miércoles, 28 de enero de 2009

MAMÁ GALLINA


Cómo no me reía papá me compró un pollito para jugar, aunque el bicho aquél tampoco sabía ser feliz. A veces temblaba y comía poco, como yo. Un día después de merendar y ver los dibujos de la tele le vi muy triste. Me senté en el centro del sofá, dónde se sentaba Julia, y le puse a mi lado. Seguía con mala pinta. No sabía qué hacer. Se me ocurrió meterlo debajo del sofá y ponerme encima, para darle todo mi calor.
Estuve mucho tiempo quietecita para hacerle bien y cambiar su cara de mal cuerpo. Cuando me cansé miré corriendo para ver si estaba mejor. No se movía, ni veía, ni temblaba. Como Julia.