martes, 8 de febrero de 2011

UNA HISTORIA VERDADERA

El señor Pajar y la señora Aguja tienen pensamientos tan cercanos que sus cabezas parecen siamesas. El señor Pajar no habla nunca con la señora Aguja pero continuamente inventa  palabras que esparce a su alrededor. A la señora aguja le escuece, le escuece tanto que comienza a notar el sabor de la sangre en todas las partes de su cuerpo afilado. ¿Cómo teniendo tantas cosas en común falla de manera tan espantosa la comunicación? A veces la señora Aguja piensa que el señor Pajar le enseñó el lenguaje tan sólo para maldecir.