jueves, 27 de agosto de 2009

JAMÁS TE PREGUNTARÉ SI ME DESEAS (JEAN SEBERG)

La tristeza ¿la provocan los que desean todo o los que son incapaces de desear? Jean Seberg, la americana más francesa del cine, nació en el poco glamorouso estado de Iowa. Otto Preminger fue quien la descubrió. Su primer papel fue Juana de Arco y un año después encarnaría uno de sus papeles más relevantes con el mismo director en Buenos días Tristeza basada en la famosa novela de Françoise Sagan. En un principio el papel iba a ser para Audrey Herpburn. Nunca se sabrá como lo hubiera interpretado, pero Seberg lo encarnó de forma tan convincente que consiguió poner a la crítica de su parte, pasando a ser, con tan sólo dos películas, una actriz reconocida.


La protagonista fue reclamada por Jean-Luc Godard, para interpretar su ópera prima, Al final de la escapada,  junto a Jean Paul Belmondo. Este film también le aportó fama y reconocimiento por parte de la crítica europea. Hizo más pelis pero no voy a hablar de todas. En poco tiempo se convierte en la chica de moda y en un referente para las jovencitas, que imitan su pelo corto a lo garçon, y su forma de vestir. Los hombres sueñan con un nuevo tipo de mujer.

Rica y famosa, se casó con el novelista y diplomático de origen lituano Romain Gary, con quien mantuvo durante diez años una relación de amor y desamor. Era la vieja estampa del intelectual, sabio y maduro, y la joven diosa, la cazadora solitaria en que habría de convertirse pronto. Jean Seberg fue una mujer tempestuosa: vivía en el abismo de la pasión, en el límite de una enajenación inicialmente controlada, y poesía una lunática y poderosa personalidad. Tuvo muchos amantes. Me interesan especialmente dos: Carlos Fuentes y Ricardo Franco.

Por alguna razón en los homenajes a Carlos Fuentes se ha omitido la mención de uno de sus libros. Diana o la cazadora solitaria es el titulo de ese libro, quizás uno de los mas personales. En él, el autor no escatima ni deja nada al aire. Es directo y solo en ocasiones cambia algunos detalles. Lo que ocurrió entre Carlos Fuentes y Jean Seberg tuvo que ser algo muy profundo. De su relación con Jean Seberg se sabia muy poco hasta la publicación del libro:
“Quiero ser franco en este relato y no guardarme nada. Puedo herirme a mí mismo cuanto me guste. No tengo, en cambio, derecho de herir a nadie que no sea yo, a menos, en todo caso, de que primero me entierre yo mismo el puñal, que amorosomante, acabo compartiendo con otra. Señalo, de arranque, los temores que me asaltan. Trato de justiciar sexo con literatura y literatura con sexo.
Pero el escritor --amante o autor-- desaparece. Su relación con Luisa Santiaga--Rita Macedo es clara. Mientras no están juntos, él está con otras mujeres. Tras la decepción con el ligue de turno regresa con su esposa, ¿una victoria inapelable sobre los amores pasajeros?
Con Rita Macedo había conocido el éxito de sus primeros libros. Eran una de las parejas del boom latinoamericano que se reunían en fiestas, junto con García Márquez y Mercedes Barcha, Mario Vargas Llosa y Patricia Llosa. Por su condición de actriz de cine, Rita era la mas glamorosa.
Diana entra en el libro de la siguiente forma:
“La miré. Me miro. Luisa nos miró mirándonos. "
Mi esposa se acerco y me dijo a boca de jarro:
-Creo que debemos irnos.
- Pero si la fiesta aún no empieza-proteste.
-Para mí ya terminó.
-¿Por la explosión? No me pasó nada. Mira. Le mostré mis manos tranquilas.
-Me prometiste esta noche.
-No seas egoísta. Mira quien acaba de entrar. La admiramos mucho.
-No pluralices, por favor.
-Quisiera hablar con ella un rato.
-No regreses demasiado tarde-arqueó la ceja, reflejo casi inevitable, pavloviano, genético, en una actriz mexicana.

Así empieza la historia de amor, que sube y baja por una espiral de confesiones, gestos, sonrisas y sexo.

Fuentes, la describe como una mujer muy activa sexualmente, que aún estando casada, buscaba en las tabernas relaciones con otros hombres, y consumidora habitual de drogas y alcohol. Me gustaría encontrar le descripción que Jean hizo sobre él...

Comprometida con el movimiento hippie y con los derechos humanos se la llegó a a asociar con "Los panteras negras".Su relación con ese grupo la llevó a ser investigada por el FBI para determinar hasta que punto llegaba su compromiso con ellos.Corrió también por aquella época, el rumor de que sehabía quedado embarazada del líder esa organización. Fuera o no cierto, su hijo no llegó a nacer. Las fuertes presiones a las que se vió sometida a causa de la investigación del FBI, y su consumo reiterado de estupefacientes, hicieron que el bebé naciera muerto (en algunas biografías se dice que vivió dos o tres días). Sobre este hecho corren diversas versiones. Una de ella, carga las tintas en la parte trágica de esa frustrada maternidad. Según esa versión, Jean Seberg fotografió más de un centenar de veces el cadáver del bebé, y cada año, desde esa fecha (ocurrió en 1971), intentaba suicidarse sistemáticamente ese mismo día, hasta que por fin lo consiguió en 1979. Fuera esto real o no, si que su inestabilidad emocional parece que la llevó a intentar el suicidio en diversas ocasiones.

Hace un tiempo salió a la luz una relación (no confirmada por ellos en vida) con el desaparecido director Ricardo Franco (que no dirigió El Desencanto) y que parece motivó años después el guión de Lágrimas negras, la que sería su póstuma película, ya que falleció de un infarto, a los 49 años, sin haber llegado a terminarla. Fue para él una experiencia increíble: Jean Seberg, que nunca fue una gran actriz, seguía siendo una criatura irresistible, una leyenda de carácter insondable y aniquilador. Subyugante, sin duda, tierna, díscola, rebelde. Era un doloroso misterio y quizá un naufragio continuo como ser humano. Ni Ricardo Franco ni Carlos Fuentes pudieron olvidarse de ella, ni siquiera Gary que se suicidó en París en 1980, un año después de la muerte en extrañas circunstancias de Seberg:


La locura le estuvo rondando hasta su muerte. Se dice que pasaba por etapas en las que sólo quería alimentarse de comida para perros, o en ocasiones se la veía salir desnuda de baños públicos. Seberg apareció muerta en un Renault el ocho de septiembre de 1979, envuelta en un poncho (una prenda que demuestra de manera eficaz que esta chica no estaba en sus cabales: toda mujer que lleve poncho acaba mal… y empieza peor), con el cuerpo que era un mapamundi de quemaduras de cigarrillos y una nota de suicidio.
Sinceramente me fascina la odiosa e inasible libertad de los ángeles turbios.