jueves, 30 de septiembre de 2010

ABSURDO




"Nos convertimos en esfinges, aunque falsas, hasta el punto de no saber ya quiénes somos. Porque, por lo demás, lo que somos es esfinges falsas y no sabemos lo que realmente somos. El único modo de que estemos de acuerdo con la vida es que estemos en desacuerdo con nosotros. Lo absurdo es lo divino.

Establecer teorías, pensadas larga y honestamente, sólo para embestir, después, contra ellas; actuar y justificar nuestras acciones con teorías que las condenan. Trazar un camino y obrar de inmediato de modo tal que, por ese camino, ya no podamos seguir. Gesticular y proceder como alguien que no somos ni aspiramos a ser; como alguien que ni siquiera pretendemos que sea considerado como siendo nosotros.

Comprar libros para no leerlos; ir a conciertos para no escuchar la música ni para ver quien allí va; dar largos paseos porque se está harto de caminar e ir a pasar unos días al campo sólo porque el campo nos disgusta."



Fragmento 23. El libro del desasosiego

jueves, 23 de septiembre de 2010

NO ES LO MISMO

Los opuestos lo comparten todo menos la dirección.
Los números positivos y negativos son iguales excepto en la dirección.
Grande y pequeño son el mismo tamaño pero en sentidos diferentes.
Hacia y desde significan el mismo camino, pero en sentidos diferentes.


Con la  gravedad que hay en esta ciudad...y yo sin fuerza lírica para el impulso.

lunes, 20 de septiembre de 2010

DEDICATORIAS

Esta mañana me enviaron esta carta dedicada y cuando la he leído me he emocionado, porque tengo el mismo concepto de la amistad y la suerte de tener  a personas maravillosas a mi alrededor. A todos mis amigos. GRACIAS.




ROSA MONTERO 19/09/2010 (El País)


Llevo meses intentando escribir un artículo sobre la amistad y siempre me detiene el miedo de no estar a la altura. De que mis palabras no logren merecerse a mis amigos. Las loas a la amistad son un lugar común demasiado común: todo el mundo se calienta la boca hablando de ello (yo también lo he hecho). “Lo más importante en la vida son los amigos”, gorjean alegremente los concursantes más descerebrados de los reality shows o las contertulias más malvadas de la telebasura. Amigos y amistad son hermosas palabras que el uso y el abuso han desgastado.



“Con los años, las amistades se profundizan. Alcanzan un nivel de emoción indescriptible”



Lo de la amistad es como el amor. Todo el mundo cree saber de ello, todos nos consideramos grandes conocedores del asunto, expertos en los sentimientos y en la pasión, cuando, en realidad, son dos materias complejas e infinitas, profundos rincones del ser que uno sólo empieza a entender cuando madura. De jóvenes, de muy jóvenes, amigos y amores te llegan fácilmente, son una lluvia cálida y revuelta, confusa, ligera, amontonada. De joven, de muy joven, en realidad no escoges, aunque lo creas. Te haces amigo y te enamoras de lo primero que pasa. Porque necesitas querer. Somos así, y esa necesidad es conmovedora.



Y luego vas viviendo y te vas haciendo. Con suerte, y con esfuerzo, es posible que empieces a conocerte un poco. Y también vas encontrando a tu gente, a esas personas que se convertirán en tu mundo, en tu territorio. La única patria que reconozco son mis amigos. Es una patria exigente. La amistad requiere atención, entrega, riego constante. Hay que invertir muchas horas en cultivarla. Ahora que soy mayor, sé con toda certidumbre que es el mejor destino que puedes dar a tu tiempo. Es una de las cosas que he aprendido.



Digan lo que digan los animosos partidarios del optimismo vital, envejecer es algo bastante desagradable. Envejecer es perder; pierdes a la gente querida que se muere; pierdes capacidades físicas y, sobre todo, pierdes futuro: con lo hermosa que es la vida, cada vez se te queda más chica por delante. Pero con los años también ganas un par de cosas muy valiosas: sin duda experiencia, y si te lo trabajas, sabiduría, que es la suma del conocimiento intelectual y de la madurez emocional. Pero, sobre todo, ganas ese pasado común con los amigos. Crecer con los amigos, envejecer con ellos, ir trenzando a la espalda, con esos testigos de tu vida, años y años de una biografía compartida, es algo absolutamente maravilloso. Con los años, con los muchos años (yo tengo amigos activos desde hace tres décadas), las amistades se profundizan y agigantan. Alcanzan un nivel de emoción y de veracidad indescriptible.



Porque, con los años, las amistades se prueban de verdad. El tiempo puede herir; hay momentos en los que el tiempo se vuelve salvaje, y muerde y desgarra como una bestia furiosa. Y en esos tránsitos penosos de tu vida, en la angustia, en los problemas, en la desolación y la incertidumbre, los verdaderos amigos acuden a tu rescate. Con tal generosidad, con tal facilidad afectuosa, que realizan auténticas proezas como si en realidad no les costara nada (la última proeza sobrehumana que han hecho mis amigos por mí ha sido ayudarme en un traslado de domicilio y montarme la casa, prácticamente ellos solos, en cinco días). Los amigos te salvan literalmente la vida y lo hacen sin esperar nada, sin alardear de nada, por el puro placer de dar. Modestamente grandiosos.



A veces he jugado a imaginar cuáles serían mis últimos pensamientos antes de morir. Cómo sería el balance de mi existencia. Durante muchos años he supuesto que esas memorias ardientes y finales estarían compuestas por recuerdos de mis amores más apasionados, de la infancia y la familia, quizá de algunos momentos de mi escritura. Pero ahora sé que en ese recuento final brillarán como islas de luz algunos momentos mágicos con mis amigos. Esos regalos de cariño que me han dado, tan inmensos que siento que es imposible merecerlos. Eso también es la verdadera amistad: la sensación de estar felizmente en deuda con los otros. Por todo eso que ya hemos vivido, y por todo lo que todavía viviremos, gracias. Muchas gracias.



jueves, 16 de septiembre de 2010

AMANECERES POLIGONALES

A veces soy feliz en días absurdos, llenos de cansancio acumulado, de tos y estornudos. Esos días guardan el atasco al otro lado de la autopista y los semáforos parece que ofrecen promesas. Entonces no sueño con ser animal casero, con hogares y penas con vistas al mar. Y me creo  lagartija que hace cabriolas en rocas volcánicas con los sueños nerviosos, moviéndose de tan vivos. A veces es mi medida de tiempo preferida.

domingo, 5 de septiembre de 2010

CIEN AVIONES TRISTES Y UNOS LABIOS POR DESPEGAR

Hay una frase famosísima de Baudrillard que dice: "La seducción plantea espectáculo, escenario y un espectador que sea cómplice del engaño". Los controladores de querubinas me cuentan a destiempo que ya saben prescindir del amor: "Ese sentimiento ridículo acompañado de movimientos sucios" que diría Téophile Gautier.
Las apariencias no sólo se guardan, también son las que mandan... hoy escribo un cuento de hadas ajeno con una sola palabra:
- Apágame.

jueves, 2 de septiembre de 2010

SE BUSCA: SEPTIEMBRE

En la Antigüedad Bien y Belleza eran términos asociados. Hoy es difícil afirmar que algo bello es necesariamente bueno. Esta disociación quizás ha vuelto frívola a la belleza. Se busca la belleza con ansiedad, como para calmar un vicio. Quizás este cambio de significado es lo que nos permite dudar de la belleza como valor absoluto. Según W.T.J. Mitchell: “hay una gran diferencia entre lo buscado, lo que se ve y su lectura, porque esto último depende de lo que nuestros ojos se han acostumbrado a ver y nuestras mentes a interpretar”.
Mis ojos interpretan pero no me acostumbro a ver ciertas cosas. A veces no busco lo que veo y es difícil afirmar que es bueno si tan sólo sirve para calmar ciertos vicios. La verdad suele estar llena de bellas mentiras con una vida muy corta. Voy a dedicarme a mirar por la ventana para que la realidad sin belleza y bondad no me pueda rozar.