viernes, 23 de julio de 2010

A VECES

Quería contar algo interesante, como esas historias que pasan en las series de televisión, que son interesantes, precisamente, porque no suelen ocurrir. En una vida normal y corriente, hay situaciones que no llegan, y si suceden, aparecen a una escala tan pequeña que resultan desprovistas de gracia.
¿Qué podría ser interesante a estas alturas?
Entonces, no había series. La películas que veíamos, siempre me parecían un rollo, no entendía nada, no me podía concentrar. Sólo podía sentir el calor de su cuerpo en la butaca de al lado. Es bonito sentir el calor del cuerpo de quien te gusta. Después, caminábamos y reíamos. Los dos habíamos hecho cosas que no podíamos contar a nadie. Lo sabíamos. Por eso no parábamos de hablar de cualquier tontería, como si no hubiera ocurrido nada. Paseábamos, uno al lado del otro, contentos y felices. Sin darnos cuenta, a veces, nos cogíamos de la mano.