jueves, 16 de abril de 2009

ROCE, MORDISCO, BESO (II)

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Tobías me citaba al día siguiente en el bar Lagarto, justo después de trabajar.
No pude dormir. Contaba roces, mordiscos y besos.
La noche siguiente no paré de moverme tras la barra. El señor Antonio, con lo tranquilo que era, a punto estuvo de empotrarme contra la pared para que estuviera quieta. Aquella tarde los Sainetes duraron mucho. Además el jefe se retrasó con los pagos del mes. A los fijos les pagaban con nómina pero a los temporales nos daban un cheque al portador.
A las doce mi angustia llegó a su fin. Con el vestido más bonito y corto que tenía me dirigí al Lagarto. Entré muy nerviosa en el bar, buscándole entre la gente. Allí estaba tan guapo, tan bizquito, tan precioso. Mi cabeza no paraba de repetir: ROCE, MORDISCO, BESO, ROCE, MORDISCO, BESO.
Cuando estuve a su lado me preguntó que si quería beber algo. Una cerveza, dije. Aunque me sienta mal y me produce muchos gases. Me miró y dijo serio que me tenía que pedir un favor. Mientras hablaba me acariciaba el cuello con la mano y me metía los mechones sueltos por detrás de la oreja. Yo me bebía la cerveza demasiado rápido.
Tobías cuando estaba serio bizqueaba más. Y entonces pensé: a lo mejor es tímido y quiere un beso, o pedirme salir, o confesar que soy la chica que más le ha gustado en su vida. Y el cada vez más bizco y yo cada vez más nerviosa. Hasta que una frase resolvió todo. Tan sólo quería que le prestara mi cheque. Necesitaba el dinero porque se había metido en una historia muy rara que no me contaría. Tenía que confiar en él y darle el cheque sin preguntar.
Entonces, me acordé del poeta graffitero y de lo que veía todas las tardes tras la barra: ELIGE TU DESTINO
Le dije que me pidiera otra cerveza mientras me lo pensaba.
La segunda me la bebí mucho más rápido que la primera.
Cuando abrí la boca para decir no, me salió un “Vale. Si” tras un eructo gigante que hizo que el camarero que nos atendía se diera la vuelta…
A los pocos días el graffiti de enfrente del teatro cambió. El poeta graffitero había dibujado a una chica preciosa con unas gafas grandes y alas en la espalda. Al lado AMAR ES SUFRIR.
El imbécil lo podía haber pintado antes.