sábado, 31 de diciembre de 2011

jueves, 29 de diciembre de 2011

"TRAVIS, EN LOS ESPEJOS SÓLO HAY OTROS DESIERTOS"

"Toda la infelicidad surge de olvidar las cosas que damos por sentadas. Toda la felicidad surge de apreciar las cosas que damos por sentadas"
Burt Lancaster. El Hombre de Alcatraz

"

martes, 27 de diciembre de 2011

¿QUÉ ES LO MÁS BONITO QUE TE HA PASADO?

Una vez fui a ver una película y lo que salía era como yo y más que yo; como mi vida y más que mi vida, y entonces todo era más grande.
John Steinbeck

domingo, 25 de diciembre de 2011

MENÚ NAVIDEÑO: CALLOS A LA MANERA DE OPORTO


Un día, en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo,
me sirvieron el amor como si fueran callos fríos.
Dije delicadamente al misionero de la cocina
que los prefería calientes,
que los callos (y eran a la manera de Oporto) nunca se comen fríos.

Se impacientaron conmigo.
Nunca se puede tener razón, ni en un restaurante.
No comí, no pedí otra cosa, pagué la cuenta,
y vine a pasear por toda la calle.

¿Quién sabe lo que esto quiere decir?
Yo no lo sé, y pasó conmigo...
(Sé muy bien que en la infancia de todo el mundo hubo un jardín,
particular o público, o del vecino.
Sé muy bien que el hecho de que jugásemos allí era su dueño.
Y que la tristeza es de hoy).

Sé eso muchas veces,
pero, si yo pedí amor,
¿por qué me trajeron callos a la manera de Oporto fríos?
No es plato que pueda comerse frío, pero me lo trajeron frío.
No me quejé, pero estaba frío,
nunca se puede comer frío, pero vino frío.
FERNANDO PESSOA

jueves, 22 de diciembre de 2011

DISCULPEN, TENGO ALGUNAS COSTUMBRES...

 Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 
 Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 
 Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 
 Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
 Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 
 Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

En el blog de EMMA GUNST quedan a tomar café todas las chicas que leen. Pásate...

LO NUEVO Y LO BUENO

MIGUEL VALBUENA
Cada vez que comienzo una libreta nueva me viene a la memoria aquella frase de mi abuela: "Los finales son menos divertidos que los principios". Un nuevo cuaderno con tapas rosas y mujeres líquidas de tonalidades humo, con vestidos que tienen forma de hojas de bosque, de árbol que da sombra a descubrimientos, de canciones que escaparon y regresan, de melodías lentas que no se pueden tararear, de emociones madrugadoras que en algún momento descubriré como erróneas, de tripas que algún día serán corazón. Unos recortes de momentos que serán inolvidables y que pegaré uno a uno en el número que  corresponda, siempre de manera equivocada, porque hace tiempo que me descubrí algo radical y bastante punky.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

FÁCIL

Llevo un tiempo intentando que las cosas sean más interesantes de lo que son. Llevo un tiempo luchando con  un incendio en la cabeza. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

LO QUE ESTÉ MEJOR


Evocó un día de verano. En un claro de bosque, su amante le contó lo que serían cuando vivieran juntos. Sus palabras sonaron feas, duras y brillantes como un arpón. Escuchó admirada. Cuando aquel novio de mentira le preguntó qué quería hacer. Ella  repuso sin vacilar: 
─Lo que esté mejor.
¿Cómo? preguntó él
Ella contestó: 
─ No lo sé. Hay que buscarlo. No basta tener una familia,  trabajo y ganarse la vida. Hay otras cosas, como vencer  la mediocridad, salvar la ilusión o trepar la desidia.
 ─ ¿Para qué? ─ preguntó él
 Y ella contestó:
 ─ Siempre hay que buscar lo mejor.
 ─ ¿Qué crees que es lo mejor  para  nosotros? dijo él
─ No lo sé, pero habrá que averiguarlo por separado.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

POSTALES DESDE LUGARES IMPOSIBLES


Últimamente, muchos amigos me cuentan que quieren dejarlo todo y viajar, otros ya han comenzado y me mandan mensajes de lugares que tengo que ubicar en un atlas. Hay pequeños trozos de mundo donde se esconden  personas sin rutinas. El que llega primero espera nervioso mientras comprende que una vez se aprende  a vivir así, no se olvida.   El día que creen  la semana de las dudas de El Corte Inglés, pido la cuenta a mis hábitos, cojo la autopista y me voy a visitar a todos.