miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL VALOR DE LAS COSAS NO DEPENDE DE SU UTILIDAD





En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.


-Eres bella.


-Lo soy -dijo la rosa.


-Bella y feliz -prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero... -¿Pero? -No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco...


La rosa entonces-tentada como después lo sería la mujer-deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.


Pasó el buen Dios después del alba siguiente.


-Padre -dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil? -Sea, hija mía -contestó el Señor, sonriendo. Y entonces vio el mundo la primera col.
RUBÉN DARÍO
La inutilidad de mis actos a veces crea una energía directamente proporcional al entretenimiento que me produce. Por otro lado jamás probaré la sopa de col.