martes, 24 de marzo de 2009

JUEVES


Se conocieron por Internet. Ella escribió una carta un tanto farragosa y él respondió con otra absolutamente surrealista. Se gustaron enseguida y acordaron ir juntos al teatro. Era Jueves y se besaron.
Al día siguiente volvieron a citarse, esta vez sin la excusa del teatro. Pasearon, rieron y se besaron. Reprodujeron aquellos encuentros repetidas veces con pequeñas variaciones. Siempre iban a los mismos lugares, siempre se reían, siempre se besaban y casi siempre era Jueves.
Ella empezó a fantasear con la idea de atravesar la frontera de los Jueves. Quería verse con él todos los días de la semana, así que se imaginaba el supuesto de que casi todas las jornadas caían en Jueves. De vez en cuando era Sábado y tenía que conformarse con ver una peli por televisión. Otras mañanas amanecía en Miércoles, pero entonces se contentaba pensando que pronto llegaría su día favorito. Afortunadamente, el calendario era generoso en Jueves y nunca pasaban más de seis días consecutivos sin serlo.
Cuando despertaba de aquellas ensoñaciones, el almanaque le devolvía a la realidad, por ejemplo, un Lunes, un islote de tiempo que avanzaba con desesperanzadora lentitud hacia el Martes, muy lejos todavía de donde estaban ya, sus pensamientos. Aquellos días afectivamente devaluados los vivía con una espera impaciente, por lo que a veces probaba fortuna e intentaba disociar la compañía de él de los Jueves, inventándose una comida o un café que pudieran compartir cualquier día al azar. Sin embargo, aquellas estratagemas suyas siempre fracasaban, pues él se mantenía firme en dosificar sus encuentros como se dosifica una medicina.
Empezaba a pensar que era la chica de los Jueves, lo cual no se ajustaba de ninguna manera a sus pretensiones, por lo que cada vez estaba más decidida a romper la membrana envolvente del Jueves de una vez por todas. Un Viernes marcó su número, y cuando oyó descolgarse el auricular, preguntó:
-¿Hoy ya es Jueves?
-No, hoy ya es Viernes- respondió una voz heladoramente femenina.
-¿Quién eres tú?
-Soy la chica de los Viernes.
La chica de los Viernes le dijo que él estaba duchándose, pero que la llamaría luego. No llamó luego, así que al día siguiente volvió a telefonear.
-¿Sí?-era la voz de la chica de los Viernes, otra vez.
-Hoy no es Viernes, ¿cómo tú por ahí?-preguntó irritada la chica de los Jueves.
-También oficio de chica de los Sábados.
-¿Ah, sí? ¿y qué más haces?-preguntó retadoramente.
-Acercarle sus zapatillas-respondió-y él me dá las gracias y me acaricia la cabeza-añadió, dándose importancia.
Finalmente consiguió hablar con él. La chica de los Viernes y los Sábados debía ser una tía muy divertida, pues hablando con la chica de los Jueves no paraba de bostezar. Le dijo que no se montase películas y que luego la llamaba, que estaba muy cansado.
Luego no llamó. Y después tampoco.
Para el Jueves siguiente ya no esperaba noticias suyas, así que se fue al cine y se montó otra película.