miércoles, 30 de noviembre de 2011

LO BONITO EN LO FEO




Tragarse la tristeza como un caramelo. X lleva ocho años viviendo con su pareja. Nunca cuenta hasta tres para explicar lo perfecta que es su vida. El mes pasado conoció a un hombre. Hablaron toda la tarde, mientras esperaban  la cita médica de sus hijos. Él le comentó que el lunar de su boca era una estrella, ella le retiró el pelo de la cara. X se enamoró tanto, que en un acto involuntario limpió los mocos de su hija con la manga de la chaqueta. Me lo cuenta con tristeza o con alegría o con muchas ganas.  Dice que desde entonces se han mandado más de treinta mensajes y que están planeando una fuga, para que su vida sea, todavía más perfecta.

De H me enamoré cuando se estampó delante de mí con una farola, cuando se espabiló tras el golpe, me sonrió. Y de E por su manera de parpadear, como una fotocopiadora sin toner ni papel, con la fortaleza de los guerrilleros en la desesperación. El amor y la vergüenza ajena son dos emociones que nunca he comprendido. Cuando era adolescente me pillé el dedo gordo del pie delante de un chico que me encantaba. Él ni se enteró, me tragué el dolor, como una mentira ajena,    como un caramelo, de esos que llevan las abuelas en los bolsillos y saben a fondo de armario. Hace mucho que no me enamoro. Es una sensación que no encuentro en mis bolsillos.


Mentiras japonesas: C podría ser japonés, de Fukushima,  es elástico como un arco, siempre me gustó su libertad de escapista. Mis palabras se leen al revés que las suyas, seguro que  hace mucho ruido al  comer sopa,  y siempre es  más pusílanime que yo. Los "podríanserjaponeses" tienen los bolsillos llenos de mentiras que saben a jamás. Tener mucho trabajo,  significa déjame en paz, y voy a ir a verte es, dejaré una flor sobre tu tumba. Estas y otras mentiras construyen fronteras indestructibles. Estos y otros eufemismos forman parte del lenguaje habitual que edifica la tristeza del día a día.


Pensamientos que aprietan como zapatos pequeños. No entiendo las estadísticas. Si se suman los totales de todas las estadísticas referidas a los españoles, darían un total aproximado de  500 millones de habitantes. A mí nunca me han hecho una encuesta y por eso me siento fuera de todas las estadísticas ¿Hay personas que están en todas las estadísticas? ¿Por qué otros no entramos en ninguna encuesta? ¿Quién está suplantando mi opinión  en ellas? Por eso nunca he sentido que pertenecía a ningún grupo ni a ningún lugar, por eso mi vida es tan rara.

Cuando mi compañero de trabajo  me repite continuamente que no aguanta a «la gente», me imagino que en ese momento la gente son todos menos él y yo. Pero si habla con otra persona, «la gente» también me incluye. Entonces pienso que le debería comentar que yo jamás he participado en ninguna estadística y entonces no me puedo considerar  «la gente». Debe comprender que trabaja con un ente no encuestado al que le da bastante igual la opinión
 de los demás: «la gente»

Cuando era pequeña, el infinito  eran las bolsas de Simago. En las bolsas había dibujada una familia con más bolsas de Simago, que, a su vez, llevaban otra bolsa dibujada con otra familia con bolsas de Simago, me hacía ilusión imaginar mi familia de bolsa plegable de supermercado... Hace treinta y siete años que gasto la vida en pensamientos pequeños y comienzo a pensar que no sirven para nada.  Yo no tendré familia porque ya no existen las bolsas de  Simago, se lo intenté explicar a X, pero no me dejó, porque tenía que llevar la chaqueta al tinte para que  le quitaran  de la manga la costra de los mocos de su hija. Tiene que correr a su nueva vida perfecta. El infinito cabe en una bolsa de plástico llena de pensamientos pequeños que aprietan como familias imaginarias y mentiras sórdidas y oscuras. 

A veces las palabras, la verdad y las mentiras se  escapan por las costuras de mi vida, esa que nunca rozó la perfección.



domingo, 20 de noviembre de 2011

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Y WENDY CRECIÓ




Tal vez exista una rana
que no quiere saltar en cualquier charca y
sueña con amaneceres escondidos
tras fiestas prohibidas y noctámbulas,
Bucea en charcos radiactivos,
descubiertos por perros incautos.
Ahuyenta palabras
que chapotean en lodos brillantes
de banales bisuterías.
Busca lo que no hace
y esconde pesadillas
en vidas fuera de cobertura.
Hay sueños e ilusiones
absolutamente inhabitables.

sábado, 5 de noviembre de 2011

UNA CLASE DE LENGUAJE CON AGOTA KRISTOV



El lunes pasado en Aprendizaje y desarrollo hicimos un ejercicio muy interesante, teníamos que enseñar algo  de nuestra especialidad, una acción habitual y algo que no supiéramos. A nuestro grupo de Lengua y Literatura le tocó enseñar a la especialidad de Inglés. Ellas (eran todo chicas) lo hicieron mucho mejor que nosotros, me encantó su frescura y la manera de enseñarnos lo que no sabían con procedimientos de búsqueda e investigación. Llegué a una conclusión un poco fea: repetimos de manera automática los patrones de enseñanza que tuvimos, aunque en su momento los detestáramos. Tengo un año para cambiar esos malos hábitos. Agota Kristov es una de mis escritoras preferidas, me gusta pensar que algún día podré enseñar este texto en una clase y mostrar que la enseñanza tiene que ser verdadera...

“Así es como transcurre una lección de redacción:
Estamos sentados en la mesa de la cocina con nuestras hojas cuadriculadas, nuestros lápices y el cuaderno grande. Estamos solos.
Uno de nosotros dice:
- El título de la redacción es: “La llegada a casa de la abuela”.
El otro dice:
- El título de la redacción es : “Nuestros trabajos”.
Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema, y dos hojas de papel a nuestra disposición.
Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del diccionario, y en la parte baja de la página pone: “bien” o “mal”. Si es “mal”, echamos la redacción al fuego y probamos a tratar el mismo tema en la lección siguiente. Si es “bien”, podemos copiar la redacción en el cuaderno grande.
Para decidir si algo está “bien” o “mal” tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.
Por ejemplo, está prohibido escribir: “la abuela se parece a una bruja”. Pero sí está permitido escribir: “la gente llama a la abuela “la Bruja”".
Está prohibido escribir: “el pueblo es bonito”, porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas.
Del mismo modo, si escribimos: “el ordenanza es bueno”, no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: “el ordenanza nos ha dado unas mantas”.
Escribiremos: “comemos muchas nueces”, y no: “nos gustan las nueces”, porque la palabra “gustar” no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. “Nos gustan las nueces” y “nos gusta nuestra madre” no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.
Las palabras que definen sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.”
Extraído del capítulo “Nuestros estudios“, en el libro “El gran cuaderno”, de Agota Kristof.


jueves, 3 de noviembre de 2011

UNA MANERA




Hoy salgo en el blog más bonito de poesía de temática femenina que conozco. ¡Me hace tanta ilusión! ¿Queréis conocer a Emma Gunst?

martes, 1 de noviembre de 2011

AUNQUE NO ENTENDAMOS NADA

Hace ya unos cuantos años, en un bar de Nueva York, Juan Benet le dijo a Eduardo Mendoza: "Hoy he escrito la primera página de una novela y no sé de qué se trata, pero sé que me espera un año de obsesión". No es mal plan el suyo pensó Mendoza. Afuera nevaba copiosamente.

No sé muy bien  que  hacer, los griegos probablemente tampoco, y mientras.  en esta noche cerrada no comienza  a llover.

Dice mi admirado Vila Matas: "Me fascina escribir porque adoro la aventura que hay en todo el texto que uno pone en marcha, porque adoro el abismo, el misterio y esa línea de sombra que al cruzarla va a parar al territorio de lo desconocido, un espacio en el que de pronto todo nos resulta muy extraño, sobre todo cuando vemos, que, como si estuviéramos en el estadio infantil del lenguaje, nos toca volver a aprenderlo todo, aunque con la diferencia de que de niños todo nos parecía que podíamos estudiarlo y entenderlo mientras que en la edad de la línea de sombra vemos que el bosque de nuestras dudas y preguntas no se aclarará nunca y que, además, lo que a partir de entonces vamos a encontrar sólo serán sombras y tinieblas. Entonces lo mejor que podemos hacer es seguir adelante aunque no entendamos nada."

Y en esas estamos, aunque aviso, como mi vida tan sólo sea una hoja en blanco, yo, no me muero, !ea!