miércoles, 3 de noviembre de 2010

FILM

Me gustan mucho las pelis antiguas en blanco y negro de cine mudo. Porque mi vida a veces parece eso, una película de cine mudo en la que todo se acelera y sucede muy rápido. Entran y salen personajes, los dejo actuar, les digo que se vayan, deciden irse... Me parece todo increíble porque soy la directora, pero no existe guión y nadie grita “corten”. Y de repente  nadie da las luces, ni dice acción ni adiós, y así la verdad es que es un rollo ser la directora, porque en realidad quizá nadie lo sepa, salvo yo. Y si te nombras y los demás no lo saben, quizá no sea una realidad que existe.

Pero volvamos a las películas antiguas mudas en blanco y negro. Buster Keaton era el mejor, sin duda. La última aparición pública de Keaton fue en el Festival de Venecia de 1965, presentaba la que sería su última película Film, de Samuel Beckett, dirigida por Alan Schneider. Cinco meses después falleció en su casa de Los Ángeles, sólo y un poco alcoholizado, No he podido ver nunca la peli, aunque sé de que va porque lo leí en un libro. Dura menos de media hora y, claro, es muda. Un hombre, en una habitación, pone fin a su vida. No se ve cuando muere ni como se mata, pero después de esa media hora ya nunca habrá nada más.

No he visto la peli, pero sé lo que hay en la habitación: una cama, una manta, un espejo, una mecedora, un gato y un perro en un cesto, un pez en una pecera y un papagayo en una jaula. Un arca de Noé mezquina y llena de soledad, pero no importa, porque la habitación os la tenéis que imaginar desnuda y vacía. Hubo un tiempo pasado, pero resulta muy lejano y está perdido sin memoria.

También sé lo que sucede, en los libros se puede leer casi todo. Con gestos ansiosos y llenos de terror, perseguido por hostigadores invisibles, el hombre tapa con un trapo el espejo, hace salir al perro y al gato, cierra la puerta, cubre la pecera y de paso también la jaula. Luego se sienta en la mecedora y lo normal, se balancea…De vez en cuando se toma el pulso, pero tiene el miedo raro propio de lo que no quieren nada salvo la muerte.Así como está, saca unas fotografías de una cartera de cuero y se pone a observarlas. Son imágenes del ser que había sido. Rompe una por una todas, por la mitad con gran escrupulosidad. Se caen al suelo.

Hasta ese momento no se le ve la cara, eso también lo pone en el libro, sino únicamente las manos, los hombros, su bufanda, las arrugas de la habitación infame, las grietas de una manta. Ya casi al fin aparece su cara, devastada y hundida, con un ojo tapado por un parche negro. Y parece que actor y personaje son el mismo. Probablemente sus últimos días fueron muy parecidos a las horas de aquel hombre en la habitación.


Una frase detestable y manida: “tuvo un destino cruel”. Fue un actor muy famoso en la época del cine mudo; con la llegada del cine sonoro las cosas cambiaron y ya no le contrataban tanto, no supo cambiar con los tiempos o no le apeteció y pronto fue olvidado. Viendo las fotos de sus últimos años es impensable imaginar que de su boca salieran palabras. Su rostro estaba lleno de sombras y surcos como si fuera un mapa mudo antiguo. Murió en un desesperado silencio sin palabras, probablemente en blanco y negro, sin películas.