miércoles, 25 de marzo de 2009

OMBLIGO VACIO

A la niña Clavel le gusta ver los escaparates de las agencias de viajes y mirar los precios. Hay mucho donde elegir: Tokio, Islas Mauricio, Brasil, Cuba, Nueva York, Berlin, Roma, nunca ningún mar muerto...
Todos esos destinos están llenos de imágenes, de cuentos y de leyendas. De ficciones. En cambio no se acuerda de ninguna película o historia cuando lee "Oslo" en un cartel pequeño. Se imagina un sitio sin historias ni mentiras, y eso le encanta. Un lugar donde las personas dicen sí cuando quieren decir sí. Acontecimientos a los que no se tenga que conectar la máquina interpretativa y todos los "nada que decir". De derecha a izquierza: edificios, imágenes y recuerdos que no se meten por los ojos. Bares donde sirven copas de campana con martini y aceituna que desborda inusitada inocencia. Sonrisas que sólo nacen en momentos presentes. Estaría bien sacar un billete de ida sin retorno a una habitación de hotel sana y llena de luz donde no existen los estanques de tormentas. En ese lugar seguro que se pesca el peso de las tristezas y las sombras que oscurecen los días por el ombligo. Y entonces ya no sangran las heridas y todo sin anestesia. La ausencia de uno mismo y un sueño sin cesar. Dejarse llevar suena demasiado bien.

martes, 24 de marzo de 2009

TRILCELADAS



Voy a estarme quietecita


para ver venir lo bueno a mi LUGAR

JUEVES


Se conocieron por Internet. Ella escribió una carta un tanto farragosa y él respondió con otra absolutamente surrealista. Se gustaron enseguida y acordaron ir juntos al teatro. Era Jueves y se besaron.
Al día siguiente volvieron a citarse, esta vez sin la excusa del teatro. Pasearon, rieron y se besaron. Reprodujeron aquellos encuentros repetidas veces con pequeñas variaciones. Siempre iban a los mismos lugares, siempre se reían, siempre se besaban y casi siempre era Jueves.
Ella empezó a fantasear con la idea de atravesar la frontera de los Jueves. Quería verse con él todos los días de la semana, así que se imaginaba el supuesto de que casi todas las jornadas caían en Jueves. De vez en cuando era Sábado y tenía que conformarse con ver una peli por televisión. Otras mañanas amanecía en Miércoles, pero entonces se contentaba pensando que pronto llegaría su día favorito. Afortunadamente, el calendario era generoso en Jueves y nunca pasaban más de seis días consecutivos sin serlo.
Cuando despertaba de aquellas ensoñaciones, el almanaque le devolvía a la realidad, por ejemplo, un Lunes, un islote de tiempo que avanzaba con desesperanzadora lentitud hacia el Martes, muy lejos todavía de donde estaban ya, sus pensamientos. Aquellos días afectivamente devaluados los vivía con una espera impaciente, por lo que a veces probaba fortuna e intentaba disociar la compañía de él de los Jueves, inventándose una comida o un café que pudieran compartir cualquier día al azar. Sin embargo, aquellas estratagemas suyas siempre fracasaban, pues él se mantenía firme en dosificar sus encuentros como se dosifica una medicina.
Empezaba a pensar que era la chica de los Jueves, lo cual no se ajustaba de ninguna manera a sus pretensiones, por lo que cada vez estaba más decidida a romper la membrana envolvente del Jueves de una vez por todas. Un Viernes marcó su número, y cuando oyó descolgarse el auricular, preguntó:
-¿Hoy ya es Jueves?
-No, hoy ya es Viernes- respondió una voz heladoramente femenina.
-¿Quién eres tú?
-Soy la chica de los Viernes.
La chica de los Viernes le dijo que él estaba duchándose, pero que la llamaría luego. No llamó luego, así que al día siguiente volvió a telefonear.
-¿Sí?-era la voz de la chica de los Viernes, otra vez.
-Hoy no es Viernes, ¿cómo tú por ahí?-preguntó irritada la chica de los Jueves.
-También oficio de chica de los Sábados.
-¿Ah, sí? ¿y qué más haces?-preguntó retadoramente.
-Acercarle sus zapatillas-respondió-y él me dá las gracias y me acaricia la cabeza-añadió, dándose importancia.
Finalmente consiguió hablar con él. La chica de los Viernes y los Sábados debía ser una tía muy divertida, pues hablando con la chica de los Jueves no paraba de bostezar. Le dijo que no se montase películas y que luego la llamaba, que estaba muy cansado.
Luego no llamó. Y después tampoco.
Para el Jueves siguiente ya no esperaba noticias suyas, así que se fue al cine y se montó otra película.


lunes, 23 de marzo de 2009

CIRCULO POLAR


Ana: Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta, estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande y eso que he tenido de muchas clases, si, podría contar mi vida uniendo casualidades.
Otto: Es bueno que las vidas tengan varios círculos pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez y no del todo, falta lo más importante.He escrito tantas veces su nombre dentro y aquí, ahora mismo no puedo cerrar nada. Estoy solo.
Los amantes del círculo polar (Julio Medem 1998)



miércoles, 18 de marzo de 2009

MALVA MARINA



Pablo Neruda sólo tuvo una hija. Nació con una hidrocefalia severa y estaba destinada a morir, pero vivió ocho años. Su padre la abandonó a los dos y nunca más la vio. Está enterrada en Holanda, donde murió Maria Antonieta Hagenaar, primera mujer de Neruda y madre de Malva Marina. La triste historia de Malva Marina emerge desde el olvido más absoluto, con documentos y fotografías inéditas. Malva Marina era morena, con una cabeza hiperdesarrollada y de ojos penetrantes, muy similares a los de su padre. ¿Qué podía ella saber de su destino? Un manto de misterio cubrió la vida de esta niña enferma, que no vivió junto a su padre y que su madre, por necesidades económicas, tuvo que dejar en casa de unos cuidadores. Una afectuosa familia que la acogió hasta el día de su muerte, el 2 de marzo de 1943. Su madre, al morir en 1965, no dejó rastro. Acogida en una familia holandesa Holanda se había guardado el secreto. En La Haya se buscó afanosamente la tumba de María Antonieta Hagenaar, pero había sido reducida junto a otros restos que nadie reclamaba. Malva Marina no estaba en esa ciudad. Su madre, desesperada por falta de recursos, por los constantes bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, buscó a alguien que pudiera hacerse cargo de Malva. A través de organizaciones religiosas dio con una caritativa familia, los holandeses Hendrik Julsing y Gerdina Sierks. Vicente Aleixandre en Comprendí, pero no explico (1935) hace una descripción mucho más desgarradora -y sincera quizá- de la impresión que le causó la pequeña Malva Marina. “él me llamaba con la mano y miraba con felicidad hacia el fondo de aquella cuna. Todo él sonrisa dichosa, ciega dulzura de su voz gruesa, embebimiento del ser en más ser. Llegué. él se irguió radiante, mientras me espiaba. ¡Mira, mira! Yo me acerqué del todo y entonces el hondón de los encajes ofreció lo que contenía. Una enorme cabeza, una implacable cabeza que hubiese devorado las facciones y fuese sólo eso: cabeza feroz, crecida sin piedad, sin interrupción, hasta perder su destino. Una criatura (¿lo era?) a la que no se podía mirar sin dolor. Un montón de materia en desorden. Blanco yo, levanté la vista, murmuré unos sonidos para quien los esperaba y conseguí una máscara de sonrisa. Pablo era luz, irradiaba irrealidad, sueño, y su ensoñación tenía la firmeza de la piedra, el orgullo de su alegría, el agradecimiento hacia un futuro celeste”.“Un ser perfectamente ridículo”Neruda reflejó su pena y desconcierto en diversos poemas como “Maternidad”, “Oda a un lamento” y “Enfermedades en mi casa”.“Y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce,por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento,solamente un lamento”. (Fragmento de Enfermedades en mi casa).





Federico García Lorca, gran amigo de Neruda, también le rindió un homenaje a la niña recién nacida. Pablo en una carta le comentó a su amiga Sara Tornú:“Federico, en Granada, desde donde ha mandado unos lindos versos para mi hija. Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie punto y coma, una vampiresa de tres kilos [...]. La chica, me decían los médicos, se muere, y aquella cosa pequeñita sufría horriblemente, de una hemorragia que le había salido en el cerebro al nacer”.


La pequeña solo llegó a este mundo a sufrir. Sus padres no sabían qué hacer con ella. Poco más tarde se desató la guerra civil española. Las cosas se complicaron para el matrimonio pues la argentina Delia del Carril ya se había instalado en el corazón del poeta. Poco tiempo después, Neruda decidió dejar a su hija de dos años junto a Maruca (así llamaba él a María Antonieta) en la ciudad francesa de Montecarlo. La separación era un hecho y el calvario para Maruca no terminaría fácilmente. Aparte del problema sentimental, Maruca tenía serias dificultades económicas. La guerra implacable, la escasez de alimentos, la hicieron pasar ratos amargos.


En una carta inédita en España que pertenece a la Fundación Neruda, Maruca le pide a Pablo de forma insistente el dinero que necesita para sobrevivir. Este es, sin duda, un valioso aporte para comprender cómo era la relación del matrimonio después de su separación. La carta de la madre“Mi querido chancho (“Mi dear Pig” en el original):Es realmente imperdonable tu negligencia hacia nosotras, especialmente para tu bebé. Hoy 18 del mes no he recibido tu dinero. El 1º de este mes tuve que pagar los gastos de alojamiento de Malva Marina por el mes de octubre. Con mi salario sólo pude pagar una parte de ello. Qué vergüenza realmente. Ellos son tan buenas personas... Nunca encontraré gente tan buena otra vez. Malva es muy apegada a ellos... ella ha progresado mucho mentalmente. Ahora ni siquiera puedo ir a verla porque no tengo un centavo. Mi último dinero será gastado en enviar esta carta.[...] La última vez me mandaste sólo $68 en vez de $70. Espero que puedas agregar los 2 a los próximos $70 y me envíes $72. Por favor, envíame el dinero lo antes posible [...].[...] Debemos estar muy agradecidos hacia estas personas donde ella está, así es que por favor cumple tus deberes de padre [...].Bueno, chancho, querido, envíame pronto el dinero por favor [...].Malvita envía muchos besos a su papi y yo también,Tu chancha (“your Pig” en el original)”.

martes, 17 de marzo de 2009

EL POZO



"Se puede mentir de muchas formas pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, despojando de alma los hechos pues los hechos son como recipientes vacios, que toman la forma del sentimiento que los llena".




J. Carlos Onetti "El Pozo".

SÉ CUIDADOSO


Sé cuidadoso con las palabras

Cuando le describas a la sorda

El silencio que se hizo

cuando dejó de llorar.



Sé cuidadoso con las palabras

Cuando le describas a la ciega

Lo hermoso que es su rostro

Cuando escucha



EN MEMORIA DE KRAEPLIN de Andersson

lunes, 16 de marzo de 2009

MAGO

La primera estrella de cine que recuerdo es Lon Chaney.
Lo primero que dibujé fue un esqueleto.
Lo primero que recuerdo haber temido fueron las estrellas en una noche de verano en Illinois.
Las primeras historias que leí fueron cuentos de ciencia ficción en Amazing.
La primera vez que me alejé de casa fue para ir a Nueva York y ver el Mundo del Futuro encerrado en la Periesfera a la sombra del Trilón.
La primera vez que decidí una carrera fue a los once años: sería mago y recorrería el mundo con mis hechizos.
La segunda vez fue a los doce, cuando para Navidad me regalaron una máquina de escribir.
Y decidí hacerme escritor. Y entre la decisión y la realidad hubo ocho años de escuela y colegio, y de vender periódicos en una esquina de Los Ángeles, mientras escribía tres millones de palabras.
La primera vez que me aceptaron fue en la revista Script, de Rob Wagner, y tenía veinte años.
He hecho en papel mundos del futuro muy parecidos a los que vi en la Feria de Nueva York cuando era chico.
Y, muy tarde en el día, he decidido que nunca abandonaría mi primer sueño.
Me guste o no, al fin y al cabo soy una especie de mago, medio hermano de Houdini, conejo, me gustaría pensar, hijo de Piedranegra, nacido bajo la luz de cine de un viejo teatro.
Maduré en una época perfecta, cuando el hombre da el último y mayor paso fuera del mundo que lo alumbró, la cueva que le dio abrigo, la tierra que lo sostuvo y el aire que lo convocó para que nunca pudiera descansar.
En suma, soy un retoño pío de nuestra era de emoción-en-masa, diversión-en-masa y soledad-en-la-multitud.
Es una gran era en la cual vivir, y morir, si hace falta, por ella. Cualquier mago que se precie les diría lo mismo.
RAY BRADBURY (Zen el arte de escribir)

viernes, 13 de marzo de 2009

DESCONCIERTO

Cuando se abandona la lectura de un libro a la mitad, algo le ha ocurrido al libro. O al lector. Quizá a ambos. Cuando se abandona la vida a la mitad, algo le ha ocurrido a la vida. O a su usuario. Quizá a ambos. Durante una temporada fui vendedor de pisos. Lo mejor de aquel trabajo era visitar las casas vacías de cuyas virtudes tenías que convencer luego a tus clientes. Cada vez que introducía la llave en una puerta sentía una excitación semejante a la de abrir un libro. La lectura de una casa, incluso aunque esté amueblada, dura menos que la de una novela (jamás tuve la oportunidad de vender un castillo), aunque a veces más que la de un cuento. Por lo general, seguía el orden de lectura que proponía la disposición arquitectónica. Pero no siempre. En ocasiones caminaba a ciegas hasta el final del pasillo y recorría la casa al revés, como el que comienza una novela por el final. Me detenía mucho en los cuartos de baño, donde no era difícil encontrar restos curiosos de sus antiguos moradores: un peine torturado, un bote vacío de crema de manos, un cepillo de dientes con las púas aplastadas, una pestaña postiza...
De repente, un día comencé a dejar algunos pisos a medias. Al llegar al centro del pasillo era alcanzado por un desaliento mortal que me obligaba a dar la vuelta con el mismo gesto de derrota con el que decides abandonar en la página 100 una novela de 200. A veces el problema no era de la casa, ni de la novela, sino mío. La pérdida de interés por un piso que había comenzado a visitar con entusiasmo, o por un libro que había abierto con pasión, me sumía en la confusión. Lo peor, con todo, fue el descubrimiento de que puede ocurrir lo mismo con la vida. Un día, de súbito, ya no quieres abrir más puertas ni leer más capítulos. Y te mueres sin saber si la culpa fue tuya o de la puta vida. O de los dos.
Juan José Millás, en El País.


jueves, 12 de marzo de 2009

DIVERSIONES GRATUITAS


–¿Sabes? Si quieres divertirte, lo verdaderamente divertido –dice— es inventarte explicaciones. Si la gente quiere razones, pues dáselas. Lo que te venga en gana. Invéntate las razones. Te llevarás una sorpresa: cuanto más inverosímil sea la razón, más satisfecha se quedará la gente.

SALE EL SOL


miércoles, 11 de marzo de 2009

VERÁ USTED


He de recordarle las cosas porque al ser mayor que yo, se pierde en las anécdotas.

Aquel día nuestro local tuvo un ambiente especial. Usted se movía entre las mesas como si fuera un duende contando historias al atardecer. Mientras el sol se ponía, me guiñaba el ojo, como nadie más lo hace. A mí todo aquello me hacía una gracia infinita. Hablaba con unos y con otros mientras yo le miraba con ojos nuevos. Estaba tan guapo con ese collar de conchas que se había hecho. Llevaba una camiseta vieja con un agujero en el cuello y el dibujo de un muñeco sonriendo. Encima, un lamparón de salsa alioli, que hacía las veces de bombín del monigote. Se había anudado un pareo de seda a la cintura, y sus pies llevaban unas chanclas gastadas que no desordenaban la belleza de sus pasos. Yo mientras me tomaba un café y le observaba tras la barra, mientras pensaba !Qué lindo está! Para después sonreírme flequillo abajo como la niña mala que soy. De vez en cuando usted se acercaba a mí y me estrechaba la mano juntando nuestros labios dispares. A mi aquello me dibujaba un dulce abismo al que no podía renunciar

La noche pasó como tantas otras. Se bebieron nuestro bar y nos juntaron en el cansancio. Cada vez que se acercaba a mi, me lubricaba el oído con una minuciosa lista de juegos eróticos.

Además era feliz. Lo veía en su mirada, sus párpados, su sonrisa... lo presentía en su olor.

Me gustaba la complicidad que se creaba entre nosotros al recoger. Había que poner orden a nuestro nuevo mundo recién inventado, porque el desorden se había instalado tiempo atrás en nuestras cabezas.

Aquella noche, usted se acercó a la barra y sin más me bajó los tirantes de mi vestido violeta, ese del que se reía, afirmando que cabía en una nuez. La tela cayó al suelo sin jugar a romper las leyes de la gravedad. Cautivos los dos de aquel deseo adolescente, ni yo me sonrojé, ni usted pareció hacerlo. Lo que pasó después sólo lo pudimos disfrutar nosotros.

¿Quién podrá borrar todo aquello?

Esa noche durmió anudado a mis caderas. Y por la mañana cuando se levantó, me dijo:

- He notado que en ti... laten dos corazones.

martes, 10 de marzo de 2009

ELLA QUE SOY YO

Ella, que soy yo ................ respiro hondo para que se me llenen los pulmones de cosas bonitas. ¿qué miras? Ella, que soy yo ................ la realidad, me gustan las verdades sin eufemismos
............................. ¿qué piensas? Ella, que soy yo ............................... que quiero saber todo. ¿Qué estás diciendo? ¿por qué? Ella, que soy yo ............ porque no soporto cosas tuyas. ¿Qué es lo que no soportas? Ella, que soy yo ...............que hayas metido toda mi ilusión en el ataúd de una frase.

domingo, 8 de marzo de 2009

EL SUEÑO

Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si sería un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.
Chuang Tzu (siglo IV antes de Cristo)

miércoles, 4 de marzo de 2009

I´LL GO TO HELL

ILUSTRACIÓN: Marcos Ruíz
Escapar por el río,
huir en una balsa,
acariciar el miedo,
coleccionar estrellas,
querer a los amigos.
Fumarse la tristeza
en una pipa de corcho.
Ser la sombra que flota,
un alma sigilosa que se esconde del sol
Enhebrar una aguja
con un beso,
ser la niña que lee
mientras se toca el pelo.
Yo iré al infierno,
guardaré tu secreto
de hombre agazapado
que busca libertad
y sueña que el futuro
no distingue colores.
Yo iré al infierno
contigo Huckleberry
y el fondo de tu abrazo
será mi salvación
ANA MERINO (Juego de niños)

martes, 3 de marzo de 2009

LOS DESARRAIGADOS



A menudo se ven, caminando por las calles de algunas ciudades, personas que flotan en el aire, en un tiempo y espacio suspendido; difícil de pronosticar. Carecen de raíces en los dedos, y en ocasiones no tienen pies. Les salen colorines de los cabellos, y suaves flores que se trenzan sobre la espalda para adquirir cierto equilibrio. Son como líquenes impulsados por corrientes marinas y cuando se quedan en alguna superficie, es por casualidad y por un instante. Enseguida vuelven a flotar y hay cierta alegría pizpireta en ello.
La ausencia de raíces les confiere un aire particular, impreciso, por eso resultan incómodos en todas partes y no se les invita a fiestas, ni casas, porque resultan demasiado despistados. Es cierto que en apariencia realizan los mismos actos que el resto de los seres humanos: comen, duermen, caminan y hasta mueren, pero quizás el observador preciso podría descubrir que en su manera de comer, de dormir, caminar y morir hay una leve y casi imperceptible diferencia. Comen hamburguesas de camellos que se pintan las pestañas o emparedados de pollo que en su juventud se tiñeron de colores; ya sea por la mañana, en Polinesia o en otoño. Y lo que es mucho peor todavía: encargan un menú estrambótico, compuesto de espinas suaves, gazpacho y crema de tempestades. Sueñan por la noche, como todo el mundo, pero cuando despiertan en la oscuridad de una miserable habitación de hotel tienen momentos de incertidumbre, sobre todo si se equivocaron con la compañía: no entienden por qué están, ni qué son, ni el nombre de los días que vendrán.
Carecer de raíces otorga a sus miradas un rasgo característico: una tonalidad radiactiva, excesiva y totalemente vital, huidiza cuando truena y con anclajes a un espacio vago e impreciso.
Aunque algunos al nacer poseían un arcoiris con nombre de calle. Por alguna razón u otra se perdieron. En lugar de suscitar la conmiseración ajena, suelen despertar animadversión: se sospecha que son culpables de alguna oscura falta, de la que es culpable su profunda imaginación.
Una vez que se han perdido las raíces, son irrecuperables. En vano el desarraigado permanece varias horas parado en cualquier esquina, junto a un árbol, contemplando de soslayo esos largos apéndices que unen la planta con la tierra: las raíces no son contagiosas ni se adhieren a un cuerpo extraño. Otros piensan que si permanecen mucho tiempo en la misma ciudad o país es posible que alguna vez le sean concedidas unas raíces postizas, de plástico por ejemplo, pero ningún lugar es tan generoso.
Sin embargo, hay desarraigados optimistas. Son los que procuran ver el lado bueno de las cosas y afirman que carecer de raíces proporciona gran libertad de movimientos, evita las dependencias incómodas y favorece los desplazamientos. En medio de su discurso, sopla un viento fuerte. Desaparecen, tragados por el aire.

Ayer me encontré a uno. Me dijo que con la lluvía mis intensas ensoñaciones se contagiarán. Estoy buscando raíces, o quizás, evitándolas.

lunes, 2 de marzo de 2009

NÁUFRAGOS

Dice Ortega: "Las cosas abstractas son siempre claras. De suerte que la claridad de la ciencia no está tanto en la cabeza de los que las hacen como en las cosas de que hablan. Lo esencialemente intrincado es la realidad vital concreta, siempre única..., el que no se pierda en la vida, ése es de verdad una cabeza clara".

"Vivir es sentirse perdidos y las únicas ideas verdaderas son las de los náufragos. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente."

"Una situación tan negativa y de derrota como es haber cometido un error, se convierte mágicamente en una nueva victoria para el hombre, sin más que haberlo reconocido".
La rebelión de las masas