lunes, 21 de mayo de 2012

MI VIDA CON ELVIS (VII) FÉLIX J. VELANDO

Cuando colgué el mundo había cambiado. Era posible la alegría, era posible confiar en la gente, ser amada. Me había buscado por mi facultad, había puesto un anuncio, llamado cien veces a su compañía telefónica. Lloré esta vez de felicidad. Aunque de pronto sentí que mi felicidad no dependía de mí, sino de algo tan ajeno como la llamada de un chico al que conocía de una noche. Y me puse triste, y luego alegre, y así pasé todo el día.

Tenía una cita, una de las de verdad, de las que te importan y te ponen nerviosa. Depilación, limpieza de cutis, darme un poco de brillo tras tantos días grises. Mi piel y yo resplandecíamos. Saqué toda mi ropa, probé mil combinaciones y decidí que casi todo lo que guardaba en el armario era una mierda. No sabía cuál sería su estilo, tan sólo le había visto disfrazado. ¿Me daba un toque poppie o  me ponía algo clásico? Tras dos horas de pruebas opté por 


Habíamos quedado en una cafetería de Malasaña, un buen lugar para hablar con tranquilidad antes de decidir donde cenar. Un chicle para oler y saber a fresa. Un último toque de pintalabios. Llegué con veinte minutos de antelación, pero decidí pasear un rato por allí y entrar algo tarde para calmar mis nervios. No aguanté mucho y entré cinco minutos antes.

Y allí en la barra, estaba él, inconfundible porque ahora también iba vestido de Elvis. Miré a mi alrededor desconcertada. ¿Era una broma que me estaban gastando él y sus amigotes? ¿Había cámaras ocultas? Él me vio y se acercó con una gran sonrisa y me dio dos besos y me dijo que estaba muy guapa. Yo seguía desconcertada.
―Vas… vas disfrazado de Elvis―le dije.
― Bueno, más bien vestido― me contestó con el mismo tono que podría haber empleado para decirme que su reloj era japonés.
―¿Nos sentamos?―preguntó.

―Vale―acerté a decir.

Ya en la mesa él me detalló todos sus intentos de encontrarme en la universidad en el facebook, en el tuenti, el anuncio en el periódico, su lucha para que la compañía telefónica le diera los números a los que había enviado mensajes esos días. Yo intentaba concentrarme en lo que me decía, pero no podía evitar pensar que estaba sentado frente a un tipo que iba vestido en pleno mes de marzo, en Madrid, como Elvis Presley. La gente no disimulaba alguna que otra mirada curiosa pero él parecía no darse cuenta o no importarle. Por fin me preguntó.
― ¿Y tú que pensabas cuando yo no daba señales de vida?
―Vas...disfrazado de Elvis― fue lo único que pude decirle.