jueves, 15 de enero de 2009

UNA TRAYECTORIA HEROICA



A las cinco te digo que me tengo que ir por primera vez. Cómo casi nunca duermo suelo contar amaneceres mientras me revuelvo entre las sábanas. Dan las seis y me pongo triste. Ya es hora de huir. A las siete me sumerjo en la oscuridad y el calor pegajoso de la estación, lleno de caras malsoñadas y ojeras como sonrisas. En el bar dan las ocho, mientras desayuno un sándwich lleno de un aburrimiento que cruje, entre una multitud que no me ve. Cojo fuerza y cuando apuntan casi las nueve entro en la oficina: cárcel o perrera. Amor, no soy gorrioncillo que busca jaula para compartir espacios mínimos. El buldog mayor me recrimina que ayer salí antes de la hora. He de confesarte que es cierto, sin motivo aparente, hoy jugaré a hacer lo mismo.
A las once pido permiso para ausentarme y me dirijo al banco. Querido mío me tratan como al cuarto mundo. Un pequeño apunte, la paridad entre ilusiones y monedas es nula. A las doce vuelvo y el teléfono no para de sonar con rabia. Hablo de nada poniendo énfasis en todo. Las dos llegan pronto y estoy como con sensación de carrera, esperando que se sucedan con prisa, las tres, las cuatro, las cinco... mientras, delimito las características de una enfermedad que se cura simplemente huyendo lejos de aquí.