martes, 8 de febrero de 2011

UNA HISTORIA VERDADERA

El señor Pajar y la señora Aguja tienen pensamientos tan cercanos que sus cabezas parecen siamesas. El señor Pajar no habla nunca con la señora Aguja pero continuamente inventa  palabras que esparce a su alrededor. A la señora aguja le escuece, le escuece tanto que comienza a notar el sabor de la sangre en todas las partes de su cuerpo afilado. ¿Cómo teniendo tantas cosas en común falla de manera tan espantosa la comunicación? A veces la señora Aguja piensa que el señor Pajar le enseñó el lenguaje tan sólo para maldecir.

6 comentarios:

  1. Agujita
    de
    mi
    corazón

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  2. La señora Aguja tieeene que cambiarr de señorr

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  3. Si fuera la aguja me perdería entre los pliegues más recónditos de ese pajar... sin pensarlo!

    Besito

    L.

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  4. No hay nada como la paja...
    para esconder y amortiguar...
    tanto, tanto de tan poco peso...
    Ah! señora aguja pero...
    ¿y ese olor a heno cuando cae la lluvía...?
    .
    .
    Eso apaña una buena hilatura..
    .
    .
    .

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  5. Sonrío...
    un beso a las dos, se lo contaré todo a la señora Aguja.

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  6. Qué sorpresa de texto. Mi admiración.

    Saludos.

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