domingo, 2 de octubre de 2011

ILUSIONISMO DE VERDADES


El presocrático Gorgias alababa el poder de la palabra así: "La palabra es un poderoso tirano, capaz de realizar las obras más divinas, a pesar de ser el más pequeño e invisible de los cuerpos. En mi opinión es una definición perfecta. "La palabra es capaz de apaciguar el miedo y eliminar el dolor, de producir alegría y excitar la compasión" (Elogio a Helena, 8).

 "La palabra es, pues, transmisora de mensajes que el hombre comprende y que alteran su pensamiento y sus emociones. Al abrirnos a ella movemos la oportunidad de dicha, seres inconformes con nuestro mal, pues dejamos que los demás nos cambien, cicatricen nuestras heridas, nos forjen ilusiones, dejamos de ser desvalimiento absoluto y aceptamos activamente el consuelo, la compensación, y quizá, por qué no, el engaño."

Ahora bien, para el mismo filósofo el lenguaje sólo es capaz de transmitir apariencias, nunca la verdad. "No hay ser, si lo hubiera, no podría ser conocido; si fuera conocido, no podría ser comunicado su conocimiento por medio del lenguaje". Más allá del problema del conocimiento, está la imposibilidad de comunicación real entre los seres humanos. La palabra es inservible cuando se trata de transmitir lo que verdaderamente importa al hombre, lo que puede salvarle del mundo múltiple y aparente en que vive; fracasamos con el lenguaje, esa cola de pegar, esa baba que decía Cortázar, ilusionismo de verdades.