martes, 28 de junio de 2011

ADÚLTERAS

La mujer adúltera fue una obsesión en la novela del siglo diecinueve. AdÚltera es una palabra preciosa, que significa aventurera que se deja guiar por impulsos, sobre todo amorosos y sexuales. Una adúltera es al mismo tiempo una soñadora que engaña y traiciona a su pareja por otra persona, que puede ser hombre o mujer. Hay tantas posibilidades a nuestro alrededor. Normalmente  son infieles porque su entorno, que incluye muebles e hipotecas, maridos y novios, tersuras o juanetes, las hace profundamente desgraciadas.

Las dos adúlteras con mayúsculas de la historia de la literatura son Ana Karenina y Madame Bovary.

Emma es joven y probablemente la campesina más refinadas de las letras. Una gran soñadora, enamorada del amor. Emma se aburre de la vida que lleva y se enamora de un rico hacendado, luego de su asistente legal, en el camino se despista y todos sus caprichos la llevan a la banca rota. Llega al suicidio tras haber intentado aplacar sus anhelos en una entrega desenfrenada. Madame Bovary vive en muchas mujeres que conozco, Madame Bovary, también soy yo.

Ana me gusta menos. En este caso, es una dama de la alta sociedad rusa. Un día conoce al Conde Vronsky. Él queda perdidamente enamorado de ella, el marido se entera, queda embarazada de Vronsky, Ana rechaza la fuga, da a luz y pide perdón a su esposo. En resumen, una desgraciada para toda la vida, así que se suicida  tirándose a las vías del tren.

Lo que más me gusta de estas mujeres y de las novelas que las retratan es la denuncia ideológica que habita en sus páginas. Las víctimas son ellas, personalidades fascinantes que buscan rehacerse a sí mismas. Para ello han de huir de la falsedad de la situación que les rodea, no se conforman, no se rinden, aunque se equivoquen en el proceso, en la actitud y sobre todo en la elección del amado. El sufrimiento, la soledad e incluso la muerte es el castigo por romper las normas a través del adulterio.

 ¿Y tú, rompiste o te rompieron?