martes, 18 de mayo de 2010

LA MUSA DE LOS EXCESOS

Era agosto. En Madrid, a las cinco de la tarde y en la calle, tan sólo se encontraban las motitas perladas de sudor que florecían en la boca de la Niña Clavel. No era una reunión de trabajo, pero todos acordaron quedar allí para convertir El Central en un chiringuito de playa y acera. Estaba cansada. Había desgastado el verano en cenas con hombres sin heridas ni pensamientos profundos. Allí se encontraron. La Niña Clavel, todavía podía decir tranquila la edad que tenía, el cuerpo de él, ya superaba la suya. Hay personas que castigan la noche con todas sus ganas y sus venas. Había un torero judio, un mejor amigo y una muchacha que ponía miel a las frases banales. No podía quitar la vista de su pecho y su pegatina: Biblioteca Nacional. Él movía sus manos como si fuera el aire acondicionado de la sala y bebía como si su cuerpo tuviera la sequía de un erial. Cogió una servilleta y le escribió:
- Eres la serpiente más bonita del país de las hadas.
Ella garabateó al lado:
- ¿Todo imaginación?
Ya no hubo más tarde sin ellos y toda la conversación se convirtió en un nosotros tan de mentira como las películas de sobremesa de Antena 3. Era un Don Quijote bello y moderno, abstraído y abstracto, alargado y genial. En cada uno de sus movimientos dejaba claro y latente el Prohíbido.
Desde entonces la Niña Clavel sabe que es para los politóxicomanos lo que la Pasionaria para la revolución social. Ser la musa de los excesos es un peso muy grande. A veces no es bueno ponerse rimmel, los daños colaterales acaban estropeando el pelo y otros aspectos que ni siquieran son poéticos.
Hoy mi amigo Oscar, uno de mis poetas preferidos, habla de "Proyecto N" en su blog. Me ha hecho mucha ilusión y lo quería compartir con todos.
Te dejo muchos besos querido hombre azul.