María Luisa gastaba cientos y cientos de euros en ropa interior, en gimnasios, en masajes, en cremas. Todo le parecía poco para gustar a su marido.Julián últimamente llegaba tarde a casa e intensificaba esa capacidad que tiene el esposo de subestimar a la esposa.
María Luisa jamás habría imaginado que Julián andaba absolutamente fascinado con la nueva secretaria, una joven destartalada, con pelo amarillo fingido y aspecto de extrarradio:
─ Esta es la última vez ─ decía la secretaria mientras repasaba la suciedad de sus uñas con la tapa del bolígrafo bic.
─ Vale, esta es la última vez, como siempre ─ susurraba Julián intentando aplacar y aplicar su intensa erección.
complejo...o demasiado simple, me falta humor para entender estas situaciones en la vida real.
ResponderEliminarAdoro la palabra, me gusta la lealtad.
(y me da bronca el fayuto y la mugrienta!!!)
Parece que las erecciones no entienden de belleza ni sentimientos, sino de bajos instintos... Pasión animal, o sea, humana
ResponderEliminarPobrecita la legítima, que se quedó sin dinero para vestidos, después de gastárselo todo en cosméticos
ResponderEliminarGracias a que no tengo ni erecciones, ni jefe.
ResponderEliminarVoy a ver que me dicen en el Ministerio de Igualdad...