huecos, mujeres de segunda mano y bisuterias baratas. Intentaba hacer una muesca en los ojos de la niña, pero ella no se daba por aludida, porque sus frases desgastadas tan sólo le parecían atroces. Otro de los asiduos se quejaba de que todas sus amantes acababan enamorándose de él. Entonces él las dejaba porque sus labios se convertían en espacios mínimos que no quería compartir. El del final de la barra llamaba a todas las chicas por el mismo nombre, se había quedado atrapado en una historia sin fin y en innumerables botellas vacías. Mientras les escuchaba, repasaba la letra de la canción para no inventársela de nuevo, Clavel se acordaba de Faulkner y de aquella cita ¿ qué prefieres el dolor o nada? La nada era bastante acogedora.
Sólo escuchaba a Gregorio con ojos volados, era el camarero más viejo que había aparecido nunca en una historia y había visto llover más de lo que se podía soportar. Con el tiempo había surgido entre ellos un alfabeto de encuentros en el que la sinceridad no quedó relegada como virtud sobreestimada.
-¿Tú crees que la vida es justa?- preguntaba la niña Clavel
Él se atusaba su barba blanca y rota y la miraba de manera animal, mientras volvía a rellenar el vaso de bourbon y le decía sin contemplaciones:
- Mi pequeña, !la vida tan sólo es!