viernes, 4 de septiembre de 2009

LA BELLEZA TRISTE DE LAS PALABRAS ROTAS

Siempre me han fascinado los hombres con miradas tristes y consternaciones desconocidas. Quizá por eso me guste tanto Cesare Pavese, su “oficio de vivir” y esa sombra de suicida que escribía y que huía de la gente porque agota. Su obra no tuvo ningún tipo de mudanza y se puede vender con un sólo eslogan: TODO TRISTE.

Se podría catalogar como el hombre más afligido de su época y todo ese sentimiento lo trasladó de manera magistral a su obra, de ficción y ensayística. Paseó su melancolía con la satisfacción de los estúpidos, porque todos los que hablamos de desamor, tan sólo somos eso. ¿Hay algo más fantástico que escribir sobre los fracasos genuinos? Y un trabajar que cansa. Desmenuzó desquiciados amores y un incendio de su vida entera provocado por Constante Dowling su última mujer:
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos esta muerte que nos acompaña desde el alba a la noche, insomne,sorda, como un viejo remordimiento o un absurdo defecto. Tus ojos serán una palabra inútil,un grito callado, un silencio.Así los ves cada mañana cuando sola te inclinas ante el espejo. Oh, amada esperanza,aquel día sabremos, también,que eres la vida y eres la nada.

A los cuarenta y dos años en agosto decidió partir al fin de su vida. Llevaba con él su libro preferido Diálogos con Leucó, Su diario personal, un cuaderno con sus últimos poemas y dieciséis envases de somníferos. Cuando llegó a su destino llamó a algunos amigos por teléfono. Era sábado 26. El día fue pasando, se hizo la tarde, cayó la noche. Hizo tres últimas llamadas telefónicas, se dijo que a tres mujeres. Las invitó a cenar. Nadie aceptó. Ninguna quiso o pudo ir al hotel a verle tampoco. Tomó su diario. Releyó la última entrada, la del 18 de agosto: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más” y escribió sus últimas palabras: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No murmuren demasiado”.

FRASES QUE ME GUSTAN DE PAVESE
Sobre la escritura: “En una época como la nuestra en la cual quien sabe escribir parece que no tenga nada que decir y quien comienza a tener algo que decir aún no sabe escribir, la única posición digna de quien al menos se siente vivo y hombre entre los hombres me parece ésta: enseñar a las masas futuras, que tengan necesidad, una lección de cómo la caótica y cotidiana realidad puede ser transformada por el pensamiento y la fantasía”.


Serás amado el día en que podrás mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de esto para afirmar su fuerza.


Los suicidas son homicidas tímidos.


No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos.


Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada.


No hay venganza más bella que aquella que infringen los otros a tu enemigo. Tiene hasta la virtud de dejarte la parte del generoso.


La dificultad de cometer suicidio está en esto: es un acto de ambición que se puede cometer sólo cuando se haya superado toda ambición.


En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que en la página queda algo de no dicho.


Todos los "afectos más sagrados" no son más que una perezosa costumbre.