viernes, 8 de julio de 2011

UNA HISTORIA AL REVÉS

Cuando a las ranas les crecía pelo en la lengua y los mosquitos se alimentaban de moscas, los gatos solían nadar mar adentro y los peces se desplazaban a ras de suelo. Por aquel entonces se hablaba un idioma universal entre todas las especies; el que no terminaba de comprenderlo, terminaba devorado por cualquier otro. Los cines usaban la oscuridad del cielo nocturno a modo de pantalla y las estrellas hacían de actores. En definitiva, la misma historia de siempre, pero contada al revés

Una noche cualquiera, en el bar de siempre, un señor pez rayado bebía despacio. El aburrimiento de las últimas horas había confirmado sus sospechas. Si quería algo de acción, tendría que cambiar al antro de los gatos. No era entonces como ahora. Peces y gatos vivían en relativa armonía. Y así, el señor pez rayado se arrastró por calles manchadas de amarillo sodio hasta dar con el local que buscaba, La espina quebrada.

La mayor parte de las bebidas de aquel lugar estaban mezcladas con leche, pero la diarrea sería el menor de sus problemas. Dos copas de crema de ron más tarde, una gata le devolvió la mirada sin pestañear. El señor pez rayado movió ficha. La partida acabó de cintura para abajo en 3m2 de sábanas desordenadas.

Se intercambiaron formas de contacto y siguieron viéndose, hasta que el precio de la vida los enfrentó a la evidencia de que siempre dormían en la misma casa. Convivir acentuó las diferencias. Fueron conscientes de las dificultades a las que se enfrentaban  y decidieron pactar un espacio para cada uno. Como ella no podía vivir sin aire, bajo el agua sería el espacio de él. Todo fue bien hasta que él empezó a pasar casi todo el tiempo bajo agua, y ella se preguntó porque su espacio estaba supeditado al tiempo de él. La cosa terminó en empate. Ambos con la última palabra, se dijeron de todo, y quedaron en nada.

Él, harto de ser el malo por ser quien era, se mudó a vivir bajo el agua. Ella, en cambio, enseñó a sus hijos a no perder de vista nunca el aire.

Tiempo ha. Cuando los cienpiés usaban botas y los pájaros crecían de los árboles, los gatos se volvían terrenales y los peces olvidaban todo cada tres segundos. Por aquel entonces se comerciaba con el comercio; el que no terminaba de comprenderlo, terminaba devorado por cualquier otro. Los medios mantenían a la gente distraída mientras muchos confundían deber con derecho cuando hablaban de trabajo. En definitiva, la misma historia de siempre, contada otra vez.
DADAONTHEROAD