jueves, 18 de octubre de 2012

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS



Hace una semana la noticia salió en los periódicos. Tu accidente, cuando viajabas camino al sur,  demasiada velocidad. Eres demasiado atolondrada y no se pudo hacer nada. Y yo dándole vueltas a mi escasa salud y tú que ya no estás. Muerta. Has muerto, ¿qué hago? Aquí solo frente al deseo y al amor. Una verdad tan atroz como sencilla. Y no podrás volver a contarme el porqué de tus maletas y tus prisas. Y nunca me explicarás esa rareza tan tuya de borrar las huellas del amor en las sábanas desordenadas. Y tu voz no volverá a criticarme, y no volveré a fingir que me desconciertas con esa extraña virtud que no tienes y consideras tener de adivinármelo todo.
Y aquí estoy esperando de nuevo el amanecer y escribiendo cartas de amor estúpidas que nunca te enviaré, porque el psiquiatra me ha dicho que me hacen bien, que nuestro amor me protegerá, que puedes hacer que vuelva a la vida. Y otra noche más te doy las gracias por toda la felicidad que me diste aunque sé que ya no volveré a verte, maravillosa alegría a reacción, verdadera compañía de mi vida.
Y aquí me dejas, como todas las madrugadas sintiéndome encendido cómplice de tu inédita despedida.