martes, 29 de junio de 2010

ZIG ZAG

Definitivamente, nunca dijeron cuando termina esto. Así que no se me ocurre nada mejor que girar y experimentar hasta que algo termine por ocurrir, aunque traiga alguna consecuencia residual. Las historias empiezan pero en algún momento también terminan. No importa demasiado de qué color son las fichas, todos jugamos. Voy a hacer cómo si no mirase, total, me siguen quedando cuatro sentidos para doblar esquinas, espaldas e ilusiones hasta acabarlas. Voy a hacer cómo si existiera otra manera de hacerlo y si no la descubro tampoco tiene tanta importancia, aunque con los ojos cerrados siempre he tenido dificultades para recordar nombres.
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viernes, 25 de junio de 2010

COCINA JAPONESA

Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quién ni cómo sea, o en cualquier stio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefier que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes. Incluso las cocinas sucísimas me encantan. Aunque haya restos de verduras esparcidos por el suelo y esté tan sucio que la suela de las zapatillas quede ennegrecida, si la cocina es muy grande, me gusta. Si allí se yergue una nevera enorme, llena de comida como para pasar un invierno, me gusta apoyarme en su puerta plateada. Cuando levanto los ojos de la cocina de gas grasienta y del cuchillo oxidado, en la ventana brillan estrellas solitarias. Sólo estamos la cocina y yo. Pero creo que es mejor que pensar que es este mundo estoy yo sola. Cuando estoy agotada suelo quedarme absorta. Cuando llegue el momento, quiero morir en la cocina. Sola en un lugar frío, o junto a alguien en un lugar cálido, me gustaría ver claramente mi muerte sin sentir miedo. Creo que me gustaría que fuese en la cocina.…” Así comienza Kitchen. Mikage está sola en el mundo. Todas su familia ha ido desapareciendo poco a poco. Mikage deambula por un apartamento vacío y lleno de recuerdos que jamás volverán. En la cocina vieja y limpia; acogedora y cálida, se duerme junto al ruido casi amniótico de la nevera de su abuela.Hay historias simples. Hay libros que si te preguntan, no sabes decir con exactitud de qué tratan. Kitchen (1987) de Banana Yoshimoto, es uno de ellos. Trata sobre la muerte, la soledad, la búsqueda de la tranquilidad, las conexiones, las preguntas sin respuesta, los sueños y las personas que entran y salen de nuestras vidas. Eso y mucho más. Con un estilo, similar a un haiku. Con pocas palabras que dicen muchas cosas. Los personajes de Yoshimoto no hablan mucho pero sienten de manera intensa y se pueden comunicar a traves de los sueños. Son vidas desoladas que se embarcan en silencios en ocasiones desafortunados. Mikage casi no existe, cuando se muere la última persona de su familia. Está completamente sola en el mundo, tan sola que difícilmente puede sentir algo. Mikage se mueve por paisajes oníricos sin llegar nunca a una declaración concreta de lo qué está pasando realmente. La vida es cruel pero también generosa y una mañana recibe la visita de Yuichi, dueño de la floristeria donde su abuela compraba flores todas las semanas. El joven le insiste para que se vaya a vivir con él y su madre, un travesti que tiene un bar en el centro de Tokio. Los procesos son largos y la repetición de un acto puede llevar a un entendimiento mejor. Los orientales dicen que la repetición de un mantra puede llegar a abrir los centros sutiles que cada persona tiene en su cuerpo. Mientras habita en la casa de su familia de mentira, Mikage va encontrando la tranquilidad en la cocina. Allí empieza a cocinar como terapia y se inventa una nueva filosofía que consiste en poner atención en todos y cada uno de los detalles. Repitiendo las operaciones realizadas dentro de la cocina, Mikage busca ordenarse de nuevo ella misma. El espacio es en realidad un correlato para contar cómo lentamente las personas van sanando después de un tsunami personal.
"Podría pensarse que era algo extraordinario pero también podría pensarse que era algo sin importancia. Y que era un milagro y, tambien, que era algo natural.
Sea como sea, guardo en mi corazón una emoción suave que desaparece cuando se expresa con palabras. El futuro es largo. En las noches y mañanas que irán sucediéndose, alguna vez, quizá este momento se convierta en un sueño"
Los protagonistas de Kitchen son absolutamente fascinantes. Eriko, la madre travesti tiene una sabiduría inquietante y lanza frases que uno quisiera escuchar en el peor de los momentos. “El mundo no existe sólo para mí. El porcentaje de cosas amargas que me sucederán no variará. Yo no puedo decidirlo. Por eso comprendí que es mejor ser alegre”. Frases simples pero certeras, que pueden estar al borde del cliché. Pero todos sabemos que los clichés son casi las únicas verdades universales que van quedando en el mundo.
BANANA no se llama realmente Banana. Su verdadero nombre es Mahoko Yoshimoto y es hija de un conocido filósofo japonés y hermana de una dibujante de manga. Comenzó a escribir cuando estaba estudiando literatura en la universidad y un día decidió que se llamaría Banana porque le gustaba mucho la flor de ese fruto.
El segundo cuento de Kitchen, “Moonlight Shadow”, ganó un concurso literario en la Universidad de Japón. Banana tan sólo tenía 21 años. La novela fue escrita cuando trabajaba de camarena en un restaurante, durante los descansos que le daba su jefe. Yoshimoto ha desplazando a escritores como Oe Kenzaburo, dentro del siempre mutante mercado japonés. Su prosa es suave y sosegada. Los personajes de Yoshimoto se mueven como en duermevela con los sentidos adormecidos, con los pasos livianos. Episodios cotidianos son descritos con una ingenuidad encantadora. Hay gente que tiene ese don. Que transforma los actos rutinarios en escenas iluminadas, en epifanías aclaratorias.

Leer una novela de Banana Yoshimoto, imagino, debe ser parecido a entrar a un templo budista, o escuchar la banda sonora de Lost in Traslation caminando por las calles atestadas de Tokio, amortiguando el ruido como si caminaras debajo del agua. Sus personajes evolucionan de manera positiva, pero antes, pasaron por el lado más oscuro y personal, un lugar comatoso donde no se está ni muy vivo ni muy muerto, sólo se está.


Algunos críticos hablan de los libros de Yoshimoto como la perfecta síntesis de los jovenes nipones: provienen de una cultura ancestral pero en los albores del siglo XXI, tienen la profundidad de un tamagochi y la capacidad comunicativa en niveles casi básicos. Hikikomori es la palabra japonesa que se ha usado para describir a jóvenes que rehusan a mantener contacto social por meses o años y se evaden de todo. La presión social al éxito y la incapacidad de respuesta, sumado a factores típicos de la adolescencia, han hecho de los Hikikomori un fenómeno muy generalizado en Japón. Tal vez la única respuesta posible a la sociedad en la que vivimos sea volverse hacia dentro mirando hacia afuera.
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jueves, 17 de junio de 2010

MIS MUJERES PREFERIDAS. GEORGE SAND:LA PRIMERA DANDY

Los orígenes de George Sand son novelescos. Aurora Dupin (su verdadero nombre) era bisnieta del rey de Polonia y nieta del Mariscal de Saxe, por vía bastarda. Los aristócratas del siglo XVIII solían tener hijos con queridas y cortesanas, esos niños quedaban relegados a una extraña situación; eran ricos y privilegiados de segunda clase. Su abuela paterna, gran lectora de Rousseau y Voltaire, sólo tuvo un hijo Maurice, el padre de Sand. La madre de la escritora era una francesita mantenida de un general, hija de un vendedor de pájaros del Sena, que había sido bailarina y prostituta. Se enamoraron de manera pasional y se casaron cuando Aurora estaba a punto de nacer, con la oposición total de la abuela paterna, una mujer dominante que más tarde amaría a esa nieta como el bien más preciado de su vida.

Su padre murió joven y su madre a causa de la terrible perdida tuvo descompensaciones mentales y decidió dejar a la niña con la abuela cultísima y de armas tomar. La niña recibió una educación privilegiada mientras comenzaba a desarrollar un comportamiento rebelde: usaba pantalones porque era mucho más cómodo, montaba a caballo sin compañía (algo impensable en la época) y estudiaba anatomía; una profanación absoluta en aquellos momentos. “Ni la estúpida coquetería ni el deseo de gustar a todos los hombres dominan mi ser” diría de sí misma. Su espíritu rebelde y libre hizo que la enviaran a un convento de monjas inglesas, donde pasó tres años.
La idea de vestirse como un hombre para andar libremente por París se la sugirió a Sand su propia madre: “Cuando yo era joven a tu padre se le ocurrió que me vistiera como un muchacho. Mi hermana hizo lo mismo, y así íbamos a todos lados a pie, con nuestros maridos, al teatro. Significó una gran economía en nuestros hogares”.“La idea al principio me pareció divertida y después muy inteligente. Como ya había estado vestida de varón en mi infancia y había salido a cazar con blusa y polainas no me resultó nada difícil volver a una vestimenta que no era nueva para mí. En ese entonces la moda ayudaba bastante. Los hombres vestían unas largas chaquetas rectas, que caían hasta los talones.(...) De modo que me hice hacer una chaqueta de grueso paño gris, con el pantalón y el chaleco iguales. Con un sombrero gris y una gruesa corbata de lana parecía un estudiante de primer año. No puedo expresar el placer que me produjeron mis botas, hubiera querido dormir con ellas (...). Con esos pequeños tacos herrados me sentía firme sobre el piso. Recorría París de punta a punta. Me veía capaz de dar la vuelta al mundo. Salía con cualquier tiempo, volvía a cualquier hora, iba a la platea a los teatros. Nadie me miraba ni desconfiaba de mi disfraz. (...) Pese a que en este extraño modo de vida no había nada de lo que yo pudiera avergonzarme, lo adopté teniendo clara conciencia de las consecuencias que podía tener sobre mi reputación y las condiciones de mi vida.(...) Sin embargo, parecía que el destino me empujaba. Lo sentía imbatible y estaba decidida a que así fuese; no un grandioso porvenir, era demasiado independiente en medio de mi fantasía para alimentar cualquier tipo de aspiración, sino tan sólo un destino de libertad espiritual y aislamiento poético, en una sociedad a la que no pedía más que olvido y condescendencia para que me permitiera ganar mi pan cotidiano sin esclavitud.” (Tomado de George Sand: Historia de mi vida, Parsifal, Barcelona,1990).


Al enfermar la abuela todopoderosa, Dupin salió del convento para volver al castillo familiar. La abuela no quería morir sin casarla. Su voluntad se cumplió y Sand se casó con Casimir Dudevant, un tipo bastante asqueroso, mujeriego y violento que disfrutaba ridiculizándola en público. Fue desvirgada de mala manera y sus relaciones sexuales no mejoraron con el paso de los años. En ese período de tiempo tiene dos hijos. Con la tranquilidad que da una herencia familiar, decidió pasar del marido y comenzar una nueva vida buscando el placer que no había encontrado dentro del matrimonio. Una anécdota curiosa es la que protagonizó su esposo antes de morir. Dudevant pidió al gobierno una orden de condecoración por haber tenido el coraje de aguantar públicamente el peso de su mujer. Y otra situación difícil de vivir: la escritora tuvo que sacar del colegio a su hijo adolescente porque todos sus compañeros decían que su madre era una “putaine”.

Al iniciar su carrera como escritora, cuando no era más que una aprendiz, presentó un manuscrito a un editor para que le diera su opinión. Después de leerlo, éste le respondió que una mujer no debería escribir y le aconsejó: “Querida señora, no haga libros, haga niños”. Desde ese día Sand se dedicó a desafiar las costumbres de su época y a demostrar que las mujeres podían tener una vida diferente. Su primera obra Indiana firmada con el que sería su pseudónimo para siempre “George Sand” fue un éxito arrasador.

Además de cuentos y obras de teatro, las novelas se sucedieron una tras otra: Valentina, Lélia, André, El marqués de Villamar, Consuelo, Mauprat, La charca del diablo, La pequeña Fadette, Francisco el Expósito, Ella y Él… Su estilo con el paso del tiempo se volvió más depurado, hasta llegar al período del impecable realismo campesino de Francisco el Expósito, una verdadera obra maestra sobre una joven molinera que cría un niño abandonado y una vez viuda termina casándose con él.


Mujer, muy mujer, disfrazada de hombre. Fue una romántica incurable para la cual los amigos y los amores lo eran todo.

La vida sexual de George Sand fue increíble. Fue una gran experimentadora e imaginadora que primero escribía y después ensayaba y vivía. En su vida sentimental hubo de todo: un matrimonio frustrante, que dio paso a un idilio con un joven escritor de 19 años, Jules Sandeau, que se colaba en su château por la noches para quedar ambos exhaustos y llenos de mordiscos, después de largas sesiones de sexo. Hubo también un amor lesbiano con una cantante de ópera Paulina Viardot-Garcia, que duró un suspiro “el inicio de un do de pecho”, porque Sand confesó que no soportaba durante mucho tiempo la compañía de ninguna mujer (no porque las considerara inferiores sino porque le parecían demasiado nerviosas). Una relación tormentosa con Musset con el que viajó a Venecia para vivir un idilio apasionado que se convirtió en una pesadilla, ya que ella enfermó y cuando se curó, fue él quien cayó enfermo. Entre medias apareció el médico que curó al poeta neurótico y se convirtió en el nuevo amante de Sand. Hubo bochornos, como el fallido intento con el donjuanesco escritor Prosper Mérimée (el autor de Carmen) que se jactaba de sus proezas en la cama, pero que con Sand no tuvo éxito, lo cual fue vox populi. Hubo varias relaciones con hombres más jóvenes en los cuales George Sand desplegaba una gran ternura maternal. Pero la mayoría de las veces, las relaciones que buscó Sand estaban llenas de varios componentes: erotismo, amistad, afecto físico, y grandes conversaciones o escritura epistolar. Si tuvo una lista sustanciosa de amantes de gran prestigio artístico e intelectual, era porque el tipo de relación que establecía aunaba el corazón, el sexo y el cerebro, en una mezcla indivisible. Todos los testimonios coinciden en que era más bien tímida y modesta, pero una vez instalada la chispa del carisma, establecía relaciones humanas profundas, inolvidables.

George Sand no era bonita: tenía unos ojos negros enormes e inolvidables, tal vez saltones, una señora nariz, una boca grande y deforme para el gusto de la época. El hecho de no haber sido una belleza y sin embargo haber sido tan amada y asediada por hombres jóvenes, habla de su inteligencia y del profundo magnetismo que su personalidad irradiaba.





Sin duda, el romance de su vida fue con el compositor y pianista Frédéric Chopin. No fue un amor a primera vista. El día que Liszt los presentó, Federico se escandalizó por la apariencia de aquella mujer masculina: ¿es una mujer? A su vez ella al percibir los modales femeninos de él preguntó: ¿Es una señorita? En el inicio de su relación llevaron una vida muy lúdica: jugaban cada noche al billar, se intercambiaban sus creaciones, se bañaban en el río y realizaban paseos por la campiña francesa. Sin embargo, salvo el primer año, prácticamente no tuvieron relaciones sexuales (el sexo no era el fuerte de Chopin), aunque nadie puede dudar de la intimidad física que mantenían. Quedan múltiples testimonios de cuánto amaba George a su “ángel”, a quien también llamaba Chopinet. Dicen que las mejores piezas de Chopin fueron compuestas durante su relación con Sand.
La admiración que sentían el uno por el otro fue mutua: George era mucho más que la enfermera del joven que esputaba sangre. Coordinaban los horarios: cuando él se iba a dormir, ella se quedaba escribiendo sus novelas hasta altas horas de la noche... Durante todos esos años, la tuberculosis del músico polaco no contagió a su mujer, a pesar de que, sin pruebas fehacientes, mucha gente daba por descontado que la tuberculosis era una enfermedad infecciosa. En efecto, cuando Chopin, Sand y los hijos de ésta pasaron Un invierno en Mallorca (en 1838, viaje relatado en el libro de este nombre), los mallorquíes, debido al mal del músico, los rechazaron como a la peste. El extraño y bohemio grupo tuvo que alquilar para vivir unas celdas en un monasterio abandonado, con algunos ex -monjes locos rodando por allí: la famosa Cartuja de Valldemosa.
Sand vivió y sobrevivió a casi todos sus amantes mientras escribía sin parar: "La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma." Murió a los 71 años, en junio de 1876, rodeada de su familia.

miércoles, 16 de junio de 2010

POÉ

Aeropuerto Poé es una playa nudista. A 20 metros de Poé pasa un caminito, pero si sales desnuda al camino te ponen una multa. Entre todas las fronteras los aeropuertos son los países de nadie. En estos lugares la gente actúa de manera diferente. Está bien visto refugiarse en la soledad y divertirse haciendo preguntas idiotas sobre los destinos que anuncian los paneles iluminados. Son los únicos lugares en los que se pueden vivir esfericamente en muchas direcciones y ese sentimiento produce una excitación infravalorada; es tan increíble volar sin arrepentimientos. En los aeropuertos todos somos de fuera. Por eso me gustan tanto. Por eso me fascinan las personas que son países de nadie. Si sales desnuda de sus vidas jamás te ponen multa.

martes, 15 de junio de 2010

DIMENSIONES Y JUEGOS

La realidad se presenta en diferentes estadios, y los físicos se acercan a cada uno de manera distinta, digamos que la física tradicional está representada por Einstein y su relatividad. Luego está Maxwell con el electromagnetismo que explica cómo es un átomo. Todos aceptamos cómo es un átomo, pero nadie lo ha visto. A veces pienso que la única cosa real en la vida es mi deuda con el banco.
A la ciencia, no sabemos si acercarnos con la mecánica cuántica, o con la relatividad. Para llenar el día es necesario moverse y nombrar “la teoría de las supercuerdas” que viene a decir que todo está formado por cuerdas, unidas en forma de círculos imperfectos de energía. Para alcanzar este nivel de realidad necesitamos once dimensiones, así entramos en un mundo dónde todo ocurre, porque es lo más probable, pero no es la única posibilidad. A fuerza de callar se termina olvidando y olvidada.
Un mundo dónde todo ocurre porque es lo más probable, pero también es cierto que no es la única posibilidad, y eso efectivamente, da mucho juego.
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miércoles, 9 de junio de 2010

IDEAS DE SEGUNDA MANO

Paranoico Pérez no ha conseguido escribir nunca ningún libro, porque cada vez que tenía una idea para uno y se disponía a hacerlo, Saramago lo escribía antes que él. Paranoico Pérez ha acabado trastornado.
─ Oye, Pérez ¿y el libro que estabas preparando?
─ Ya no lo haré. Otra vez me ha robado la idea Saramago.
Paranoico Pérez es un estupendo personaje creado por Antonio de La Mota Ruiz, un joven autor santanderino que no tiene ninguna entrada en Internet y parece que no utiliza Facebook, por eso o por otras cosas publicó un volumen de cuentos titulado Guía de lacónicos. Hay un cuento en esa colección que se titula Iba siempre delante y era extraño, extrañito. El cuento se desarrolla en la Casa de Sáude de Cascais, en el manicomio de esta población cercana a Lisboa. En la primera escena vemos al narrador, Ramón Ros paseando tranquilamente con el doctor Gama, al que ha ido a visitar para hacerle una consulta sobre la "psiconeurosis intermitente". De repente entra en escena un joven muy alto, imponente, al que la dirección del centro le permite ir disfrazado de senador romano.
─ Es mejor no contrariarle y dejarle ir así. ¡Pobre! Se cree que va vestido de personaje de una futura novela- dice el doctor Gamma.
Ramón Ros le pide que le presente al loco.
- ¿Cómo? ¿Quiere conocer a Paranoico Pérez?─ le pregunta el doctor.
Y entonces comienza la historia de Iba siempre delante y era extraño, extrañito transcrita por Ramón Ros y contada por Paranoico:
"Iba por fin a escribir mi primera novela, una historia en la que había estado trabajando arduamente y que transcurría toda entera, enterita, en ese gran convento que hay en la carretera de Sintra iba a decir Sintrita, cuando de repente ante mi absoluta perplejidad, vi un día en los escaparates de las librerías, un libro firmado por un tal Saramago, un libro titulado Memorial del convento, ay madre, madrecita mía...”

Al leerlo me he descubierto “Paranoico” y he pensado que tenía que haber venido vestida de emperatriz romana a trabajar. Hay tantos que van siempre delante, y es tan extraño, extrañito… O todo lo contrario, quizás lo importante sea tan sólo escribir y dar forma a una idea de segunda mano con una visión particular.

Celine Curiol tiene una novela fantástica que desarrolla la historia de un cuento mío que nunca he terminado y que ella desconoce absolutamente. La ignorancia de mi obra por parte de la autora me hace saltar de alegría vestida de emperatriz, lo único que se podría destacar de todas esas letras es un título pretencioso: “Canciones tristes para amantes sucios”

Curiol crea una obra bellísima a partir de un personaje femenino fascinante: Ella. Como la historia lo merece Paul Auster apadrinó el libro. Sin embargo yo, soy “Paranoico”. Ella todos los días regresa sola a casa, espera la llamada del hombre que ama sin que el sentimiento por parte de él sea recíproco, aunque eso poco le importe a Ella, que a la espera del hipotético momento en el que se reunirá con él se entrega paradójicamente al mundo entero, se entrega a la noche parisina más canalla y peligrosa, la noches de los barrios difíciles y de los bares turbios, donde se comporta de forma muy curiosa al demostrar una absoluta compasión por los desconocidos noctámbulos que en diferentes momentos hacen que su individualidad trastabille: la historia extraña de una joven, Ella ,que oscila entre lo más íntimo y lo más universal; la historia de una mujer que va llegando al hombre que ama a través de un trayecto insólito, a través de su denodado interés y amorosa afición por los otros, siempre guiada por su fijación exhaustiva por cualquier detalle. Porque Ella tiene esa rara habilidad de fijarse en los detalles y de paso ver cómo se transforman los otros a cada instante.

Sonrío entonces al ver las letras que no descubro en mi "pensamiento zigzag" de Paranoica y pienso que me iré a Grecia a pensar y entonces me pasará como a Pessoa que cuando estaba en Sintra quería estar en Lisboa, aunque cuando estaba en Lisboa quería estar en Sintra. Y cuando esté en Grecia pensaré que tendría que estar en Nueva York. Da igual, hace dos años comencé este blog para aclarar mis sentimientos hacia alguien (soy muy pava). Al no dignarse a saber de mí en todo este tiempo, tengo claro que mis sentimientos y este blog se podían haber ido a la reputísima mierda. No importa, los fines y los sentimientos se modifican y hasta se desvanecen pero las palabras van siempre delante y es extraño, extrañito… Quizás lo importante no es conseguir lo que quieres, sino que te guste después de conseguirlo. A veces se tienen satisfacciones en los lugares más inesperados.

Gracias por venir a mi lugar.



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martes, 8 de junio de 2010

DOLOR DE ESTÓMAGO


La Niña Clavel siempre quiso ser una serpiente en la tripa de un pirata que hablara como un buey con dolor de muelas. Así en el móvil tendría este mensaje:
"Enestemomentonopuedoatenderteporqueestoyenlatripadeunpirataquehablacomounbueycondolordetmuelas".
Por las noches, justo en el momento en el que los monstruos salen de la oscuridad, cubría sus circunstancias al contarse el mismo cuento de siempre:
Había una vez una princesa con vida de bruja a la que habían besado demasiadas veces por culpa de sus ojos bien abiertos. Lo repentino siempre resulta extraño. En la intimidad azul de su alcoba juntaba sus piernas de naturaleza encendida, mientras deseaba tan sólo un cuerpo que le trajese fantasías de larga duración. Las flores en ese momento se hacían viejas en el jardín; hacía tiempo que habían habían descubierto que sólo se puede suspirar por la novedad de la nada.