El señor Pajar y la señora Aguja tienen pensamientos tan cercanos que sus cabezas parecen siamesas. El señor Pajar no habla nunca con la señora Aguja pero continuamente inventa palabras que esparce a su alrededor. A la señora aguja le escuece, le escuece tanto que comienza a notar el sabor de la sangre en todas las partes de su cuerpo afilado. ¿Cómo teniendo tantas cosas en común falla de manera tan espantosa la comunicación? A veces la señora Aguja piensa que el señor Pajar le enseñó el lenguaje tan sólo para maldecir.

Agujita
ResponderEliminarde
mi
corazón
La señora Aguja tieeene que cambiarr de señorr
ResponderEliminarSi fuera la aguja me perdería entre los pliegues más recónditos de ese pajar... sin pensarlo!
ResponderEliminarBesito
L.
No hay nada como la paja...
ResponderEliminarpara esconder y amortiguar...
tanto, tanto de tan poco peso...
Ah! señora aguja pero...
¿y ese olor a heno cuando cae la lluvía...?
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Eso apaña una buena hilatura..
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Sonrío...
ResponderEliminarun beso a las dos, se lo contaré todo a la señora Aguja.
Qué sorpresa de texto. Mi admiración.
ResponderEliminarSaludos.