“Así es como transcurre una lección de redacción:
Estamos sentados en la mesa de la cocina con nuestras hojas cuadriculadas, nuestros lápices y el cuaderno grande. Estamos solos.
Uno de nosotros dice:
- El título de la redacción es: “La llegada a casa de la abuela”.
El otro dice:
- El título de la redacción es : “Nuestros trabajos”.
Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema, y dos hojas de papel a nuestra disposición.
Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del diccionario, y en la parte baja de la página pone: “bien” o “mal”. Si es “mal”, echamos la redacción al fuego y probamos a tratar el mismo tema en la lección siguiente. Si es “bien”, podemos copiar la redacción en el cuaderno grande.
Para decidir si algo está “bien” o “mal” tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.
Por ejemplo, está prohibido escribir: “la abuela se parece a una bruja”. Pero sí está permitido escribir: “la gente llama a la abuela “la Bruja”".
Está prohibido escribir: “el pueblo es bonito”, porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas.
Del mismo modo, si escribimos: “el ordenanza es bueno”, no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: “el ordenanza nos ha dado unas mantas”.
Escribiremos: “comemos muchas nueces”, y no: “nos gustan las nueces”, porque la palabra “gustar” no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. “Nos gustan las nueces” y “nos gusta nuestra madre” no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.
Las palabras que definen sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.”
Extraído del capítulo “Nuestros estudios“, en el libro “El gran cuaderno”, de Agota Kristof.

Ja, ja, ja, me encantó, me encantó, pero no sé si al final parecerá un acta notarial.
ResponderEliminarBesos.
Hola Trilce
ResponderEliminarCreo que estoy un poco con Blue ;)
Me recordaba la última novela que leí, bueno, sigo en ello. Con el poco tiempo que tengo, voy lento, lento.
Es la última novela de Daniel Pennac (a quien introduciremos más adelante)"Señores niños" que gira a partir de la experiencia de tres adolescentes que tienen que escribir una historia veraz, para su temible profesor de Literatura. El lema del profesor (que por cierto, es buen título para un post) "la imaginación no es la mentira".
Lo que planteas al principio es un comienzo de conclusión interesante, un comienzo de reflexión con el que continuaremos la próxima clase, en la que probablemente finalizaremos este módulo. Los hábitos son así... trataremos de pensar más en profundidad sobre lo que ocurrió. El desafío, no obstante, era grande, al diponer de poco tiempo. Pero es fácil ir a lo seguro... y eso que en esta asignatura hay una red de seguridad, por si alguien da un traspiés al arriesgar. Sobre eso del riesgo en la enseñanza y el aprendizaje, podríamos también escribir.
Un saludo
Alejandro
Muy bueno, te felicito por tu blog me ha encantado.
ResponderEliminarTe visito desde
http://desdoblamientointelectual.blogspot.com/
Suerte!!
¡el gran cuaderno! no lo recordaba. qué grande, Agota. Pobre, murió hace poquito. Sauvage...
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