domingo, 23 de mayo de 2010

LA VIDA DEBE SER UNA LOCURA

María Luisa gastaba cientos y cientos de euros en ropa interior, en gimnasios, en masajes, en cremas. Todo le parecía poco para gustar a su marido.

Julián últimamente llegaba tarde a casa e intensificaba esa capacidad que tiene el esposo de subestimar a la esposa.

María Luisa jamás habría imaginado que Julián andaba absolutamente fascinado con la nueva secretaria, una joven destartalada, con pelo amarillo fingido y aspecto de extrarradio:

─ Esta es la última vez ─ decía la secretaria mientras repasaba la suciedad de sus uñas con la tapa del bolígrafo bic.

─ Vale, esta es la última vez, como siempre ─ susurraba Julián intentando aplacar y aplicar su intensa erección.

4 comentarios:

  1. complejo...o demasiado simple, me falta humor para entender estas situaciones en la vida real.

    Adoro la palabra, me gusta la lealtad.

    (y me da bronca el fayuto y la mugrienta!!!)

    ResponderEliminar
  2. Parece que las erecciones no entienden de belleza ni sentimientos, sino de bajos instintos... Pasión animal, o sea, humana

    ResponderEliminar
  3. Pobrecita la legítima, que se quedó sin dinero para vestidos, después de gastárselo todo en cosméticos

    ResponderEliminar
  4. Gracias a que no tengo ni erecciones, ni jefe.
    Voy a ver que me dicen en el Ministerio de Igualdad...

    ResponderEliminar