miércoles, 25 de marzo de 2009

OMBLIGO VACIO

A la niña Clavel le gusta ver los escaparates de las agencias de viajes y mirar los precios. Hay mucho donde elegir: Tokio, Islas Mauricio, Brasil, Cuba, Nueva York, Berlin, Roma, nunca ningún mar muerto...
Todos esos destinos están llenos de imágenes, de cuentos y de leyendas. De ficciones. En cambio no se acuerda de ninguna película o historia cuando lee "Oslo" en un cartel pequeño. Se imagina un sitio sin historias ni mentiras, y eso le encanta. Un lugar donde las personas dicen sí cuando quieren decir sí. Acontecimientos a los que no se tenga que conectar la máquina interpretativa y todos los "nada que decir". De derecha a izquierza: edificios, imágenes y recuerdos que no se meten por los ojos. Bares donde sirven copas de campana con martini y aceituna que desborda inusitada inocencia. Sonrisas que sólo nacen en momentos presentes. Estaría bien sacar un billete de ida sin retorno a una habitación de hotel sana y llena de luz donde no existen los estanques de tormentas. En ese lugar seguro que se pesca el peso de las tristezas y las sombras que oscurecen los días por el ombligo. Y entonces ya no sangran las heridas y todo sin anestesia. La ausencia de uno mismo y un sueño sin cesar. Dejarse llevar suena demasiado bien.