jueves, 30 de abril de 2009

BANDA SONORA

Mi padre tenía un tocadiscos rojo y blanco, con tapa acolchada y un plato que giraba a dos velocidades: 33 y 45 rpm. Siempre lo cuidó como si fuera lo mejor que le hubiera pasado en la vida. Lo guardaba en su oficina junto a una cartera con cientos de fotos de chicas con minifalda, pelos cardados y sonrisa forzada en blanco y negro. Esas imágenes olían a naftalina, a dedicatorias por encargo y prólogos de pequeña felicidad.
Los sábados me llevaba a su despacho y si me portaba bien me dejaba poner sus discos. Aquella música me producía una fuga de imaginación. Mientras él trabajaba, yo escribía a máquina e inventaba historias con las mujeres de las fotos que siempre tenían el mismo oficio: Eran dependientas de la zapatería Vinagre y cuando se aburrían iban corriendo a las escaleras subidoras y bajadoras de El Corte Inglés.
Las mujeres y esa música producía en nosotros un vínculo inédito y un amor conmovedor hacia un pasado que nunca descubriría del todo. Nuestra canción preferida era Alone Again or, los dos tan capaces de enamorarnos de casi todo el mundo. Era la última que escuchábamos, se levantaba de su silla y me sacaba a bailar. Cientos de vueltas y ricotines. Yo me ponía roja y me sentía absolutamente feliz...como las chicas de las fotos de su cartera.
El otro día desde un balcón abierto volví a escuchar a Love. Quizá detrás de la música hubiera una de las mujeres de las fotos, dependienta de Vinagre paseando por las escaleras subidoras y bajadoras una oferta de casamiento incumplida. Sonreí y volví a sentirme absolutamente feliz.
"Alone Again Or’ contiene el que, posiblemente, sea uno de los arreglos de vientos y cuerdas que más grupos han homenajeado-imitado-copiado-contextualizado a lo largo de la historia del pop.
Grabada en 1967, ‘Alone Again Or’ encabeza Forever Changes, el disco con el que Love radiografiaron el final del sueño hippie. Aquel mito del amor libre y de la paz en el mundo empezaba a hacerse pedazos. Inconscientemente, este tema es irónico no sólo en su texto, sino también en cómo y por qué fue grabado.
.

Yeah, said it’s all right
I won’t forget
All the times
I’ve waited patiently for you
And you’ll do
just what you choose to do
And I will be
alone again tonight my dear


‘Alone Again Or’ ( aquí versión Calexico) no es una canción de amor, aunque lo parezca y aunque contenga frases como “ya sabes que podría enamorarme de casi todo el mundo”. Ni siquiera el dulce arreglo de tonos mexicanos que llegó a la canción cortesía del productor (y que creó tanta escuela) suena amable después de leer la letra. La melancolía lo empaña todo.
‘Alone Again Or’ llegó por muy poco a entrar entre los cien singles más vendidos de 1968, cuando fue editada como single, pero su puente de guitarra española y trompetas ha hecho escuela. Y sigue siendo fresco y maravilloso."
DATOS DE HIPERSÓNICA

miércoles, 29 de abril de 2009

LETRAS DESPEINADAS


No hay duda de que lo que no voy escribiendo por escribir se queda. Pocas veces me ha sido más difícil. Un día de estos compraré cuarto y mitad de palabras en alguna plaza. Qué sepan jugar, que si no me aburro.

martes, 28 de abril de 2009

SUEÑO CON JAMAICA


Foto: John Divola

Mi amigo Llur está triste, y me ha contado por qué:
Ha muerto Javier Ortiz, periodista y columnista. Para quien no lo conozca, escribía diariamente en "Público". Es para ponerse triste.
Escribió mucho y, entre otras muchas, esta declaración de principios:

Sueño con Jamaica
Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.
La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.
Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y esos es todo, y nadie le da más vueltas.
En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.
Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.
Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.
Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.
Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.
Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.
Jamaica o muerte. Venceremos.
Javier Ortiz, escritor y columnista, nació en Donostia-San Sebastián el 24 de enero de 1948 y murió ayer en Aigües (Alicante)

TARDE DE BAILE

Nuevo curso de escritura creativa

- Y te gusta esta música.

-No. Es de puticlub.

- ¿Y tú cómo lo sabes?

-Ven, baila conmigo.

Flotamos.

lunes, 27 de abril de 2009

DESTINO


A veces me da por pensar que el destino existe y que es una combinación ganadora entre velocidad y futuro, entre oportunidad y ocasión.


A veces las cosas cambian, tienen que cambiar.

viernes, 24 de abril de 2009

NO ME ACUERDO DE OLVIDARTE


“He visto una película
que ha terminado apenas hace un siglo. No sabes
qué lento corre el mundo sin ti, novia lejana”
LUIS ALBERTO DE CUENCA

Nuevo curso de escritura creativa
No se parecía en absoluto a Audrey Hepburn, no. Ella lo sabía y le daba igual. Inventábamos muchos juegos de velocidad y futuro sin necesidad de pasar unas “Vacaciones en Roma”. Hacíamos de nuestra rutina una “Charada” irresistible que nos hacía subsistir desbrozando sueños ahuecados de esperanza. No era como “Sabrina” no. Franca y directa como una herida abierta a la eternidad.
“Lo vamos a conseguir” me susurraba en la habitación azul de aquella pensión destartalada mientras reía sin parar, y yo me sumergía entre sus muslos de fresa. Probablemente “la lluvia en Sevilla seguía siendo una maravilla”, pero nosotros nos calábamos de otras humedades que confirmaban algún anhelo despistado.
Cuando le hablaba de mis guiones me miraba sorprendida y asentía con un escueto “bien” al tiempo que sus ojos voladores me admiraban sin atreverse a mentir. No era Audrey Hepburn no. Otras historias hicieron que nos fuera imposible compartir un “Desayuno con diamantes” aunque más de una mañana me levanté con su mullido recuerdo enredado entre mis sábanas.
Ponían en la Filmoteca un ciclo de la Hepburn. Aquellos añorados martes con Audrey, ella y yo. Copiaba los gestos de la pantalla para luego regalármelos con infinitas posibilidades. No actuaba como Audrey Hepburn, no.
Vuelvo al cine Doré, “sólo en la oscuridad” y la sala no me deja olvidar desde esta butaca. Audrey me mira desde la pantalla y tras sus ojos, los de ella y aquellos días en los que éramos. “Dos en la carretera” y un tiempo sin curvas ni bifurcaciones. Calidoscopio de sentimientos, titiritero de cinemascope.
No tenía el físico de Audrey Hepburn no. Ni estaba tan delgada, ni aquellos grandes ojos,ni su breve y explícita nariz, ni una mínima y escueta cintura infantil, pero sigue siendo “Myfairlady”.

jueves, 23 de abril de 2009

" ES CUESTIÓN DE PALABRAS Y NO OBSTANTE"

Nuevo curso de escritura creativa
El momento más delicado y clave de las buenas historias es cuando el narrador comienza a estar involucrado. "Terminamos por experimentar los sentimientos que fingimos" (B. Constant). No hay ni pura mentira ni pura verdad. Las palabras son mero trasunto alternativo de diferentes estados de ánimo. "Es cuestión de palabras y no obstante... "
No sé como se menosprecia el valor de la palabra. Todos los sentimientos están configurados sobre palabras, y estos a su vez configuran los comportamientos. Las palabras generan las situaciones y por lo tanto la existencia.

Es lo que he querido hacer durante toda mi vida. Encender y apagar unas historias con otras, como colillas de cigarros anónimas y sucesivas.

Felíz día del libro

miércoles, 22 de abril de 2009

"Misántropo busca a misántropa"



Dirección y guión: Alex Holdridge.
País: USA.Año: 2007.
Duración: 90 min.
Género: Comedia romántica.I
nterpretación: Scoot McNairy (Wilson), Sara Simmonds (Vivian), Brian McGuire (Jacob), Katy Luong (Min), Robert Murphy (Jack), Twink Caplan (madre de Wilson), Nic Harcourt (DJ), Bret Roberts (Buoy), Via Osgood (Karen), Bruce Jay (Stevie).
Producción: Seth Caplan y Scoot McNairy.
Fotografía: Robert Murphy.
Montaje: Jacob Vaughn y Frank Reynolds.
Estreno en USA: 1 Agosto 2008.
Estreno en España: 5 Diciembre 2008.

SINOPSIS

"Buscando un beso a medianoche" es un viaje jovial, cómico y tierno a través del amor, el sexo y el romanticismo moderno el día de Fin de Año. Wilson (Scoot McNairy), un joven de veintinueve años que acaba de pasar el peor año de su vida, es nuevo en la ciudad, no tiene ninguna cita, ningún plan concreto, y tan sólo desea encerrarse a cal y canto para olvidar el pasado. Hasta que su mejor amigo, Jacob (Brian McGuire) le convence para colgar un anuncio clasificado en Internet, bajo el apodo de Misántropo. Le contesta Vivian (Sara Simmonds), una mujer tenaz empeñada en estar con el hombre ideal al sonar las campanadas. Así comienza una aventura caótica, hilarante y emotiva por las calles de Los Ángeles. A medida que pasan las horas, la vulnerabilidad emocional, el humor y la agridulce sinceridad les esperan a la vuelta de cada esquina.
Nuevo curso de escritura creativa

martes, 21 de abril de 2009

EL SOLIPSISTA



A veces hacía solitarios con las conclusiones de sus pensamientos a solas.

!Qué bonitos son los hasta mañana!

Nuevo curso de escritura creativa

Explicaciones y justificaciones hay para todo. En la infancia vivieron para después sobrevivir. Protagonizaron una leyenda épica, casi romántica. Todos los años en el día de su santo él pensaba que se atrevería. La fecha señalada, el olor a mimosas y el silencio enganchado en aquellos ojos de hombre desvalido. El tiempo se iba desgastando y los días acumulaban las palabras de menos. El desencanto se imponía por muchos y variados elementos en los que los dos participaban como espectadores. La edad de ambos comenzó a surcar el presentimiento del otoño entre la sombra de las encinas. Se despedían con la sonrisa dormida y un hasta mañana.


!Qué bonitos son los hasta mañana!


Se adelantó la muerte de ella llenándolo todo de una oscura intuición de lo que pudo haber sido la dicha. Una semana después del funeral él recibió una carta.


Tan sólo decía:




Ven, te espero en la aduana del cariño !Qué bonitos son los hasta mañana!

domingo, 19 de abril de 2009

LA FRASE


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¿De que sirve el ingenio cuando no nos divierte? No hay nada más fatigoso que un ingenio triste.

LA FRASE
Temo la frase, la evito; pero el temor a la frase también es una pretensión.
Así, entre estos dos vocablos foráneos, entre la pretensión y la frase, transcurre incierta nuestra compleja y fluctuante existencia.
IVAN TURGUENIEV (poemas en prosa)


Pluma a fuego, fuego a sangre, sangre a hueso, hueso a tuétano, tuétano a ceniza, ceniza a nieve.. ("Ashes and snow". Gregory Colbert)

A SU AIRE




MODIGLIANI Carlos Rehermann
La obra de Modigliani servía al sistema de producción y comercialización artística si se trataba del producto de la enfermedad y la droga: esa visión tiene la ventaja de aceptar su valor a la vez que colocarlo como indeseable. Su negativa a la ruptura con la tradición y a la organización de grupos de asalto artístico iba en contra del espíritu de la época. Modigliani fue un sedicioso tanto para los burgueses como para los vanguardistas
Amedeo Clemente Modigliani no fue un maestro, porque no dejó discípulos. Su obra no tuvo continuadores, tal vez porque es demasiado personal y única. En una época en que los artistas producían abundantes declaraciones de principios, manifiestos, definiciones absolutas, y formaban grupos desafiantes y aguerridos, Modigliani pintó y esculpió fuera de cualquier programa. En medio de la resaca de la producción de aquellos años, su obra emerge con una pureza y una fuerza que el tiempo no hace sino resaltar con brillo cada vez más nítido.

Nació en Livorno, en la costa Toscana, en 1884. Sus padres eran judios. Cuando nació Amedeo estaban practicamente arruinados pero cuando les vinieron a embargar se sirvieron de una vieja ley italiana para comenzar de nuevo: todos los objetos que estuvieran sobre la cama de una mujer embarazada eran intocables. Flaminio y Eugenia (sus padres) acumularon en su cama de matrimonio todas las joyas y objetos de algún valor que aún poseían. Esa pequeña fortuna les sirvió para instalarse en una casa más modesta y tratar de comenzar una nueva vida.Flaminio se alejó de Livorno para probar suerte en la minería. Eugenia abrió una escuela de lenguas para señoritas, a la vez que se dedicaba a escribir cuentos y artículos literarios para algunos periódicos. Mientras tanto, criaba a sus cuatro hijos.

A los catorce años, Amedeo -Dedo, como lo llamaban en su familia- comenzó a tomar clases de pintura con Guglielmo Micheli, un discípulo de Fattori, uno de los pintores del movimiento florentino conocido como los macchiaioli, un nombre que eligieron a partir de los ataques de algunos críticos que decían que pintaban con manchas -macchie-. Poco después de comenzar sus estudios de pintura, Dedo enfermó gravemente de fiebre tifoidea. Durante varias semanas estuvo próximo a la muerte, y luego pasó casi un mes con episodios alucinatorios y delirantes, y con dificultad se recuperó, aunque su salud quedó debilitada para siempre. Dos años después, los médicos diagnosticaron tuberculosis, la enfermedad que habría de matarlo.Isaac Garsin, su abuelo materno, fue su mejor amigo de la infancia y la adolescencia. Hombre de una vasta cultura clásica, orgulloso de su origen judío, introdujo en Dedo el amor por la filosofía y el gusto por la cábala. Dedo conoció así a Espinoza -que aseguraba había sido antepasado suyo-, admiró a Nietzsche, aprendió de memoria largos fragmentos de Dante, reverenció a Shelley (que había vivido en Livorno) y se convirtió en un fanático de Baudelaire. Más tarde, ya radicado en París, descubriría otros dos poetas: François Villon -el primero de los malditos- y el montevideano Lautréamont, cuyo único libro, Los cantos de Maldoror, se convertiría en su obra predilecta, que llevó en el bolsillo hasta el día de su muerte. Amedeo creció en un ambiente donde la filosofía, la literatura y la política eran los temas de discusión diaria y también los medios de subsistencia.


Los Modigliani siempre sufrieron persecuciones: los abuelos por judíos, los padres por deudas, los hijos por socialistas. Amedeo, más tarde, porque sí. En medio de este ambiente agitado por las circunstancias y por la riqueza de intereses de casi todos los miembros de la familia, Amedeo definió sus objetivos y sus enemigos ideológicos -los burgueses- desde muy joven. Quería ser artista.



Su recorrida por Florencia, Roma, y una estadía relativamente prolongada en Venecia -donde se inició en el consumo de haschish y prácticas de ocultismo en salidas festivas con muchachas protegidas por un cierto Barón Croccolo- lo convencieron de que los burgueses dominaban la cultura italiana. Había que irse al centro del mundo: París.


Era una fiesta...

A los veintidós años de edad, Amedeo llegó a París en 1906. Tal vez por el ambiente antisemita de aquel París, Modigliani desarrolló una actitud agresiva cada vez que se insinuaba una crítica a algún judío. Muchas de sus peleas en los cafés -y pese a su corta estatura, fue temido protagonista de famosas trifulcas- tuvieron origen en la defensa de su origen judío. Llegó a París con algo de dinero, que gastó en muy poco tiempo. Poco previsor, se instaló en un hotel bastante caro, y comenzó a frecuentar los cafés, donde rápidamente se hizo conocer entre los artistas. En esos años, Montmartre comenzaba a resultar caro, debido en parte a la fascinación que su leyenda ejercía entre los adinerados turistas americanos, pero aún albergaba a la principal comunidad artística parisina. Cuando se le terminó el dinero, Amedeo alquiló un estudio destartalado en la zona baja de la colina, y se dedicó a la escultura y al estudio de pintura y dibujo en la academia Colarossi, un instituto muy famoso al que concurrían centenares de estudiantes.


Algunos relatos aislados dan una idea de la impresión que rápidamente causó el joven italiano. Picasso dijo una vez: "Hay un sólo tipo en París que sabe vestirse: Modigliani". Un espectacular traje de pana ocre brillante, camisa amarilla, faja y bufanda rojas, y un sombrero negro de ala ancha, todo esto usado por un joven de una belleza sobrenatural, que se movía con gracia aristocrática, que hablaba el francés sin acento y recitaba de memoria largos pasajes de La divina comedia, hacían que su presencia se notara de inmediato cuando aparecía en la puerta de un café o en una sesión de estudio en la Colarossi. La falta de dinero y su mala salud dificultaban su avance en el campo de la escultura, una actividad pesada y sucia, especialmente contraindicada para alguien con problemas respiratorios. Para ganar algo de dinero, recorría los cafés, donde realizaba retratos de los parroquianos, que vendía por unos pocos francos o cambiaba por un trago o un plato de comida. En aquel entonces había dos grupos en pugna en la comunidad de los artistas: la banda de Picasso, y los seguidores de Matisse. Muy pocos quedaban fuera de la influencia de estas dos personalidades fuertes y acaparadoras. Hubo tres artistas que compartieron el rechazo a las comanditas, la marginalidad y una vida trágica: Maurice Utrillo, Chaim Soutine, y Amedeo Modigliani. Y los tres fueron grandes amigos, pese a las enormes diferencias de personalidad, ideas artísticas y formación. Fueron tres malditos, pero Amedeo recibió el título, porque el apócope de su apellido lo hacía fácil: Modi, maudit, maldito.

A la guerra en taxi
Modi fue amigo de todos. Su rechazo a la banda de Picasso, que finalmente derrotó a los partidarios de Matisse -el fauve terminó siendo asiduo visitante del bateau-lavoir, un antiguo y destartalado lavadero que era el cuartel general de Picasso-, no le impidió recibir el respeto del español, del que, sin embargo, nunca sería íntimo. Los escultores Lipschitz, Epstein, Archipenko y Brancusi; los pintores Kisling, Ortiz de Zárate, Vlaminck, Van Dongen, Utrillo y su madre Suzanne Valadon; los escritores Salmon, Jacob, Cocteau, Cendrars y Ehrenburg fueron sus compañeros frecuentes en cafés, talleres y fiestas. De la mayoría de ellos Modi realizó retratos, algunas de las más bellas pinturas del siglo XX.
Por más que Modi se relacionaba cordialmente con casi todos los miembros de la colonia internacional de artistas establecida en París, era considerado un marginal. Era la época en que los manifiestos comenzaban a circular. El primero de todos, producido por los futuristas italianos, le fue ofrecido para que estampara su firma, lo que pone en evidencia que los promotores de algunos movimientos de vanguardia no se preocupaban tanto por las ideas de los firmantes, como por la abundancia de firmas. De otra forma no se explica que los futuristas hicieran el pedido a un artista como Modigliani, que insistía mucho más en el intento de recuperar una línea de expresión que se hundía en el pasado, que en una ruptura absoluta. Modi no se suscribió a nada, y sin embargo fue probablemente uno de los artistas más revolucionarios de su siglo. Un ejemplo de su sensibilidad descolocada en su tiempo -esta vez adelantando los años que vendrían- es su devoción por Los cantos de Maldoror, que sólo sería "descubierto" por la crítica y los surrealistas dos décadas después que Modigliani. Era un mundo realmente extraño.


Hay un episodio de la guerra que pinta elocuentemente esa cualidad surreal de la vida en París. Para el contraataque del Marne, el general Gallieni, comandante de la región de París, disponía de tropas, pero no de transporte. Tuvo una ocurrencia de dandy: contrató a los 600 taxis de París para llevar a los soldados a la batalla. Ese tipo de gestos era muy del gusto de Modigliani, que, una noche, decidió ir a la guerra, a pesar de que había sido rechazado por motivos de salud. Tal vez como no había taxis, o no tenía dinero para pagar uno, fue caminando, aunque al poco tiempo decidió detenerse un momento en un café, y terminó por olvidar su propósito patriótico.

Max Jacob.Poeta y dibujante francés, de origen judío, al igual que Modigliani. Se convirtió al catolicismo y murió en un campo de concentración alemán. Intentó acercar a Modi al círculo de Picasso.

Jeanne Hébuterne.Pintora francesa, última compañera de Modigliani. Se suicidó al día siguiente de la muerte de su amante, embarazada de nueve meses. Su hija Jeanne Modigliani (que había tenido dos años antes) fue luego pintora no figurativa, y escribió Modigliani senza leggenda, la primer biografía seriamente documentada de su padre.Vea aquí dibujos y pinturas de Jeanne Hébuterne
La última mujer
Desde su adolescencia, Modigliani fue literalmente adorado por las mujeres con una unanimidad que también explica la leyenda. Todos quienes lo conocieron, cuando son invitados a hablar del pintor, comienzan por referirse a su extraordinaria belleza. Durante sus primeros años en París, Modi intentaba convertirse en escultor, y trabajaba muy poco con modelos. Sus amantes eran dependientas de lavanderías, modelos de la Colarossi, artistas y poetas que conocía en los cafés y en las reuniones que se realizaban en los talleres de sus amigos. Cuando definió su carrera como pintor, su tema fue siempre y solamente el retrato. Pintó, en toda su vida, sólo cuatro cuadros cuyo tema no es el cuerpo humano: un paisaje de Toscana, en su época de estudiante en Italia, dos paisajes del sur de Francia, cuando, durante la guerra, vivió dos años en Cagnes-sur-Mer, donde le resultaba difícil encontrar modelos, y una naturaleza muerta, en un cuadro a dos manos con su amigo Moïse Kisling. Algunas artistas se dedicaban a posar por dinero, para pagar sus estudios de pintura, o simplemente para comprar los materiales imprescindibles para pintar. Tal es el caso de Suzanne Valladon, la madre de Maurice Utrillo, que había sido modelo de Renoir y en la época de Modigliani ya era una pintora reconocida. Modigliani retrató a muchas modelos profesionales, con quienes invariablemente tuvo relaciones íntimas, pero también fue solicitado por mujeres fascinadas por el ambiente artístico parisino, compradoras de arte o acompañantes de coleccionistas. Modi tuvo unos cuantos problemas con maridos celosos. Su aventura con Gaby, una famosa modelo no muy joven pero extraordinariamente hermosa, tuvo su conclusión en un episodio relatado por Douglas Goldring en su libro Artist Quarter. El amante de Gaby, un hombre adinerado que mantenía a la mujer más que nada como un imprescindible rasgo chic, tuvo un encuentro con Modi, a través de un amigo común. La relación de Gaby con el pintor se había hecho demasiado conocida en la ciudad, y el hombre, que toleraba algunos caprichos de su amante, deseaba al menos cierta discreción.Pero la entrevista fue una muestra de la capacidad de seducción de Modi. Los reclamos del hombre terminaron disueltos en un brindis de ambos por la belleza de Gaby, y su amistad sellada luego de una noche de vino, haschish e incluso la venta de uno de los desnudos que Modi había hecho de la mujer que compartían. La actriz Elvira, la modelo negra Aicha, la poeta rusa Anna Akhmatova, la periodista (y quizá poeta) inglesa Beatrice Hastings, la artista canadiense Simone Thiroux fueron algunas de las mujeres cuyos nombres quedaron asociados al de Modigliani. Muchas otras se autoproclamaron viudas cuando el pintor murió. Pero la última compañera de Modi fue la protagonista de una tragedia que enmudeció a París el 25 de enero de 1920. Jeanne Hébuterne nació en París el 6 de abril de 1898. En 1917, cuando era estudiante de pintura en la academia Colarossi, Jeanne conoció a Amedeo. Se conservan unos pocos trabajos suyos: dibujos a lápiz, de líneas fluidas, uno de ellos un retrato de Modigliani, y una pintura que representa el patio de la casa de apartamentos donde vivieron el último año de sus vidas. Se sabe poco de Jeanne. Casi no hablaba. Nadie la vio reir. Las tres fotos que se conservan de ella dan la impresión de que no se trataba de una belleza. Hija de una familia de pequeños burgueses, su relación con Modigliani produjo una ruptura violenta con su padre, aunque su madre llegó a convivir varios meses con la pareja, en su estadía en Cagnes. A fines de noviembre de 1918, Jeanne dio a luz una hija de Amedeo, en Niza. A mediados de 1919, quedó embarazada de nuevo. Su hija Jeanne fue entregada a una institución para asegurarle unos cuidados que la pareja no podía ofrecerle, aunque no fue dada en adopción. La enfermedad que Modigliani arrastraba desde la adolescencia se agravó durante 1919, y para el invierno la situación era insostenible. Incapaz de recorrer los cafés para realizar retratos, las entradas de la pareja se reducían a los adelantos que el agente de Modigliani, el poeta polaco Leopold Zborowski, dificultosamente podía darles. Los hechos conocidos son pocos. El 22 de enero de 1920, Ortiz de Zárate, el pintor chileno que fue su primer amigo en París, llevó a Modigliani al hospital, inconsciente, con la ayuda de Moïse Kisling y Zborowski. Lunia Czechowska, una amiga secretamente enamorada de Modigliani, se encargó de Jeanne, cuyo embarazo había pasado ya el noveno mes. Sin haber recuperado la conciencia, Amedeo murió las nueve menos diez de la noche del sábado 24 de enero.Jeanne fue llevada al hospital para ver por última vez a Modi. Poco se sabe del resto de esa noche. En algún momento de la madrugada, Jeanne fue llevada, seguramente por la escultora Chana Orloff, a la casa de sus padres. A las cuatro de la mañana del domingo, mientras sus padres y su hermano André discutían en otra habitación acerca del futuro de la muchacha y sus dos hijos ilegítimos, Jeanne abrió la ventana de su antiguo dormitorio y se arrojó a la calle. El 27 de enero, mientras toda la comunidad de artistas formaba un impresionante cortejo fúnebre por las calles de París, acompañando el cuerpo de Modigliani al cementerio del Père Lachaise, los padres de Jeanne llevaron su cadáver en secreto al cementerio de Bagneux. En 1930, luego de diez años de súplicas, Emannuele Modigliani, el hermano mayor del pintor, convenció a los ofuscados Hébuterne para que permitieran el traslado de los restos de Jeanne a una tumba junto a la de Modigliani


Amedeo ModiglianiAutorretrato

En 1898 le escribía a su amigo, el pintor Oscar Ghiglia: "Quisiera que mi vida sea un torrente fértil que recorra la tierra con alegría. Soy rico, estoy lleno de ideas, y sólo necesito trabajar. [...] Un burgués me dijo, hoy -con la intención de insultarme- que mi cerebro estaba siendo desperdiciado. Me hizo mucho bien. Todos deberíamos recibir un recordatorio como ese cada día."



Moise KislingPintor polaco, muy amigo de Modi. Moise fue quien realizó, junto con Conrad Moricand, la máscara mortuoria de Modigliani.


Chaim Soutine. Pintor bielorruso, famoso por su falta de limpieza y modales, encontró en Modi un protector y defensor de su obra expresionista, cuyos temas preferidos eran la muerte y la podredumbre.





Lunia Czechowska. Conoció a Modi a través de Leopold Zborowski, poeta polaco que fue el último agente del pintor. Fue fiel amiga y protectora en los últimos años de la vida de Modigliani




viernes, 17 de abril de 2009

RAZÓN AQUÍ

Dicen que una famosa escritora ha escrito su propia definición en la Wikipedia y que en ella se presenta así misma como "La bellísima XXXX". En estos días de paseo por el mundo literario me encuentro con otra famosísima escritora que ante las críticas afirma: "¿Es posible que una mujer joven, razonablemente guapa, razonablemente inteligente, con éxito en su profesión, aparezca en cualquier medio y no reciba críticas? No lo creo".
También me viene a la cabeza otra escritora con muchos premios que dice: "Yo no tengo la culpa de que la gente sea absurda". También comenta: "Aquí donde me ven, yo estuve a un paso de convertirme en starlette adolescente, pero mi meteórica carrera se vio abortada desde la raíz".
Por cierto yo no tengo la culpa de que la gente sea absurda...
!Viva la autoafirmación y el autobombo! Entre el tono pusilánime que me caracteriza y el pretencioso debe haber un término medio que tiene que estar fenomenal y debe ser el adecuado. Ando buscándolo estos días por las calles...de momento he dejado de mirarme los pies y ando reafirmando el autoombligo. Así que he de confesar que fuí reina de las fiestas en 4º de EGB, mi tia Flor se tomó muy a pecho la elección y me disfrazó de "Minirociojurado" para el evento, por si le puede interesar a algún editor que me pueda etiquetar como razonablemente algo aunque sea idiota.
También se me ocurre que los lectores, si los tengo, me podrían proclamar "Miss rótulas rojas" para adjuntar en el libro que nunca he publicado y en la entrada inexistente de mi nombre en la Wiki.
Mientras voy a pensar en otras cosas que hoy tengo curso en la Casa encendida y tengo que versionar "Mi carro me lo robaron" a lo Lou Reed.
pD: Gracias a Dormidina que me ha puesto estos afortunados links

jueves, 16 de abril de 2009

ROCE, MORDISCO, BESO (II)

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Tobías me citaba al día siguiente en el bar Lagarto, justo después de trabajar.
No pude dormir. Contaba roces, mordiscos y besos.
La noche siguiente no paré de moverme tras la barra. El señor Antonio, con lo tranquilo que era, a punto estuvo de empotrarme contra la pared para que estuviera quieta. Aquella tarde los Sainetes duraron mucho. Además el jefe se retrasó con los pagos del mes. A los fijos les pagaban con nómina pero a los temporales nos daban un cheque al portador.
A las doce mi angustia llegó a su fin. Con el vestido más bonito y corto que tenía me dirigí al Lagarto. Entré muy nerviosa en el bar, buscándole entre la gente. Allí estaba tan guapo, tan bizquito, tan precioso. Mi cabeza no paraba de repetir: ROCE, MORDISCO, BESO, ROCE, MORDISCO, BESO.
Cuando estuve a su lado me preguntó que si quería beber algo. Una cerveza, dije. Aunque me sienta mal y me produce muchos gases. Me miró y dijo serio que me tenía que pedir un favor. Mientras hablaba me acariciaba el cuello con la mano y me metía los mechones sueltos por detrás de la oreja. Yo me bebía la cerveza demasiado rápido.
Tobías cuando estaba serio bizqueaba más. Y entonces pensé: a lo mejor es tímido y quiere un beso, o pedirme salir, o confesar que soy la chica que más le ha gustado en su vida. Y el cada vez más bizco y yo cada vez más nerviosa. Hasta que una frase resolvió todo. Tan sólo quería que le prestara mi cheque. Necesitaba el dinero porque se había metido en una historia muy rara que no me contaría. Tenía que confiar en él y darle el cheque sin preguntar.
Entonces, me acordé del poeta graffitero y de lo que veía todas las tardes tras la barra: ELIGE TU DESTINO
Le dije que me pidiera otra cerveza mientras me lo pensaba.
La segunda me la bebí mucho más rápido que la primera.
Cuando abrí la boca para decir no, me salió un “Vale. Si” tras un eructo gigante que hizo que el camarero que nos atendía se diera la vuelta…
A los pocos días el graffiti de enfrente del teatro cambió. El poeta graffitero había dibujado a una chica preciosa con unas gafas grandes y alas en la espalda. Al lado AMAR ES SUFRIR.
El imbécil lo podía haber pintado antes.




miércoles, 15 de abril de 2009

ROCE, MORDISCO, BESO

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En el colegio jugábamos a rescate y me gustaba Melchor. A su lado me desmayaba de mentira como las actrices. Al contrario que en las películas, siempre mordía el suelo, ante su mirada despectiva que escribía en mi frente: “qué imbécil eres”.
En la culpabilidad de mi estupidez está la penitencia.
El grado más amplio de mi tontería lo alcancé en el verano que trabaje en el teatro Pavón. Solía llevar la coleta bien alta, como el pavo que tenía.
La segunda semana de agosto el técnico de sonido se fue de vacaciones y en su lugar vino un precioso príncipe patillero, con un defecto sin importancia: era un poco bizquito.
Tobías, además de guapo, era simpatiquísimo, y tenía una sensibilidad especial para el mundo de los complementos. Distinguió perfectamente mis tres juegos nuevos de pendientes y apreció con bastante acierto la diferente gama de colores de mis collares. Simplemente era mágico. De repente venía y me decía:
- No puedo estar mucho por aquí, peque... pero al menos intento venir un ratito todas las noches. Hay tantas cosas que hacer por aquí...
Y me miraba de manera bizquita y entonces pensaba que el mundo sólo podía ser estrábico.
- Sabes linda - me decía - eres absolutamente inclasificable. Un día de estos te vas a dar un respiro conmigo.
Y entonces sólo podía soñar con respiros y con él.
Alguien por aquellos días llenaba las paredes con sus pintadas, teníamos un poeta graffitero en el barrio. Había pintado un ELIGE TU DESTINO gigante enfrente de la pared del bar. Todas las tardes bromeábamos con aquella frase mi compañero de barra y yo.
El señor Antonio, no paraba de darme la brasa, que si cuidado con ese chaval, que no tiene buenas referencias, que si le han cogido para trabajar porque no había otro disponible, que si anda con malas compañías. El señor Antonio era un torrijero total.
A mí me daba igual. Existía Tobías, su tatuaje en el brazo derecho y los días que se dividían en si hablaba con él o no.

Una noche, cuando estaba terminando de recoger y me iba a casa, descubrí que habían dejado una notita en mi taquilla. Me empezaron a temblar las rodillas. Me tuve que sentar en el suelo para leer. Abrí la nota, respiré emocionada:
ROCE, MORDISCO O BESO
(Continuará...)

martes, 14 de abril de 2009

MEDARDO FRAILE


Entraron aprisa en el café y se sentaron. La impaciencia les encendía los ojos al dejar el paquete sobre la mesa. Ella, apenas sentada, comenzó a abrirlo, mirando con amor, alternativamente, la cinta roja sobre el papel y el rostro de él con ligero orgullo protector y expectante. -¿Qué van a tomar?-Café con leche. ¿Y tú?-Lo mismo.En la mesa apareció con pastas de color azul marino, como el traje de los días señalados, el álbum de las chocolatinas. Era un gran día. Habían hablado de él como se habla de cuando llegará un niño. Aquel álbum representaba el tesón del novio en su niñez, que había reunido una estampita tras otra hasta cubrir todas las ventanillas sin paisaje de aquel libro difícil. Sus compañeros de colegio -él lo recordaba- habían dejado en el álbum huecos de desamor y desidia. Y el álbum, ahora flamante sobre la mesa, mostraba la solicitud en el tiempo de un hombre cuidadoso, fiel toda su vida a sus más inocentes alegrías, al objeto de su ilusión más nimia. Para la novia, aquel álbum implicaba tesón y constancia. Tenían sobre la mesa el café con leche del amor humilde, pero tenían también dentro del libro las maravillas todas del Universo, y se pusieron a deshojarlas con lentitud amorosa, como si en ello les fuera su felicidad, el sí o el no. -No: hoy "Las Mariposas", no -decía ella con tremendo gozo-. Hemos visto ya "Los Grandes Inventos". Cada hoja les aproximaba, día tras día, un poco más. El día de "Las Mariposas", ella balanceó sus pestañas en el aire hacia un hombre joven que estaba enfrente sentado, y él-el novio&- tuvo celos. Pero ella ni había mirado siquiera a aquel hombre: quería simplemente mariposear con sus finas pestañas. El día de "Las Aves Domésticas" proyectaron un canario naranja transparentándose en el hogar que tendrían, en la ventana con sol: "Mejor, blanco", insinuaba él. "No, tiene que ser naranja", decía resuelta ella, entornando los ojos como si le dañara el agridulce color del pájaro. En "Las Aves Exóticas" pusieron sobre el pelo de ella, suave, un sombrerito atrevido de vistosas plumas en una tarde con risa en el mundo, y champaña y "confetti". En "Flores para Regalo" él la obsequió con doce tulipanes para que no olvidara alguna cosa. Al llegar a "Animales Prehistóricos", tuvo ella miedo y se acercaron más. Él quiso continuar más días viendo "Los Animales Prehistóricos", pero ella se negó y entró en la hoja rutilante de"Las Piedras Preciosas". Ante "Las Piedras Preciosas" él anduvo receloso por sentimiento atávico. Veía en los ojos de ella cierta cortesana desfachatez, ciertas desmesuradas pretensiones, que le tuvieron en desazón toda la tarde y que interpuso entre ellos una pastosa frialdad anfibia. En "Las Algas" enredaron sus dedos, manos, brazos, miradas y palabras. Con "La Evolución del Automóvil" lo pasaron bien, dieron saltos y frenazos bamboleantes sobre sus sillas. Con "Las Fieras" se identificó ella de tal forma, que los ojos se le llenaron de instinto y él se encontró como un domador trágico que de un instante a otro podía perecer. Con "La Fauna del Mar" cruzaron una y otra vez por los ojos de él y de ella los peces cariñosos, perezosos, suaves, del amor, y estuvieron pasando toda la tarde mansa, humildemente. Al llegar a "Las Frutas", ella, con un rubor, posó su mano sobre las manzanas para que él no tuviera ningún pensamiento avanzado, para que no pensara como Adán. Terminaron el álbum, y estaban tostados y palpitantes como después de un largo viaje. Era como si volvieran con los mismos recuerdos de una luna de miel respetuosa. Ella esperó todos los días -sobre todo el último- a que él dijera: "El álbum para ti, te lo regalo." Pero no lo hizo. Llenar aquel libro de cromos había sido la gracia de su niñez, le había proporcionado entrada de honor en todas las visitas. Y cogió su álbum y se lo guardó. Ella, de haberlo tenido, le habría devuelto su regalo en palabras llenas de entendimiento y colores, en experiencia del mundo, en primores de planta y honduras de mar. Pero así las tardes fueron enfriándose, se aburrían y hacían tos de las palabras rotas. Y un día ella -que se había enamorado de aquel álbum- le dijo adiós a él. Y él tendrá que sacarlo de nuevo en su vida, cuando llegue la hora, sin atreverse a regalarlo nunca.

MEDARDO FRAILE (EL ÁLBUN DE CUENTOS DE VERDAD)

lunes, 13 de abril de 2009

UNA DE SOL Y OTRA DE SUEÑOS


Hoy he soñado que me tenía que levantar para ir al colegio, con aquella edad.
No supe cuando empezó, ni cuando se convirtió en un pájaro que por no volar quedó con las alas atrofiadas en la jaula de la nostalgia. La adolescencia supongo que es así para todos. Tiempos que no se perdieron entre tantos olvidos y la sensación de haber sido alguna vez heroína de amaneceres escondidos tras la noche. En aquellos momentos aprendíamos que la vida es una moneda de buenos amigos donde se perdían tibias las horas y se cargaban las pilas de los sueños, que siempre corrían más rápido que nosotros pero que al doblar esquinas todavía se podían encontrar. Nos escondíamos de los ojos de la soledad y todavía no dolía el olvido. La curiosidad y la gula por la vida era el único mal que podía hollar el alma. Quedábamos para sacudir tintos dudosos y concretar ilusiones a media luz en aquella comunidad de socios cómplices y entendimientos tácitos: una de sol y otra de sueños.

sábado, 11 de abril de 2009

HISTORIAS DE VUELTAS

Estos días me he acordado de ella. Estaba en la biblioteca de la Casa Encendida y ya me iba cuando una voz aguardentosa y ronca me entretuvo. Era una señora con unos rasgos bellos. Venía también a devolver unos libros. Dijo que eran de su pareja y que los traía ella porque su novio había fallecido la semana pasada. Las chicas del mostrador y yo nos quedamos en silencio. Era muy guapa y olía a alcohol y en sus ojos había una profunda tristeza. Yo la miré, me puse nerviosa y sonreí. Cuando no sé que hacer sonrío, es como una retaguardia estúpida que salta en mí cuando no sé que decir. Sé que a veces eso me hace parecer bastante idiota. Ella también me sonrió pero no me pareció nada tonta. Preguntaba a las bibliotecarias si se acordaban de él- es que venía tanto por aquí. Estuve a punto de decir que sí, que le conocía y de inventarme que me había hablado de ella o yo que sé. Se la veía tan sola... pero había ido a devolver los libros. Sé como se llamaba porque no se me ha olvidado. Luego dijo que ella también quería hacerse socia de las Casa Encendida y pensé que quizá en alguna ocasión cogería los libros que él había leido. Ya me iba y me salió acariciarle el ánimo y le toqué el hombro y dije una de esas frases estúpidas de consuelo. Cuando bajaba las escaleras oí que comenzaba a llorar.

miércoles, 8 de abril de 2009

AMBIGÜEDADES


MUSEO REINA SOFIA

Primera planta, exposición de Zobel.

El ascensor acristalado le remite a la plaza, cuenta los escalones y aquellos momentos. Su pelo revuelto, retorcido y aspero; salvaje. El viento que roza a los transeúntes y su aliento.Unos jóvenes se abrazan con la dulzura de aquellos besos. Los pendientes estrafalarios de una muchacha y sus orejas. La tarde agoniza y el tiempo ya no existe entre las paredes transparentes.
Vuelve al interior y encuentra lo que buscaba fuera. Aquello que nunca pudo nombrar. No se siente culpable. Hizo lo que le dió la gana porque ella se lo permitió. Oscila... entre sus labios, dientes, manos y esos ojos francotiradores, que desprenden luces largas a los que vienen en sentido contrario.
Ella piensa en aquellos domingos muertos como paredes vacías.
Él sonríe... si tuviera cola como un perro, la agitaría.

lunes, 6 de abril de 2009

CINCO CENTÍMETROS POR SEGUNDO

¿Cuándo empecé a escribir mensajes que nunca envío? ¿A qué velocidad debo vivir para volverte a ver?
Después de graduarse en escuela primaria, Takaki Tono y Akari Shinohara fueron por caminos separados a pesar de lo que sentían el uno por el otro. Lo unico que pasó entre ellos fue el tiempo. Un día, en medio de una tormenta de nieve, Takaki finalmente fue a ver a Akari... La película consta de 3 historias que narran varias etapas desde distintos puntos de vista: "Extracto de Flor de Cerezo", "Cosmonauta" y "5 centímetros por segundo".
Se puede ver un poco en esta canción “One more time, one more chance”, de Yamazaki Masayoshi. (Aquí podéis verla con subtítulos en español y con escenas de la película).
- “¿Sabes? Escuché que son 5 centímetros por segundo”
- “¿El que?”
- “La velocidad con la que caen los pétalos de la flor de cerezo, son 5 centímetros por segundo. No crees que se parece un poco… a la nieve.
Hay un antiguo proverbio que divide la vida en cuatro emociones: la felicidad, el placer, el dolor y el amor.
Las cosas que no puedes cambiar, acaban cambiándote a ti.