domingo, 18 de enero de 2009

MIS MUJERES PREFERIDAS V: ZELDA FITZGERALD

"Ella nunca se aburría porque no era aburrida"Zelda Fitzgerald
"Piensa en cuanto me quieres. No te voy a pedir que me quieras siempre como ahora, pero si te pido que lo recuerdes. Pase lo que pase siempre quedará en mí algo de lo que soy esta noche"

De Zelda me gustan muchas cosas: fue musa de uno de mis escritores preferidos y con él vivió un catastrófico y hermoso amor fou. Bella, frívola y escritora se bebió la vida de un trago que acabó con final tráfico. Todos los ingredientes para una leyenda en blanco y negro. Los Figzgerald fueron una pareja de personajes de cuento atroz que hizo magia con su explosión creativa en una época de crisis. Representan el mito de la pasión y el desamor, de la literatura que se funde con la vida, simbolizan el éxito y la tragedia, la decadencia y la caída, el alcoholismo y la locura. Hubiera sido increíble encontrármela en alguna barra de mi imaginación en cualquier día negro sin ilusiones y que me enseñara a consumir con su velocidad todo lo que se puede tener: felicidad, éxito y dinero.
Vivieron la gran crisis del siglo XX y su marido la retrató de manera exacta en sus textos: "Ahora tenemos apretado el cinturón una vez más y ponemos la expresión de horror adecuada cuando volvemos la vista hacia nuestra desperdiciada juventud. A veces sin embargo, hay un rumor fantasmal entre los tambores, un susurro asmático en los trombones....y todo eso nos parece rosado y romántico, a nosotros, que entonces éramos jóvenes, porque ya no sentiremos tan intensamente lo que nos rodea nunca más"

"Zelda respondía a la tipología de la niña traviesa que pululaba por la literatura infantil de principios de siglo: una chica atractiva, pero indómita que mostraba todos los indicios de rebeldía ante las convenciones tradicionales del papel femenino" dice Kyra Stromberg.
Pero la definición más increíble de ella fue esta: Zelda era una auténtica hacedora de reyes.
Zelda hizo rey a Fitzgerald y él lo dejó todo escrito:" Mientras bailábamos en la pista, los tres músicos de la orquesta tocaban Cuando te hayas ido de una manera imperfecta y conmovedora, que me parece estar oyendo ahora mismo, como si de cada compás brotara un precioso minuto de aquel tiempo. A mi alrededor se fraguaban sin cesar parejas de organdí y verde oliva. Era una época de juventud y de guerra y nunca hubo tanto amor como entonces".
Se conocieron en el verano de 1918, fue un encuentro digno de las mejores historias que dió paso a un noviazgo complicado. Se casaron en 1920 y en los años que estuvieron juntos se bebieron todo Manhattan y alrededores. De su amor Zelda escribe: "Dicen que la locura nos separó. Es justo lo contrario: nuestra locura nos unía. Es la lucidez la que nos separaba".
"Una de las cosas apasionantes de Zelda es que ninguno de los testimonios que hay sobre ella concuerda, cada uno veía una persona diferente".
Zelda es un personaje muy complejo, que trata de escribir, de bailar, pero que luego rechaza el contrato más importante de su vida. Su conducta parece que le lleva voluntariamente hacia el fracaso. Hay muchos elementos que dan la impresión de que ella no quiso triunfar.
En 1930 Zelda comenzó su largo viaje hacia la locura con su primer ingreso en un psiquiátrico. El resto de su vida se convertiría en una larga sucesión de entradas y salidas. En 1948 un fuego en el psiquiátrico donde estaba encerrada acabó con su vida. Hasta 1975 no sería enterrada junto a su marido que había muerto en 1940 de un ataque al corazón. Su epitafio es el final del Gran Gatsby: "Y así seguiremos adelante, botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado"
DE Zelda FitzgeraldPrimavera/verano de 1931
Clínica Prangins,Nyon (Suiza)
Cariño, ¡Berna es una ciudad curiosísima! Tropezamos con Hansel y Gretel y los niños del bosque estaban justo bajo el gran reloj. Tiene que ser un refugio de todas las cosas perdidas, pintada de esa forma. Las leyendas germánicas pasan por alto los tejados rojos, descascarillados como una lluvia fantástica y los finales de todos los cuentos probablemente estén en las grietas. Subimos a la torre de la catedral entre susurros y allí oculta en el valle, enlosada con azucarillos, la casa de las brujas buenas, y pedí a todas sus imágenes pintadas tres deseos:
Que tengas que quererme
Que me quieras
¡Quiéreme!¿Puedes?
Yo te quiero mucho.
El tren regresó por una bella palabra: Alpin-glun. Las montañas se habían cubierto el cuello de tul rosa como ancianas coquetas que se cubrieran las cicatrices y las arrugas, y el dorado bajaba las lomas de la colina hasta el lago. Cuando llegamos dijeron que habías telefoneado así que telefoneé lo más indiscretamente posible porque no podía soportar no haber oído tu voz, esa preciosa sensación cálida como un masaje emocional.
Ay, amor mío, cómo puedes amar a una chica boba que compra queso y pan trenzado a príncipes encantados en el mercado público y se los come en las calles de una ciudad que se asoma a la vida como un reloj de cuco cuando pulsas la nota de reconocimiento acertada.
Te quiero, amor.