jueves, 22 de enero de 2009

¿EL OLOR ES MEJOR QUE EL SABOR?

En todos los rincones del mundo, el café ha inspirado revoluciones, polémicas, amistades, enamoramientos y separaciones... Dicen que, alguna vez, Buenos Aires tuvo un café en cada esquina. la noche se volvía peregrina y eterna de un local a otro. Era una ciudad con tiempo para arreglar el mundo desde sus mesas, con el bolsillo suelto y las esperanzas apretadas. En cada lugar, una taza de café se alargaba interminable, tanto como la nostalgia impregnada por el humo de un cigarrillo...

El café también tiene su intensa historia de amor. Pequeña Mandarina ¿tú has vivido una alguna vez?
- No estamos hablando de mí...
Verás dicen que el descubridor fue Alí un curandero que trabajaba en el mercado de Gondar en algún lugar remoto de África que no recuerdo. Al igual que la vida de mi padre, su vida transcurría sin contratiempos hasta un día en el mercado conoció a la bella princesa Jazmín, hija del temido Negus Neguesti.
Lo que ocurrió se asemeja a todas las novelas tradicionales de amor y aventuras: se encontraron las miradas, -las de Alí y Jazmín,- y brotó de inmediato un profundo y tierno sentimiento, ya sabes, blablabla... Amor sublime, amor eterno. Por supuesto, que el romance duró solo hasta que el malvado rey se enteró. Negus, ordenó atrapar a Alí, y lo deportó al bosque más lejano que encontraron sus tropas. El pobre Alí, abatido, comprendió que, sólo si conseguía un regalo diferente y magnífico, tendría alguna oportunidad de reconquistar a su amada Jazmín.
Trabajó durante tres años, día y noche, sin descansar, buscando tan ansiado tesoro. Para no quedarse dormido, tomaba una infusión que había descubierto casualmente cuando unas bayas de un arbusto cercano cayeron en el agua donde hervía los alimentos.
Cuando Alí estaba a punto de desfallecer, sin haber encontrado el talismán que buscaba, tomando el último trago de su amargo café, brotó de pronto como una luz la gran idea. Hacía muchos meses que tenía ante sus ojos el regalo que buscaba. Alí, llevó su regalo al sultán Negus Neguesti, y este quedó tan satisfecho con el presente, que en recompensa le otorgó la mano de Jazmín.
- ¿Nos tomamos un café que dure una eternidad?