martes, 24 de febrero de 2009

COMO ESA SONRISA QUE NO SABE BAILAR


Pues bien, nos conocimos en uno de esos pastos urbanos entre apretujones y copas vacías, ya sabe, donde se cuecen las mentiras de segunda mano y las vanidades de bisutería. En aquellos momentos aprendimos a buscarnos sin encontrarnos y a citarnos manteniendo el riesgo del azar, nada fuera de los normal, supongo que ya me entiende... asumí que el destino me llevaba a él, sintiendo que la multitud de mis nervios disfrazaba mi inquietud. Poco más, dibujé en las calles el bullicio de mi corazón. Luego desapareció y me encontré con todos mis nervios, mi bullicio desconectado y mi inquietud cargada de bateria.
- Ya ve, fue un inquieto romance. Tan breve que sólo el aire llegó a acariciar, y como siempre anda la primavera revoltosa enredándolo todo. No sé explicar como me siento pero tengo la sonrisa apagada o fuera de cobertura.
- Tome hierba de San Juan por el día para la alteración nerviosa y por las noches antes de acostarse una valeriana y tila. Si le sirve de consuelo la primavera no dura mucho.
- ¡Ah! Por cierto el próximo día que venga al médico no diga que es una urgencia. Con la estación vienen las alergias y tengo la consulta llena con casos más importantes que el suyo. Buenas tardes.
- Pues nada. Adiós.
El doctor Montero del Valle se incorpora para despedirla y da orden a la enfermera de que pare unos minutos la consulta. Abre la ventana y se pone a fumar. Cuando acaba va hacia el estante de los historiales médicos y coge uno que resalta por estar bastante manoseado: Alma Tarimba salud óptima, carece de alergia a los medicamentos, hipocondríaca crónica... Se ríe. En el margen anotado con rasgos imprecisos y a lápiz, pone: MI IDIOTA PREFERIDA. Coge un bolígrafo y anota: CON LOS AÑOS EMPEORA.