miércoles, 15 de diciembre de 2010

ASÍ, LA VERDAD...

Todas las canciones terminan por ser tristes, por ser la banda sonora de algo que has perdido. A veces son las peores y a veces no, pero siempre forman parte de nosotros, cómo el color azul forma parte de nuestra idea de cielo. Hay canciones que vuelven muchos años después para rompernos el corazón y hay personas que se marchan como si fueran canciones. Hay canciones que se repiten como pesadillas, personas también. Como vuelva a escuchar el WAKAWAKA no respondo de mis actos.

7 comentarios:

  1. Ves, te lo dije, ser sordo es bueno muy a menudo. Ciego, algunas veces. Inodoro, las más. Insípido, casi nunca. Inaprensible, siempre.

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  2. Madre mía, pues yo lo tengo que escuchar a diario en el CD que le he grabado a mi hija para cuando vamos en coche. Los niños son capaces de oír la misma canción un millón.. no, dos millones... no, tres millones de veces

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  3. Miguel, yo fui una de esas niñas. Mi padre me recuerda cada dos por tres el curso (9 meses completos) en el que le freímos el casette del coche escuchando "En el límite del bien y del mal" :-)
    Trilce, el jueves me han invitado a una cena de empresa (a la que quizá no vaya) donde no solo hay canción, sino coreografía y todo :-(

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  4. Yo me recuerdo cantando "I'm a believer" de los Monkees, y a continuación me hicieron partícipe de una pandemoniada

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  5. Te acordás de la serio televisiva "Fama"??? una navidad...Papá Noel me trajo de regalo el caset y pasaron muuuuuuchos años y escucharlo me lleva a buenos momentos de mi infancia...otros temas tristes y melancólicos los evito, así de simple.

    (wakawaka...me hartó)

    BESOS

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  6. muy cierto… las canciones siempre son tristes… aunque sean muy divertidas y alegres al final con el paso del tiempo, las recuerdas con un punto melancólico… eso, si son buenas… las malas ya son tristes desde un principio..

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  7. Hola Trilce:
    Un poco de esperanza que no venga de Miami... Todo empezó con Enrique Iglesias, Ricky Martin...

    ¿Escuchaste "Armando al amor" de Gabriel Sopeña? Ya me dirás...

    Saludos desde BCN,
    Javier

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