jueves, 8 de octubre de 2009

MAN ON WIRE

"A través de los siglos hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos armados tan solo con su propia visión. Sus objetivos eran diferentes, pero todos tenían esto en común: El paso era el primero, el camino nuevo, la visión original, y la respuesta que recibieron: Odio...Pero los hombres de visión original siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron su precio. Pero ganaron." AYN RAND

Mi historia es una historia de hadas, asi comienza Petit el documental MAN ON WIRE. El 7 de agosto de 1974 Philippe Petit caminó sobre un alambre tendido entre las torres del World Trade Center de Nueva York. Constituye la mayor hazaña de funambulismo conocida hasta hoy. Philippe, artista callejero de profesión, tenía 24 años. Su proyecto se remontaba al invierno de 1968, cuando, en París, su ciudad natal, acudió al dentista para poner fin a un tremendo dolor de muelas. En la sala de espera ojeando una revista, se encontró con un artículo sobre el -entonces- proyecto arquitectónico de las Torres Gemelas. Petit se sintió automáticamente fascinado. Arrancó la hoja y se volvió a casa con el mismo dolor de muelas con el que acudió a la consulta y con una idea que le obsesionaría los próximos seis años: tender un alambre entre esas torres y demostrar al mundo entero su destreza como funambulista.



Mientras las enormes moles de acero y cristal eran construidas, nuestro amigo entrenó duro, reunió todo el dinero que pudo con sus actuaciones en la calle, y estudió a conciencia la estructura de los edificios, almacenando toda la información que sobre ellos llegaba a sus manos. El invierno de 1974 tomó un vuelo a Nueva York y durante meses realizó mediciones, tomó innumerables notas, se hizo con el material necesario, y entró ilegalmente en los edificios –aún desocupados- para anotar horarios, rutas de los vigilantes y códigos de acceso. Nadie reparó en él. Nadie lo detuvo. Su actitud sería hoy considerada sin miramientos la de un terrorista, pero la única vida que Philippe Petit quería arriesgar era la suya propia.

Caspar David Friedrich Viajero (1818)


Finalmente, tras pasar toda una noche colocando el cable -que fue lanzado de una a otra azotea con un arco, anclado y atirantado con precisión con la ayuda de varios amigos- Philippe se lanzó al alambre mientras amanecía. Llevaba consigo únicamente una pértiga desmontable, y eran poco más de las siete de la mañana. Manhattan apenas despertaba en su actividad. Ante la mirada atónita de las autoridades policiales, de los vigilantes del edificio, y de cientos y luego miles de viandantes neoyorkinos, Philippe Petit fue feliz sobre la cima del mundo, acariciando las nubes.

Durante 45 minutos el funambulista se paseó sobre el alambre. Primero lentamente, luego más rápido, bailando, dando saltos. No había forma humana de detenerle: le amenazaron con destensar el alambre, con atraparlo desde un helicóptero, pero nadie tuvo valor: su presencia, el vértigo, la alegría y la incontestable belleza de lo que estaba mostrando dejó anodadado a medio mundo a través de los medios de comunicación.
Cuando por fin accedió a bajar fue esposado y detenido, pero todos los cargos que acumuló le fueron retirados. Fue sentenciado a realizar su paseo, a menor altura, en Central Park, para disfrute de un público literalmente rendido a sus pies.
Consiguió su sueño a los 24 años involucrando en él a un grupo de amigos que después de aquella hazaña se disolvió para siempre. “Los americanos todo el tiempo me preguntaron, que por qué lo hice … no hay un porque.” Es bastante claro para el que estaba en su derecho, como reza en su manifiesto: ‘Captura el espacio, llena los vacíos, desafía las anodinas leyes de la sociedad, defínete a partir de tus acciones’.
En el documental me ha encogido la generosidad de dos de las personas que le ayudaron y se involucraron en aquel proyecto que marcó sus vidas para siempre: la novia de Petit afirma que durante el tiempo que estuvo con él, no tuvo vida, simplemente se dejó arrastrar por el funambulista, lo dice con un profundo cariño y con toda ausencia de rencor, de hecho habla de aquellos días con tanta emoción que es difícil pasar por alto su admiración hacia él, de Petit dice: "era tan especial que lograba hacer de cada día una obra de arte.".
Por otro lado, emociona el amigo que disparó el arco para tensar el cable en la otra torre, sufrió de veras en aquellos momentos en los que Petit se consagraba para la eternidad, tenía miedo de que le pudiera pasar algo. Han pasado 35 años de aquello y cuando narra lo sucedido todavía se emociona, se le quiebra la voz y rompe en sollozos.
Después todo se rompió, cumplido el sueño, no quedó ningún nexo de unión. Petit de repente se hizo famoso, cuenta que cuando salió de la cárcel una mujer se abalanzó a sus brazos, quería ser la primera en felicitarle, unas horas más tarde se fue con aquella extraña a un hotel. Sus amigos le estaban esperando, pero a él le pareció más divertida la opción que se le había presentado.



Charles Clyde Ebbets
Lunchtime atop a Skyscraper, Charles C. Ebbets, 1932

Ahora que las torres gemelas ya no existen, la historia parece conceder la razón a Petit. El mismo sugiere, que las torres gemelas del Word Trade Centre fueron construidas para que el caminara entre ellas, no por nada más.






Desde entonces Philippe Petit ha repetido sus paseos sobre el alambre en numerosos lugares por todo el mundo. Su trabajo no es fácil, y nunca le ha resultado rentable. Ha publicado varias obras, entre ellas un Tratado sobre Funambulismo, y un libro (To Reach the Clouds) en el que explica cómo gestó y realizó su paseo entre las Torres Gemelas. Philippe apenas acumula pertenencias (a no ser varias botellas de buen vino francés), y entre sus amistades se cuentan artistas, escritores e intelectuales como Paul Auster o Werner Herzog. Hoy, a sus 56 años, está considerado un artista y un poeta, y sigue acariciando otro proyecto aunque sinceramente yo ya le veo un poco mayor: realizar un paseo sobre el Gran Cañón del Colorado.

"¿Por qué siempre nos enseñan que lo fácil y malvado es hacer lo que queremos y que debemos disciplinarnos para reprimirnos a nosotros mismos? Es la cosa más difícil del mundo: Hacer lo que queremos. Y necesita del más elevado tipo de coraje. Quiero decir, lo que realmente queremos." AYN RAND




Pero ¿Cuál es la atracción del vacío? ¿Por qué fascina el funambulismo?

Un funambulista es algo así como un domador del vacío. Desarrollar el equilibrio adecuado exige disciplina, y su ejercicio puede costar la vida, pero la recompensa es la libertad más absoluta. Es eso lo que fascina del funambulismo. Al igual que la resolución del Laberinto para enfrentar a la Bestia, el juego de significados corredizos de la metáfora que se sostiene sobre el alambre es amplia y es también terriblemente hermosa. Es puro hueso o aire de metáfora. Dicen que mientras Philippe Petit cruzaba de un lado a otro las Torres Gemelas, el cable sobre el que andaba era, debido a la distancia, imperceptible para el público apostado a pie de calle, y así pues parecía estar moviéndose en el vacío. Philippe concedió la visión de lo inusitado, y la noción de que hasta el lugar más inaccesible pertenece a aquel que tiene el valor de conquistarlo.

(La información, y algunos vídeos, en esta dirección)
Man on Wire, un documental sobre el paseo realizado en 2008 por James Marsh
Pd. Gracias Lola por regalármelo