lunes, 31 de agosto de 2009

OBJETIVO

"He decidido enfrentar la realidad.
Asi que apenas se ponga linda me avisan"
Felipito (Quino).

jueves, 27 de agosto de 2009

JAMÁS TE PREGUNTARÉ SI ME DESEAS (JEAN SEBERG)

La tristeza ¿la provocan los que desean todo o los que son incapaces de desear? Jean Seberg, la americana más francesa del cine, nació en el poco glamorouso estado de Iowa. Otto Preminger fue quien la descubrió. Su primer papel fue Juana de Arco y un año después encarnaría uno de sus papeles más relevantes con el mismo director en Buenos días Tristeza basada en la famosa novela de Françoise Sagan. En un principio el papel iba a ser para Audrey Herpburn. Nunca se sabrá como lo hubiera interpretado, pero Seberg lo encarnó de forma tan convincente que consiguió poner a la crítica de su parte, pasando a ser, con tan sólo dos películas, una actriz reconocida.


La protagonista fue reclamada por Jean-Luc Godard, para interpretar su ópera prima, Al final de la escapada,  junto a Jean Paul Belmondo. Este film también le aportó fama y reconocimiento por parte de la crítica europea. Hizo más pelis pero no voy a hablar de todas. En poco tiempo se convierte en la chica de moda y en un referente para las jovencitas, que imitan su pelo corto a lo garçon, y su forma de vestir. Los hombres sueñan con un nuevo tipo de mujer.

Rica y famosa, se casó con el novelista y diplomático de origen lituano Romain Gary, con quien mantuvo durante diez años una relación de amor y desamor. Era la vieja estampa del intelectual, sabio y maduro, y la joven diosa, la cazadora solitaria en que habría de convertirse pronto. Jean Seberg fue una mujer tempestuosa: vivía en el abismo de la pasión, en el límite de una enajenación inicialmente controlada, y poesía una lunática y poderosa personalidad. Tuvo muchos amantes. Me interesan especialmente dos: Carlos Fuentes y Ricardo Franco.

Por alguna razón en los homenajes a Carlos Fuentes se ha omitido la mención de uno de sus libros. Diana o la cazadora solitaria es el titulo de ese libro, quizás uno de los mas personales. En él, el autor no escatima ni deja nada al aire. Es directo y solo en ocasiones cambia algunos detalles. Lo que ocurrió entre Carlos Fuentes y Jean Seberg tuvo que ser algo muy profundo. De su relación con Jean Seberg se sabia muy poco hasta la publicación del libro:
“Quiero ser franco en este relato y no guardarme nada. Puedo herirme a mí mismo cuanto me guste. No tengo, en cambio, derecho de herir a nadie que no sea yo, a menos, en todo caso, de que primero me entierre yo mismo el puñal, que amorosomante, acabo compartiendo con otra. Señalo, de arranque, los temores que me asaltan. Trato de justiciar sexo con literatura y literatura con sexo.
Pero el escritor --amante o autor-- desaparece. Su relación con Luisa Santiaga--Rita Macedo es clara. Mientras no están juntos, él está con otras mujeres. Tras la decepción con el ligue de turno regresa con su esposa, ¿una victoria inapelable sobre los amores pasajeros?
Con Rita Macedo había conocido el éxito de sus primeros libros. Eran una de las parejas del boom latinoamericano que se reunían en fiestas, junto con García Márquez y Mercedes Barcha, Mario Vargas Llosa y Patricia Llosa. Por su condición de actriz de cine, Rita era la mas glamorosa.
Diana entra en el libro de la siguiente forma:
“La miré. Me miro. Luisa nos miró mirándonos. "
Mi esposa se acerco y me dijo a boca de jarro:
-Creo que debemos irnos.
- Pero si la fiesta aún no empieza-proteste.
-Para mí ya terminó.
-¿Por la explosión? No me pasó nada. Mira. Le mostré mis manos tranquilas.
-Me prometiste esta noche.
-No seas egoísta. Mira quien acaba de entrar. La admiramos mucho.
-No pluralices, por favor.
-Quisiera hablar con ella un rato.
-No regreses demasiado tarde-arqueó la ceja, reflejo casi inevitable, pavloviano, genético, en una actriz mexicana.

Así empieza la historia de amor, que sube y baja por una espiral de confesiones, gestos, sonrisas y sexo.

Fuentes, la describe como una mujer muy activa sexualmente, que aún estando casada, buscaba en las tabernas relaciones con otros hombres, y consumidora habitual de drogas y alcohol. Me gustaría encontrar le descripción que Jean hizo sobre él...

Comprometida con el movimiento hippie y con los derechos humanos se la llegó a a asociar con "Los panteras negras".Su relación con ese grupo la llevó a ser investigada por el FBI para determinar hasta que punto llegaba su compromiso con ellos.Corrió también por aquella época, el rumor de que sehabía quedado embarazada del líder esa organización. Fuera o no cierto, su hijo no llegó a nacer. Las fuertes presiones a las que se vió sometida a causa de la investigación del FBI, y su consumo reiterado de estupefacientes, hicieron que el bebé naciera muerto (en algunas biografías se dice que vivió dos o tres días). Sobre este hecho corren diversas versiones. Una de ella, carga las tintas en la parte trágica de esa frustrada maternidad. Según esa versión, Jean Seberg fotografió más de un centenar de veces el cadáver del bebé, y cada año, desde esa fecha (ocurrió en 1971), intentaba suicidarse sistemáticamente ese mismo día, hasta que por fin lo consiguió en 1979. Fuera esto real o no, si que su inestabilidad emocional parece que la llevó a intentar el suicidio en diversas ocasiones.

Hace un tiempo salió a la luz una relación (no confirmada por ellos en vida) con el desaparecido director Ricardo Franco (que no dirigió El Desencanto) y que parece motivó años después el guión de Lágrimas negras, la que sería su póstuma película, ya que falleció de un infarto, a los 49 años, sin haber llegado a terminarla. Fue para él una experiencia increíble: Jean Seberg, que nunca fue una gran actriz, seguía siendo una criatura irresistible, una leyenda de carácter insondable y aniquilador. Subyugante, sin duda, tierna, díscola, rebelde. Era un doloroso misterio y quizá un naufragio continuo como ser humano. Ni Ricardo Franco ni Carlos Fuentes pudieron olvidarse de ella, ni siquiera Gary que se suicidó en París en 1980, un año después de la muerte en extrañas circunstancias de Seberg:


La locura le estuvo rondando hasta su muerte. Se dice que pasaba por etapas en las que sólo quería alimentarse de comida para perros, o en ocasiones se la veía salir desnuda de baños públicos. Seberg apareció muerta en un Renault el ocho de septiembre de 1979, envuelta en un poncho (una prenda que demuestra de manera eficaz que esta chica no estaba en sus cabales: toda mujer que lleve poncho acaba mal… y empieza peor), con el cuerpo que era un mapamundi de quemaduras de cigarrillos y una nota de suicidio.
Sinceramente me fascina la odiosa e inasible libertad de los ángeles turbios.


miércoles, 26 de agosto de 2009

TAL Y COMO...

Si pudiera verme así: esperándole, horas antes, mucho antes de que llegue, buscando cualquier señal o sonido suyo. Vería lo entusiasta que soy. Vería la desesperación en mi pecho. Si pudiera verme ahora, desde la distancia, sin que yo supiera que me está mirando, me vería tal y como soy.
SAM SHEPARD, «Convulsión»

martes, 25 de agosto de 2009

EL HOMBRE ES UN ANIMAL COMPLICADO



Tengo un vicio confesable, otros no. Todos los días miro más de una vez premiosliterarios.com. Cuando empecé a escribir me moría de ganas por salir en ella. Todas las mañanas cuando llegaba al polígono me sentaba frente al ordenador y ponía Rosa Aliaga ganadora. ¿Qué pasa? Puedo gastar mi estupidez como me de la gana.



Y así de todas las veces me he hecho amiga de Manuel Terrin Benavides y cuando gana de nuevo un premio es como si lo ganara yo. A veces hemos ganado los mismos premios y para mí es como ganar una doble medalla de oro.



El hombre es un animal complicado dice en uno de sus cuentos. Algún joven concursante le ha llamado 'cazapremios'. «Y yo les digo: Claro que lo soy; ¿qué hay de malo en eso?». Así de claro lo tiene Manuel Terrín. De 76 años y con 1.530 concursos ganados, considera que su talento para la poesía es «algo innato».



De niño trabajó como pastor y más tarde, a los 18 años, como barquero. Los ingresos de este trabajo le permitieron pagarse un maestro que le daba clases particulares por la noche. Luego estudió Electrónica. «No tenía medios ni de lejos para hacer una carrera. Estudié el equivalente a la Formación Profesional de ahora. Tenías que saber qué era un vatio para entrar de aprendiz en algún sitio», asegura Terrín. Cuando empezó a desarrollar su afición por los versos, se consideraba un «poeta dominguero». «La verdad, también aprovechaba para escribir los ratos que me dejaba libre el trabajo», reconoce. Guardaba sus poemas en cuadernos y carpetas hasta que un amigo le animó a presentarse a un concurso. «Yo tenía un gran complejo, pero me presenté al primero y lo gané. Ahí empezó todo, en el año 70», recuerda. Al principio ganaba entre 12 y 15 al año, y ahora llega a los 70. El poeta, que vive en Albacete desde hace más de cuatro décadas, desmiente que se pueda vivir de los premios. «Hay veces en las que sólo te dan un trofeo o un diploma. Las cuantías grandes son para los libros, pero ya no tengo ganas de escribirlos.



Y sigue siendo un perfecto desconocido. Yo no encuentro nada más literario que Manuel Terrin y es que el hombre es un animal complicado.



En La lotería de Babilonia, Borges describe un sistema de apuestas dedicado a repartir la mala suerte, de modo que los agraciados se quedan sin trabajo o pierden una mano, dependiendo de lo afortunados que sean. El éxito de esta lotería negativa es tal que el Gobierno, consciente de que su obligación es facilitar el acceso a la desdicha a todos les contribuyentes, con independencia de sus recursos económicos, se ve obligado a universalizarla como una especie de Seguridad Social, con cargo a los Presupuestos Generales.



Afirma Millás: "Parecía que algunos premios literarios cumplen en la actualidad una función adversa. Un señor gana un concurso de narrativa convocado por la Diputación de Toledo, pongamos por caso, y no se entera ni su padre, no digamos el New York Times. Paradójicamente, es menos famoso que antes de ganarlo, con el agravante de haberse embolsado quinientas mil pesetas, o cinco millones, según la crueldad de Ayuntamiento que lo convoque. Muchos pensarán que eso sucede porque hay más premios que escritores o porque la noticia no es que alguien publique un libro, sino que muerda el lector. Pero no es por eso, sino porque vivimos ya en la Babilonia de Borges sin saberlo. "



Me gusta pensar que premiosliterarios.com es la tumba de los escritores desconocidos. Yo quiero su oficio y pertenecer a su clan.

miércoles, 19 de agosto de 2009

CUIDADO CON LO QUE MIRAS


Tal día como hoy en 1839 se anunció que la fotografía había sido inventada en la ciudad de ParÍs.
La cámara es el único ojo viejo que tatúa para siempre una mirada eterna.
Las definiciones tienen que reducir la realidad que explican a través del lenguaje. Estas imágenes cuentan lo que sucede en los márgenes, en la frontera de la definición, donde los retoques pueden alterar el sentido o ampliarlo. Con un golpe de vista se puede atisbar el contorno de la realidad que se quiere contar. ¿Se mira como se fotografía o se fotografía como se mira?
Todas las historias tienen nombre y todas las fotografías historia. La foto de hoy también.

Kevin Carter era fotografo. Su trabajo más importante fue la fotografía de una pequeña niña sudanesa famélica tras la cual se encontraba un buitre al acecho. La fotografía fue publicada por primera vez en el New York Times el 26 de marzo de 1993 y posteriormente recorrió el mundo entero. Carter recibió por ello el premio Pulitzer.

A mediados de marzo de 1993, Carter viajó con su colega Joao Silva, un mozambicano recriado en Sudáfrica, al sur de Sudán, un lugar acosado por las hambrunas y el terror de la guerra desde la llegada al poder de los radicales islámicos. Carter y Silva eran dos de los cuatro fotógrafos conocidos en Johanesburgo como el Club del Bang-Bang, al que también pertenecía Oosterbroek. Estaban especializados en retratar la brutalidad durante el fin del apartheid en suburbios como Soweto o Thokoza. Pertenecían a esa clase de reporteros que no se amilanan ni cuando la muerte les mira de cerca o la sangre les salpica la lente. Así ayudaron a enterrar al régimen racista de Pretoria.

Cuando Carter y Silva llegaron a Ayod, entre infectos pantanales, a unos mil kilómetros del lugar civilizado más cercano, el poblado funcionaba como feed-center, un centro de alimentación de la ONU. Unas 15.000 personas exhaustas que huían de los combates, con grave desnutrición y enfermedades como la malaria, el kala azar (leishmaniasis) o el gusano de Guinea, se concentraban allí y aquello era un verdadero festival de ayuda humanitaria. Silva y Carter, cada uno por su lado, hicieron fotos toda la mañana de aquel espanto. Cuando se reencontraron, Carter le describió la escena y se sentó a llorar: esperó 20 minutos a que el buitre entrase en plano, hizo la foto, espantó al bicho (o no, qué más da) y se marchó.

Durante el año siguiente, Carter se vio alanceado con dilemas y acusaciones obtusas, cuando no estúpidas, de quienes jamás han pisado un escenario semejante, incapaces de imaginarse una realidad tan atroz como la del sur de Sudán, pero que parecían hacerse cargo del vértigo terrible que expresaba su foto. Un insensato llegó a escribir: «El hombre que ha ajustado su lente para captar esa foto es otro depredador, otro buitre en la escena».

Carter acudió a toda clase de foros para ofrecer su versión de lo sucedido, pero para entonces su vida era un completo desastre. Muchos años antes había intentado suicidarse, fumaba White Pipe, una mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos, tenía graves problemas familiares y una personalidad desordenada, perdía sus carretes de fotos en aviones y aeropuertos, arrastraba depresiones, llevaba una vida caótica y tenía acumuladas demasiadas experiencias trágicas en la retina.

Por si fuera poco, el 18 de abril de 1994, Carter dejó a su amigo Oosterbroek y demás bang-bang de guardia en un suburbio de Johanesburgo y se marchó a conceder una entrevista a un colega, pues seis días antes le habían comunicado la concesión del Pulitzer por la foto de la niña y el buitre. En la radio del coche escuchó que Oosterbroek y Marinovich habían sido heridos en una refriega nada más irse él. Voló hacia el hospital, pero Oosterbroek había fallecido. Las preguntas estúpidas siguieron. Y los imbéciles, como carroñeros, haciendo de las suyas.

Kevin Carter se quitó la vida dos meses después cerca del río donde jugaba cuando era niño, después de aparcar su furgoneta y enchufar una manguera al tubo de escape. Carter recogió su Pulitzer y el día 27, a la vuelta, anotó en un papel que dejó en el asiento del copiloto: «He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría… Estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken…». El dióxido de carbono de su vieja furgoneta puso el resto, pero no sabemos hasta cuándo los opinadores y moralistas seguirán haciéndole pagar a Carter que nos diese ese aldabonazo y ese susto en la conciencia. De todos modos, los niños y los buitres seguirán estando allí. Aunque Carter ya no esté para retratarlo.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Películas

A Amélie le gustan los encuentros fortuitos…


Y le gusta la lluvia…


Le gusta dejar propina a los músicos callejeros aunque sean los gramófonos quienes hagan sonar la música…



Y romper con una cuchara la corteza de la crema catalana…





A Amélie le gusta mirar a el rostro de la gente en mitad de la proyección de una película…




Y le gusta ver lo que nadie más es capaz de ver…







Y hundir su mano en un saco de legumbres…







Y hacer rebotar las piedras en el lago…







Y fotografiar nubes con formas de animales…











Amélie le gusta imaginar su propio funeral y que todo el mundo la quiere… Pero lo que realmente desea Amélie es que alguien la quiera, abrazar su espalda y recorrer las calles de París en una moto polvorienta…






















...

Me aburro ...
Hot town summer in the city...

Annie Hall

¿Conocen este chiste?:
Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una: vaya, aquí la comida es realmente terrible. Y contesta la otra: sí, y además las raciones son tan pequeñas...
Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza.. y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa.
Woody Allen, en Annie Hall

jueves, 6 de agosto de 2009

AHORA

El problema ahora
es que hay muchos vigilantes
y pocos locos.
El problema ahora
es que la jaula
está en el interior del pájaro
DAVID ELOY RODRÍGUEZ

miércoles, 5 de agosto de 2009

EQUIVOCACIONES

A veces ver el destino da resultado, sobre todo en pasado. Entonces es difícil olvidar. Cuantas veces me equivoco. Puede pasar cualquier cosa pero siempre vuelvo a la equivocación, que sabe lo que es, que sabe que no es...
Y cuando fuimos ángeles
¿recuerdas?
Entonces una noche era la vida
y la vida un vacío misterioso
donde nadie sabía qué inventar
para seguir en pie,
como si nada.
Entonces era aún un todavía
que todos esperábamos cumplir.
Todavía era pronto y eras joven,
todavía aprendías del error.
Hoy no queda siquiera el todavía
de cuando fuimos ángeles
¿recuerdas?
El amor era un vicio necesario,
la mentira un placer a ciertas horas
y el adiós no existía para nadie.
Entonces hasta el mar era una excusa
a la que regresarse siempre en sueños.
Y cuando fuimos ángeles
¿recuerdas?
Cómo hablabas del tiempo sin nostalgia,
cómo mirabas todo sorprendido
y hasta la misma lluvia parecía
querer contarnos algo aquellas tardes.
Y cuando fuimos ángeles
¿recuerdas?
Cómo juré quererte sobre todo.
Ahora todo ha pasado para siempre
- hace ya tanto rato en este instante -.
No queda ya ni un ángel que recuerde
que estuvimos allí, batiendo alas.
MACARENA TRIGO