lunes, 19 de enero de 2009

UNA VERDAD COMO CUALQUIER OTRA



Entonces ocurre, ciertamente, que sentimos vértigo, pues todos los puntos en que solía descansar nuestra mirada nos los han quitado, no hay ya nada cercano, y todo lo lejano está infinitamente lejano. Quién desde su cuarto, sin preparación apenas ni tránsito, fuera llevado a la cima de una gran montaña debería sentir algo análogo; una inseguridad sin igual, una entrega a lo innominado, le dejaría casi aniquilado. Se imaginaría caer, o haberse arrojado al espacio, o haber saltado en mil pedazos. ¡Qué inauditas mentiras tendría que inventar su cerebro para resolver y explicar a sus sentidos la situación!. Así se alteran todas las distancias y todas las medidas para el que llega estar solo: de esas alteraciones, muchas tienen lugar súbitamente, y, como en ese hombre en la cima de la montaña, surgen luego imaginaciones y extrañas sensaciones que parecen superar todo lo soportable Pero es necesario que también esto lo experimentemos. Debemos aceptar nuestra existencia en toda la medida en que corresponda: todo, aun lo inaudito, debe ser posible en ella. Esto es en el fondo la única valentía que se nos exige: ser valientes para lo más extraño, asombroso e inexplicable que nos pueda ocurrir.

Suyo
Rainer Maria Rilke.