Cuando se abandona la lectura de un libro a la mitad, algo le ha ocurrido al libro. O al lector. Quizá a ambos. Cuando se abandona la vida a la mitad, algo le ha ocurrido a la vida. O a su usuario. Quizá a ambos. Durante una temporada fui vendedor de pisos. Lo mejor de aquel trabajo era visitar las casas vacías de cuyas virtudes tenías que convencer luego a tus clientes. Cada vez que introducía la llave en una puerta sentía una excitación semejante a la de abrir un libro. La lectura de una casa, incluso aunque esté amueblada, dura menos que la de una novela (jamás tuve la oportunidad de vender un castillo), aunque a veces más que la de un cuento. Por lo general, seguía el orden de lectura que proponía la disposición arquitectónica. Pero no siempre. En ocasiones caminaba a ciegas hasta el final del pasillo y recorría la casa al revés, como el que comienza una novela por el final. Me detenía mucho en los cuartos de baño, donde no era difícil encontrar restos curiosos de sus antiguos moradores: un peine torturado, un bote vacío de crema de manos, un cepillo de dientes con las púas aplastadas, una pestaña postiza...De repente, un día comencé a dejar algunos pisos a medias. Al llegar al centro del pasillo era alcanzado por un desaliento mortal que me obligaba a dar la vuelta con el mismo gesto de derrota con el que decides abandonar en la página 100 una novela de 200. A veces el problema no era de la casa, ni de la novela, sino mío. La pérdida de interés por un piso que había comenzado a visitar con entusiasmo, o por un libro que había abierto con pasión, me sumía en la confusión. Lo peor, con todo, fue el descubrimiento de que puede ocurrir lo mismo con la vida. Un día, de súbito, ya no quieres abrir más puertas ni leer más capítulos. Y te mueres sin saber si la culpa fue tuya o de la puta vida. O de los dos.
Juan José Millás, en El País.
Qué grande es cuando quiere.
ResponderEliminarMe ha encantado lo de la vida y su “usuario”. Es genial :)
ResponderEliminarHe dejado pocas novelas a medias. La mayoría de las veces porque la olvidé en un avión o en un hotel extranjero y la cosa no me motivó lo suficiente como para volver a comprarla. Pero alguna vez también he sentido ese hastío ante lo previsible y ese vacío ante los personajes. Es desolador, pero, al contrario que con la vida, siempre se puede buscar otra en la estantería de una tienda o una casa amiga.
Me da igual cuando acierta que cuando se equivoca, no puedo de más hallazgos, laberintos en el oído y recursos fáciles como churros. Yo cre que lo único que me interesa de Millás es su hijo, y lugo algún título todo lo demás artista con "prisa".
ResponderEliminarLevántate y escribe tú....
Todas las faltas, con cariño, me las pones tú, que para eso somos amigas.
ResponderEliminarVoy como una moto, se me quema la cena.
"Qué bueno, qué bueno, qué bueno..." pensaba sin saber que era suyo.
ResponderEliminar¿De verdad es suyo?
Millás me fascinó en una época, ahora le tengo algo abandonado. Traenoslo de vez en cuando, sí. Gracias.
BBD.
No todo el mundo tiene el valor de dejar un libro a medias y empezar con el siguiente. Lo mismo pasa con la vida...
ResponderEliminarNunca he leido una casa, por lo menos conscientemente... probaré
Cómo me gusta Millás.
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