martes, 6 de abril de 2010

LA PROLACTINA


Alicia había empezado a pensar que muy pocas cosas eran imposibles. De niña se había sentido fascinada con aquel cartel de preciosas letras mayúsculas: BéBEME. Y claro, bebía, porque cuando lo hacía todo cambiaba de dimensión y perspectiva.
Le encantaba fingir que era dos personas al mismo tiempo. Ya casi no quedaba nada para ser una persona completa. Una persona mayor es casi menos.
Fue todo por culpa de la prolactina. La prolactina es una hormona que siempre hace su trabajo. Todos sabemos que esta hormona da ganas de hacer pis. Alicia siempre que veía a un hombre con ojos de perdedor se enamoraba de él. Era culpa de la prolactina y las ganas de hacer pis. Si alguna vez vais a un baño y está lleno de chicas mirad alrededor, en algún lugar tienen que estar todos los hombres con relleno lacasitos y ojos de perdedor.
Llorar no sirve de nada. Normalmente Alicia se daba consejos muy buenos. Cuando bebía de niña, los consejos se los daba El Gato de Cheshire, aquel bicho parecía que se había comprado los dientes en un todo a cien.
Ya era mayor pero seguía perdiendo latitud y longitud. Estaba segura que eran unas palabras muy importantes, bonitas de decir pero muy complicadas de entender.
Cuando no pudo con las ganas de hacer pis, la prolactina y los ojos de perdedor, comenzaron a rodar cabezas a la hora del té. La prolactina siempre hace su trabajo.